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domingo, 1 de junio de 2014

EDUCACIÓN E INTERCULTURALIDAD EN EL PERÚ CONTEMPORÁNEO (SEGUNDA PARTE)

3.- La articulación de una nación de ciudadanos

            A inicios del siglo XIX, bajo la influencia de los intelectuales del romanticismo intelectual – entre los que destacan Goethe y Herder- se articuló la idea de que cada Estado contenía al interior un pueblo que tenía un “espíritu único e inconfundible”, lo que los intelectuales alemanes no dudaron en llamar Volksgeist. Era el nacimiento del nacionalismo moderno. Dicho nacionalismo señalaba que cada nación era como una obra de arte: única, irrepetible, con una identidad propia y con un sentido singular. Además, dicho nacionalismo suponía que los habitantes de cada país compartían un único pueblo con una única historia, los mismos correlatos simbólicos y la misma narrativa de lo que son en tanto pueblo[1].
            Esa visión de la nacionalidad romántica ha sido frontalmente cuestionada debido a la evidencia de la multiplicidad de pueblos y etnias que encuentran al interior de un país. Desde la caída del Muro de Berlín hemos podido asistir al nacimiento de un nuevo nacionalismo que tiene como centro de gravedad la identidad étnica, cultural o religiosa. Este nuevo nacionalismo hizo saltar por los aires países como Checoslovaquia, Rusia,  o Yugoslavia. Y en algunos casos lo hizo a través de una cruenta guerra, como la que despedazó Yugoslavia. En todos estos casos, se trató de la reedición del nacionalismo romántico, pero a otra escala y por otros medios. Frente a estos fenómenos es necesario fortalecer la idea de nación que tenga como centro de gravedad no la etnia, la religión, la cultura o el  Volksgeist, sino la ciudadanía y la sociedad civil. Para ello es necesario incluir en las pertenencias que articulan la identidad de las personas la de ser ciudadanos. El proceso de forjación de ciudadanía supone una serie de procesos, desde construcción de infraestructura que permitan la conexión entre las personas hasta procesos educativos. La necesidad de elevar a los miembros de las diferentes culturas al estatuto de ciudadanos dentro de una sociedad civil activa es de vital importancia, puesto que ello permite a los pueblos indígenas y a las comunidades de migrantes entenderse como miembros de una sociedad civil activa.
Desde el seno de dicha sociedad, los diferentes grupos pueden participar en procesos políticos de mayor alcance y que resultan ser más efectivos. Desde la perspectiva limitada de “miembros de un pueblo indígena” las personas y los grupos no consiguen el impacto político que permitan que sus reivindicaciones tengan impacto en toda la sociedad, además desde esa posición las personas y los grupos no logran articular sus reivindicaciones con reivindicaciones más universales.  En cambio, en tanto miembros de una sociedad civil activa las personas y los grupos pueden conseguir que sus reivindicaciones empaten y sean apoyadas por los demás ciudadanos y terminen impactando en las políticas de Estado y en la legislación. En cambio, si continúan atrapados en los patrones de pensamiento del nacionalismo romántico no lograrán objetivos efectivos[2]. Por otra parte, la misma idea de pueblos indígenas y las propias exigencias que provienen del nacionalismo romántico resultan ser construcciones occidentales proyectadas sobre las minorías culturales, cosa que hace sospechoso el uso de las mismas categorías.


4.- Educación para una ciudadanía intercultural

            Es por esa razón que es necesario educar para la ciudadanía. La educación intercultural debe de articularse con la educación para la ciudadanía nacional. Esto supone en conocimiento de la cultura propia, el reconocimiento del otro en su cultura y el concebirse como conciudadano con el otro en el marco de la sociedad civil. Esto supone que la conciencia de ser miembro de una cultura debe ser acompañada de la conciencia de ser ciudadano en una nación en la cual hay personas de otras culturas. Esta forjación de ciudadanos modifica la propia comprensión de la identidad de una persona y lo inserta en el centro de la sociedad civil como copartícipe del destino de una nación de ciudadanos.
Pero la construcción de ciudadanía no es posible sin  la articulación de una narrativa que permita el reconocimiento del otro como ciudadano. El Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) constituye aquella narrativa que permite dicho reconocimiento. En Informe ha mostrado las vejaciones, maltratos y muertes que los peruanos nos hemos infringido unos a otros durante los veinte años del conflicto armado interno. Especialmente, se relata allí la violencia que con la que Sendero Luminoso y, en algunos momentos y lugares específicos, los miembros de las fuerzas del orden ejercieron contra las personas pertenecientes a la cultura andina (quechuas y aymaras) y a las pertenecientes a las diversas culturas amazónicas.  La construcción de la educación de la ciudadanía desde el Informe Final de la CVR permite realizar los procesos de reconocimiento de las personas y las culturas para conectarlas con la construcción de una nación de ciudadanos donde los derechos y las libertades de todos sean reconocidos y respetados[3].
Sin embargo, este trabajo tiene que enfrentar tres obstáculos importantes. El primero de ellos es la negativa a aceptar el Informe Final de parte del un sector influyente de la sociedad. Este sector está compuesto por algunos partidos políticos (el APRA y el Fujimorismo especialmente, pero también algunos miembros del PPC), la derecha empresarial del país, especialmente los medios de comunicación y los sectores más conservadores de las iglesias, especialmente de la Iglesia Católica, lo mismo que los sectores simpatizantes de Sendero Luminoso. Estos sectores de la sociedad se sienten amenazados por el Informe y lo rechazan porque en él se muestra la responsabilidad que han tenido estos sectores durante el conflicto armado interno.  
El segundo obstáculo lo ofrece la penetración del discurso y las acciones de los agentes del neoliberalismo económico en la sociedad peruana. El discurso del neoliberalismo ha penetrado a través de los medios de comunicación y ha propalado el mensaje del Perú como país de emprendedores.  Esta idea ha llevado a las personas a concebirse a sí misma no como ciudadanos sino como engranajes del libre mercado, y en cuanto tales, lo que consideran primordial es el crecimiento económico de las empresas. Ello trae consigo una presión sobre la política económica en el Perú, que tiene dos direcciones centrales.
La primera es reemplazar la política de redistribución de la riqueza por la política de crecimiento económico de las empresas.  Esta primera dirección, en su momento más radical, reemplazó la política de combate contra la pobreza por la política de combate contra los pobres representada por las esterilizaciones forzadas durante el gobierno de Alberto Fujimori. Esta política tenía como núcleo combatir la pobreza evitando que los pobres se reproduzcan biológicamente. La segunda es la desregulación del mercado de trabajo, que trae como uno de sus elementos centrales el facilitar las cosas a las empresas, especialmente al momento de contratar, despedir y pagar el sueldo a un empleado. Esto va aparejado con la desaparición de los sindicatos y la casi desaparición del salario mínimo, a la par de la política de privatización de los servicios del estado[4].
Finalmente, el tercer obstáculo lo representa la penetración del neoliberalismo económico en la escuela privada y algunas universidades, y sus intentos de penetrar la escuela pública[5]. En la escuela privada, dicha penetración se muestra en la reducción del juego, las artes y las humanidades para centrar la enseñanza en la lectoescritura, el razonamiento verbal y el razonamiento matemático. En la universidad se ha ido reduciendo el espacio de las humanidades, las artes y la creación científica, y ha ido creciendo el lugar que tiene el conocimiento técnico-aplicativo de las diferentes disciplinas. Por otro lado, se han ido cerrando facultades humanísticas o se han ido reduciendo a través de la fusión, a la par que se han eliminado por completo los estudios generales compartidos, y se han ido reduciendo paulatinamente al interior de cada facultad. Esta tendencia en las universidades obedece a las exigencias que el mercado les impone.



[1] Respecto de la concepción romántica de nación Cf. TAYLOR, Charles; Hegel, Barcelona: Anthropos, 2010. Además Cf.  MAYOS SOLSONA, Goncal; Ilustración y romanticismo. Introducción a la polémica entre Kant y Herder, Barcelona: Herder, 2004.
[2] Respecto de la necesidad de una nación de ciudadanos constituida por una sociedad civil activa  Cf. SEN, Amartya; Identidad y violencia, Bnos. As.: Katz, 2007.
[3] COMISIÓN DE LA VERDAD Y RECONCILIACIÓN; Informe Final, Lima, 2003.
[4]  Al respecto de estos problemas Cf. CAVIGLIA, Alessandro; Démocratie et autoritarisme dans le Pérou actuel, en: Droit et Cultures: reveu internationale interdisciplinaire, n° 62 (2011). Además, del mismo autor, se puede ver La vigencia social de los derechos humanos en la escena peruana reciente, en: Páginas, Vol37, n° 227.
[5] Respecto de la fuerza mundial del neoliberalismo, Cf. FRASER, Nancy; Escalas de justicia, Barcelona: Herder, 2008. Respecto de la penetración del neoliberalismo en la educación Cf. NUSSBAUM, Martha; Sin fines de lucro: por qué la democracia necesita de las humanidades, Madrid: Katz, 2010.  

jueves, 23 de enero de 2014

La formación del juicio y del discernimiento crítico (primera parte)

          Uno de los elementos cuestionables de la educación moral en el Perú tiene que ver con la “educación en valores”. El despliegue de la política de la llamada “educación en valores” ha crecido después de la caída de Fujimori y el destape de las redes de corrupción que habían infectado el aparato del Estado y amplios sectores de la sociedad. Las encuestas sobre los niveles de tolerancia, que arrojaron un alto nivel de permisibilidad frente a la corrupción han contribuido a expandir la errónea idea de que gran parte de los problemas del país se resolverían a través de campañas de educación o “cruzadas” de valores[1]. Pero la idea de que una de las tareas de la escuela y la educación en general es la “educación en valores” es algo que viene de más atrás y que sigue presente aún hoy que los índices de corrupción parecen importar poco para que la clase política y gran parte de la ciudadanía acepte a personas corruptas como candidatos dignos de respaldo en la contienda  electoral. El tema de la “educación en valores” es, pues, un punto central en la vieja agenda en el Perú.  El tema es uno de los ejes de una política tradicionalista que se encuentra instalada en muchas de las escuelas de formación de maestros. Dicha política consiste en mantener la “autoridad de ciertos valores”. 
            La formación de la ciudadanía es entendida como la tarea de inculcar en los futuros ciudadanos desde la escuela y a través de los espacios se socialización ciertos valores que desde las elites se consideran los adecuados. Así, la educación moral consiste en introducir desde fuera determinados valores en los corazones de los ciudadanos. Estos valores pueden ser “tradicionales”, como el respeto a la autoridad del superior, o pueden ser supuestamente “democráticos” como  el rechazo al nepotismo. El problema en este esquema de educación moral se encuentra no en la clase de valores que se trata de inculcar, sino en que la formación moral de los ciudadanos se entiende como la tarea de inculcar valores en la ciudadanía. Los inculcadores de valores son elites políticas,  aristocracias  intelectuales u oligarquías  que establecen relaciones asimétricas respecto de la ciudadanía y que entienden que su trabajo  consiste en definir los valores  e inculcarlos en la población.
            De este modo las elites inculcadoras de valores se erigen constantemente como tutores de la nación que saben qué modelos de conductas deben asumir los ciudadanos. Los ciudadanos son entendidos como menores de edad que son incapaces de articular por sí mismos sus orientaciones morales. Esto es, el esquema de las elites prescriptoras de lo bueno y lo malo tiene como presupuesto que los ciudadanos adolecen de “estupidez moral”, es decir, que carecen de la capacidad de definir e intuir por sí mismos los bienes morales. Estas elites plantean el proceso de educación moral de los niños en las escuelas  no como el tránsito de la niñez moral a la adultez moral, sino como la consolidación de una infancia moral en la cual el niño es preparado para, durante su vida, recibir prescripciones morales. Así, la escuela tradicional no prepara a los ciudadanos para la reflexión y el discernimiento crítico respecto de los valores morales tradicionales. No prepara para pensar en los asuntos morales[2]. Esta política en la educación moral resulta ser sumamente útil a los poderosos sectores conservadores, puesto que con ello se garantizan el mantenimiento del status quo, en el cual ejercen control del espacio público (que en algún sentido deja de ser público). 



[1] El término “cruzada de valores” no deja de ser infeliz por la connotación de imposición que trae consigo. No hay que olvidar jamás que las cruzadas de la edad media tenían un gran componente “moralizante”. La idea continúa siendo que hay que imbuir de ciertos valores para que la gente se salve.
[2] Sobre el pensar sobre los términos morales, cfr. el clásico opúsculo de Kant Respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración? en: KANT, Inmanuel; En defensa de la ilustración, Barcelona: Alba Editorial, 1999.

martes, 6 de agosto de 2013

UN PRESIDENTE VACIADO DE SUEÑOS

            Una apreciación en la que Rosa María Palacios y César Hildebrandt  han con coincidido es que el presidente Humala se encuentra vacío de sueños. No puede ofrecer al país un proyecto o un sueño, sino que más bien lo que está haciendo es decirle a la gente en este país que todo va a seguir igual. La explicación de Hildebrandt parece ser sensata cuando afirma que ello se debe a que ingresó al gobierno con un proyecto al cual tuvo que renunciar por la presión de los poderes fácticos. Siendo formado en los ideales del Etnocacerismo, ahora nos encontramos ante una persona vaciado de espíritu. No propiamente un fantasma, sino un cadáver.
            Frente a ello, la derecha neoliberal y radical ha impuesto su proyecto sectario a diestra y siniestra. Se trata de un proyecto pensado no para todo el país, sino para fortalecer las posiciones. La oposición a ese proyecto sectario casi no encuentra oposición. El Frente Amplio todavía necesita consolidarse y la derecha se siente cómoda hablando y analizando a la izquierda porque la siente inofensiva. Y cuando la izquierda se le asusta, tiene la estrategia perfecta: asociarla con MOVADEF-SL. Esta nunca falla. El discurso de la derecha se convierte en lo siguiente: si no estás de acuerdo con nuestro proyectos es porque eres cercano a Sendero Luminoso (es decir, violentista) o eres Caviar (es decir, hipócrita). Y si los jóvenes salen a la calle a protestar, dan marcha atrás (como en el caso del TC), o corren la volada de que en la manifestación se ha infiltrado el MOVADEF o deciden no decir nada al respecto (como Humala en 28/7).
            Ahora, uno de los terrenos que la derecha quiere conquistar es la educación. La educación privada ya está capturada por las universidades y colegios empresa, en los que no se forma ciudadanos, sino sujetos funcionales al proyecto de la derecha empresarial (proyecto que no es otro que incorporar todas las esferas de la sociedad al mercado para que el dinero domine).  Ahora, el proyecto se dirige a eliminar la escuela pública y privatizarla en su totalidad. No es casual que Alfredo Bullard haya propuesto eso. De hecho, el proyecto ya está en marcha. El Grupo Interbank está instalando ese proyecto con sus Innova Schools: escuelas a bajo costos, masivos, con buena infraestructura e instalado en zonas populares. La promesa de educación de Innova es de alta calidad, pero en la práctica es de baja calidad, por dos motivos: a) excluye artes y humanidades y b) los salones son masivos (60 alumnos), en los cuales se supone que cada estudiante puede tener un contacto personalizado con el maestro por medio de una laptop  instalada en su carpeta. El sistema no funciona, puesto que los profesores no se encuentran debidamente capacitados. E inclusive, si contasen con profesores calificados y capacitados es imposible que pueda atender las necesidades pedagógicas de 60 alumnos en el aula. De tal manera que no se trata de una educación personalizada en ningún sentido del término.

            Pero el hecho es que el proyecto de privatización de la escuela pública está en marcha. Innova Schools es un piloto y el discurso de Bullard es la ideología que lo justifica. Si el presidente Humala carece de un  sueño, la derecha neoliberal sí tiene un proyecto propio para poder expandir sus intereses  particulares y hacerlos pasas por generales.

miércoles, 5 de junio de 2013

¿Análisis económico de la educación?

            Recientemente Alfredo Bullard ha repetido el argumento de Robert Nozick según el cual muchos intelectuales rechazan ideas de mercado porque han recibido una educación que premia el mérito mientras que el mercado premia la habilidad de competir. Bullard supone que basta con repetir una falacia para que éste, por arte de magia, se convierta en un razonamiento válido. Pero, lamentablemente para el defensor del Análisis Económico del Derecho, las cosas no son tan fáciles.
            Este argumento fue dicho en el contexto de un discurso mayor, según el cual el Estado no debe dedicarse a la educación  sino a financiar a los padres, por medio de bonos,  para que ellos puedan elegir el colegio al cual enviar a sus hijos. De esta manera, la eliminación de la escuela pública redundaría en un supuesto bien: la capacidad de los padres para elegir en el mercado de la educación.  Como bien ha señalado Susana Frisancho, la propuesta de Bullard no tiene en consideración el hecho de que no necesariamente los padres tienen la información suficiente de lo que necesitan sus hijos para poder adquirir una educación integral. Ciertamente, la propuesta de Bullard carece criterios pedagógicos y formativos, y se inscribe en una concepción de la educación de individuos para el mercado más que de ciudadanos para la democracia.
            A lo que Bullard está apuntando es a la aplicación de los criterios del Análisis Económico del Derecho al campo de la educación, de manera que sean las preferencias en el mercado el único elemento decisivo para la educación. Según él, la tarea del Estado debe consistir en fomentar la demanda y no en brindar educación pública. El mecanismo para esto sería por medio de bonos. ¿En qué está pensando Bullard cuando sugiere esto? ¿En que el Estado de bonos gratuitos a los padres o los conecte con un sistema de crédito bancario?. Si es lo primero, el apóstol de Posner entraría en una contradicción, porque no todo estaría en manos del “mercado libre”. En cambio, si se trata de lo segundo, el abogado estaría proponiéndonos una receta que ha fracasado con largas en Chile.

            El problema de fondo se encuentra en la posición que se le quiere dar al mercado. Como él mismo reconoce, no todos los intelectuales de izquierda rechazan el mercado, pero lo que parece no quiere aceptar es que existen maneras alternativas de plantear la relación sociedad – Estado – mercado. Su propuesta es que todos los aspectos y bienes de la sociedad pasen por el mercado, reduciendo al Estado a su aspecto policiaco y eliminando las políticas públicas. Pero no es necesario rechazar el mercado para comprender que no todo debe funcionar por el criterio de las preferencias de los clientes mercantiles. La propuesta de Bullard tiene un objetivo claro, seguir ampliando los márgenes del neoliberalismo económico en nuestra sociedad, a fin de ir recortando las libertades de los ciudadanos. De esta manera, la tiranía del dinero lograría dar una vuelta de tuerca a su proyecto, apropiándose de la educación. Es claro que el mercado es importante, en su sitio. Pero las aulas de clase no son un supermercado y la formación de personas y de ciudadanos no es una mercancía.

viernes, 27 de julio de 2012

LIBERALISMO INTEGRAL


El significado del término “liberalismo” se ha convertido en un campo de batalla entre diferentes posiciones políticas.  La versión más extendida en nuestro medio es la que entiende por liberalismo aquel proyecto político que busca el ejercicio pleno de las libertades económicas reduciendo al mínimo la intervención del Estado en el mercado. Esta identificación del liberalismo exclusivamente con las libertades de transacción económicas es defendida por agentes e instituciones comprometidas con el neoliberalismo económico, aunque los defensores de esta perspectiva rechazan el calificativo “neo” y se reivindican como “auténticos liberales” pero, en realidad, lo que hacen es usurpar dicho título[1].

En lo que sigue realizaré (1) una recuperación del término “liberalismo”, devolviéndole su significado originario,  para (2) pasar a explicar porqué utilizo el rótulo “liberalismo integral”. Una vez hecho esto (3) presentaré un breve balance de la situación política del Perú actual para, finalmente, (4) presentar la necesidad del liberalismo integral para nuestro país.

1.- Recuperación del término liberalismo


            A fin de poder tener una propuesta diferente al neoliberalismo, al pensamiento conservador y a la izquierda radical, es necesario que recuperemos el significado del  liberalismo. El liberalismo es una tradición de pensamiento político que nace en los albores de la modernidad y es articulado en el siglo XVII por John  Locke y Baruch Spinoza, y durante el siglo XVIII se encuentra cristalizada en las ideas de Montesqueau, Jean-Jacques Rousseau, Immanuel Kant, entre otros, En el siglo XIX sobresale la obra de John Stuart Mill y en los siglos XX y XXI sobresalen las versiones de John Dewey, John Rawls, Jürgen Hamermas, Richard Rorty, Martha Nussbaum y Michael Walzer. La lista se puede prolongar, pero basten estos nombres como algunos referentes significativos. 

            El liberalismo surge como una necesidad para enfrentar una situación política problemática que se suscita en Europa durante el siglo XVI y XVII a raíz del advenimiento de la Reforma Protestante con Martín Lutero. La Reforma quiebra cosmovisión europea, que hasta entonces se encontraba articulada por los ideales forjados por la Iglesia Católica, y abre la posibilidad de ver el mundo de maneras distintas, así como de entender el cristianismo de diferentes formas y buscar bases de justificación distintas para las pautas morales, políticas y jurídicas. Pero el surgimiento de la reforma abre un problema político crucial y doloroso en las sociedades europeas. Éste se suscita cuando los europeos mantienen la idea de que, al interior de un reino, los súbditos deben mantener la religión  del soberano. Así, si el soberano es católico o luterano o calvinista, los súbditos que no comparten dicha creencia religiosa deben abandonar el reino o serán hostigados por el Estado. Esto trajo consigo el lamentable episodio de las guerras de religiones que plagaron el continente europeo durante los siglos XVI y XVII.

            Para poner fin a dicho doloroso trance, los teóricos políticos abogaron por la separación de la esfera del Estado y la de la Iglesia. Ambas  instituciones deberían separarse a fin de permitir que, no importando la religión del soberano, súbditos de diferentes denominaciones religiosas puedan convivir en el territorio del país en un régimen de tolerancia[2]. Tal distinción de esferas da origen al liberalismo, pues con ella se abre camino a un conjunto de libertades importantes, como la libertad de creencia religiosa, la libertad de conciencia y la libertad de opinión, entre otras. El proceso de separación de esferas iniciado allí comienza con un proceso político que va separando otras esferas, como la esfera del mercado y la del Estado, o la esfera de la Universidad del poder económico o del poder político. Asimismo,  las esferas de la seguridad, la salud y la educación se separan de la esfera del mercado.  Con cada una de estas separaciones lo que gana las personas son mayores libertades, es por ello que de un proyecto político profundamente liberal. Este proyecto político liberal de separación de esferas aún no se encuentra concluido y se encuentra en pugna con otros proyectos que son impulsados por instituciones y agentes adversos al liberalismo, entre los que destacan los proyectos neoliberal, conservado y el de la izquierda radical. La política liberal consiste en seguir llevando a cabo dicha separación e irla consolidando[3].

2.- ¿Por qué razones es necesario denominar al liberalismo como “liberalismo integrador”?

            En los últimos tiempos se ha hecho popular el término liberal para designar al neoliberalismo económico. Incluso los defensores de esta posición rechazan ese rótulo y se reivindican como auténticos liberales, considerando – inspirados en ideas muy extrañas - a liberales como Rawls y Amartya Sen como socialistas o comunistas.  Por ello señalo que los neoliberales lo que hacen es usurpan el nombre del liberalismo con dos objetivos claros: en primer lugar, señalar que las únicas libertades que hay que tener en cuenta son las libertades económicas, las cuales se distribuyen en el mercado por medio del dinero; y en segundo lugar,  señalar que sus adversarios políticos son el conservadurismo y la izquierda radical. Este segundo elemento resulta ser políticamente conveniente de una manera superlativa, pues con ello se presentan como los únicos abanderados de la democracia y las libertades, mientras que sus adversarios se presentan como antidemocráticos y enemigos de la libertad. En los últimos tiempos se ha estudiado cómo el neoliberalismo, en la persecución de los intereses particulares, termina desestructurando el tejido social y  vulnerando la democracia. De esta manera, cuando el neoliberalismo se presenta como la única opción democrática, existen poderosas razones para desconfiar de ello.

Pero a los neoliberales el nombre liberalismo les queda muy grande, porque las libertades en el mercado no son las únicas libertades que debe tener un ciudadano. Las libertades incluyen no sólo libertades económicas, sino también libertades sociales, como las de estar libre de enfermedades curables o de privaciones alimentarias que se pueden evitar o libertades civiles -como la libertad de asociación y de unión y contrato que vayan más allá de las figuras mercantiles- o las libertades culturales, de expresar la identidad cultural, lingüística, religiosa, etc., entre muchas otras libertades. Es por ello que para diferenciar el auténtico liberalismo del neoliberalismo voy a utilizar el término “liberalismo integrador”.

            El “liberalismo integrador” es un proyecto político que hunde sus raíces en los inicios de la cultura política democrática moderna en el siglo XVII y apunta a la defensa de las libertades en su totalidad: tanto las libertades de comercio como las libertades de opinión, de creencia religiosa, así como la defensa de las libertades sociales como las relacionadas con la salud, la seguridad y la educación, entre otras. La apuesta por el liberalismo integral trae consigo dos consecuencias importantes en el aspecto político; de una parte, supone comprometerse con una política de separación de las diferentes esferas sociales, para que se pueda abrir paso a las diversas libertades que el proyecto político liberal defiende; de otra parte, se trata de entender la progresividad y la integralidad de las libertades.

2.1.- La política de la separación de esferas

        La cuestión de la defensa de la separación de las diferentes esferas sociales se asocia con una política que ha estado presente en la agenta del liberalismo desde muy temprano. Ya John Locke, en el siglo XVII había abogado por un combate radical contra lo que denominó “tiranía”[4].  La tiranía es lo que podríamos denominar con el término coloquial “abuso” y se produce cuando alguna de las esferas impone su lógica propia a otras instituciones o esferas de la sociedad. Locke levantó su voz contra la tiranía del Estado sobre la esfera de la vida privada  de los individuos, denunciando los intentos del Estado de ingresar en la vida familiar de los ciudadanos y en la con ciencia individual tratando de imponer un credo religioso específico. Este tipo de abusos que la tiranía supone también se puede expresar de otras maneras. Por ejemplo, cuando la lógica del mercado ingresa a la esfera religiosa se produce un tipo de tiranía que se denomina simonía; cuándo la lógica de la familia domina a la del estado se produce la tiranía denominada nepotismo, y así, se pueden encontrar otras formas de tiranías que el liberalismo procura enfrentar.

De esta manera, se ve con claridad cómo el neoliberalismo económico no representa un cuestionamiento de las tiranías, pues aboga por la tiranía del mercado sobre las demás esferas de la sociedad, proponiendo que el dinero y su lógica sea la llave que permita ingresar en todas las esferas sociales: la salud, la educación, la seguridad, la justicia, etc. Una de las muestras del intento de tiranizar las esferas sociales las muestra el neoliberalismo en la nueva corriente jurídica denominada “análisis económico del derecho”, que pretende traducir toda cuestión sobre la justicia en un cálculo económico de utilidades. Así, el “análisis económico del derecho” no sólo de presenta como una herramienta para resolver conflictos entre particulares propios del derecho privado, sino que también intenta reglamentar el derecho público en términos de ganancia económica, cosa que afecta profundamente la naturaleza propia de derechos públicos como el de la deliberación política de la ciudadanía sobre cuestiones de interés general, reemplazándola por la discusión de una élite de técnicos, o poniendo en cuestión los derechos fundamentales por no ser funcionales a la lógica del mercado[5].

Otra de las tiranías que el neoliberalismo representa es la del dinero sobre la educación. En este aspecto las fuerzas políticas neoliberales empujan a la educación en convertirse en una actividad social centrada en la obtención de ganancias económica, desnaturalizando la función propia de las instituciones educativas al interior de una sociedad democrática, a saber, la formación integral de lo ciudadanos, especialmente a través de la importancia de las humanidades y las artes. El neoliberalismo ha convertido los centros educativos en instituciones cuya finalidad principal es la obtención  del lucro, así como se plantea la educación de una persona como un proceso que capacite a los individuos a adaptarse normalizadamente a las leyes del mercado y puedan conseguir el lucro de manera más rápida.

Una forma de entender la política del liberalismo integral es justamente en su combate a dichas tiranías. Este enfrentamiento político tiene diferentes escenarios: a) el del Estado, b) el de la sociedad y sus instituciones y c) el académico.  En el escenario estatal, la política del liberalismo integral procura abrir espacios a las libertades por medio de leyes y otros dispositivos que rompan con las tiranías existentes; en el campo de la sociedad y sus instituciones, se procura abrir un espacio para una mayor deliberación respecto de las cuestiones de interés público; y en el escenario académico, mediante la discusión de ideas en diferentes foros.

2.2.- La cuestión de la integralidad

            La progresividad y la integralidad de las libertades significan que las libertades que el ideario político del liberalismo integral defiende han ido surgiendo paulatinamente a lo largo de la historia del Occidente moderno. Esta historia puede ser  leída  como un proceso paulatino de separación de esferas, y en cada separación tiene su origen un conjunto de libertades. Se trata de un proceso histórico de obtención de libertades y de sus derechos concomitantes. Pero ello no debe llevarnos a pensar erróneamente que las primeras libertades que se han conseguido son más importantes que las demás, y tampoco debemos dejarnos penar equivocadamente que cada libertad no tiene vínculos con las demás libertades. El liberalismo que surge en el siglo XVII y del que somos herederos se describe mejor como un gran impulso político, como una marejada, que lleva la bandera de la libertad y que se va desplegando paulatinamente en un conjunto de libertades que se encuentran interconectadas tanto  en la teoría como en la práctica[6].

            De esta manera, del gran impulso de la libertad brotan libertades como las políticas y las socio-económicas. Algunos podrían pensar que entre ambos tipos de libertades no existe conexión alguna, y se pueden conseguir libertades sociales y económicas en regímenes dictatoriales como el actual Estado Chino o el de Singapur. Los adversarios del liberalismo integrador y de la democracia sostienen incluso que un régimen democrático donde se ejercen libertades políticas de elegir y ser elegido, o de discusión pública de cuestiones de interés general retarda problemas como el de la salida del subdesarrollo económico, o el enfrentar crisis económicas y financieras, o incluso garantizar la seguridad en tiempos de terrorismo. Se alega que un gobierno dictatorial es mejor que uno democrático para enfrentar esos problemas, y hasta se enumeran casos de países en los que la fórmula “democracia sí, pero para otro día” dio supuestamente resultado, como el Perú de Fujimori o el Chile de Pinochet, o los estados dictatoriales del Asia. Sin embargo, esta tesis no soporta un riguroso estudio empírico caso por caso.

En Perú se repite, de manera tendenciosa y falaz,  que debemos a la dictadura de Fujimori dos cosas fundamentales: a) el haber sentado las bases de un sistema económico exitoso y b) haber terminado con el terrorismo. Si bien ambas cosas se dieron durante el periodo de dicho gobierno dictatorial, de allí no se infiere el que la ruptura del sistema democrático haya sido necesaria para ello. Respecto de las bases del sistema económico, Mario Vargas Llosa –contendor electoral de Fujimori en las elecciones de 1990- sostenía que debíamos implementar medidas similares, pero en el marco de la democracia. De otra parte, respecto de la lucha contra el terrorismo se ha hecho creer a la población en Perú que fue Alberto Fujimori quien capturó a Abimael Guzmán, cuando fue Ketín Vidal y el GEIN, fruto de una investigación iniciada durante las postrimerías del primer gobierno de Alan García[7].

Los estudios detallados arrojan como resultado la constatación de que la ausencia de libertades y derechos políticos no permiten que el crecimiento económico, de haberlo,  sirviese para atender a las necesidades de los sectores más necesitados, pues comúnmente el gobierno hace uso de los recursos para beneficiar a sus clientes políticos. Un sistema sin paridos de oposición  realmente autónomos y responsables,  sin  derechos de deliberación pública de parte de los ciudadanos, ni con medios de comunicación libres no puede vigilar el uso que hace el Estado de los recursos económicos ni los pactos corruptos que el gobierno dictatorial puede hacer con las empresas que apoyan el régimen. En síntesis, la ausencia de libertades políticas abre las puertas a las distorsionas turbias del sistema económico. Las libertades políticas, además de ser un bien por sí mismo, sirven para supervisar los manejos económicos y denunciar la corrupción. Se dice que la economía China va muy bien, pero dicha afirmación se basa en los datos que da el gobierno Chino, y si sabemos que dicho gobierno plantea un sistema de información restringida, ¿cómo podemos creer en sus afirmaciones? Baste con estos elementos para poder constatar que las libertades se relacionan en un sistema integral, en el cual la vulneración de unas remece a las otras inevitablemente. De esta manera, las libertades han de ser defendidas en su integridad.

3.- Breve diagnóstico de la situación política en el Perú actual

            Si tenemos en cuenta la situación social, económica y política del Perú, se verá que en urgente apostar por la política que el liberalismo integrador propone. El Perú es un país fragmentado tanto social como políticamente. Dicha fragmentación se expresa en el hecho de que ni los agentes económicos ni las facciones políticas tiene un proyecto que incorpore a todos los ciudadanos sino que, más bien, se manifiestan con expresiones y portavoces de interese particulares. Una sociedad debe entenderse como un sistema de cooperación entre los ciudadanos, cooperación que representa lo que los filósofos y teóricos del derecho denominan “pacto social”. La cooperación entre ciudadanos permite quelas libertades y los derechos conseguidos se consoliden y garanticen. 

            Los grandes poderes económicos pugnan, en este país, por que sus interese se impongan sobre los intereses compartidos y por sobre las libertades y los derechos de todos. Asimismo, los partidos políticos se presentan como expresiones de dichos interese particulares. Políticamente hablando, en el Perú, el espectro político se encuentra dividido fundamentalmente por los representantes del conservadurismo (la derecha cultural radical), el neoliberalismo (la derecha económica radical) y la izquierda radical. Los partidos moderados son sumamente endebles y los agentes del pensamiento moderado, tanto de derecho como de izquierda, son contados, ubicándose mayormente entre periodistas e intelectuales moderados y demócratas.  Sin duda, todas las agrupaciones políticas reivindican la democracia y los derechos fundamentales, pero ello no significa que se encuentren auténticamente identificados con ellos. Más bien, dicha actitud se debe a que resulta políticamente correcto. Las fuerzas políticas comprometidas auténticamente con los derechos fundamentales y con la democracia constitucional son pocas y dispersas, razón por la cual se vuelve indispensable en que un movimiento amplio retome el proyecto que el liberalismo integrador representa.

            Los sectores políticos conservadores se encuentran comprometidos con la defensa de los valores morales tradicionales, valores que no son otra cosa que los de la élite dominante en el país. Esta élite utiliza los medios de comunicación, las escuelas y las universidades para difundir sus valores, que son lo del catolicismo más tradicional[8]. Como dicho sector requiere de medios económicos para mantener su dominación, no tiene ningún problema en colaborar con las fuerzas del neoliberalismo económico, aunque algunos valores del mercado sean incompatibles con los del catolicismo tradicional. Por ejemplo, el valor de explorar la sensualidad para conseguir mayores réditos económicos puede ser avalado por los conservadores, en virtud de fortalecer esta alianza entre el dinero y lo santo. Sus aliados, los neoliberales, actúan políticamente en defensa del los intereses de los grandes capitales y consideran que las únicas libertades que se deben defender son las de los agentes económicos en el mercado. Esta simplificación de las libertades trae graves consecuencias, porque no contribuye a reducir las desigualdades, sino que, por el contrario, las acrecienta. Su caballo de batalla es la idea según la cual el libre mercado sin restricción alguna y el apoyo a las grandes empresas ha sido el factor que ha reducido la pobreza, y lo seguirá haciendo. Si bien es cierto eso, no queda clara la conexión entre el libre mercado radicalizado y la deducción de la pobreza; además, lo que si ha quedado evidenciado es que las políticas neoliberales que los sectores conservadores y neoliberales han impulsado en este país hay incrementado la desigualdad económica.

            Además,  los sectores conservadores y neoliberal han propiciado una política social de discriminación social y política respecto de ciertas  minorías culturales y sociales, y de las mayorías. Las mayorías han sido discriminadas por el color de su piel, su adscripción étnica, su lengua. La discriminación y el desprecio han estado a la orden del día, muestra de ello es la actitud frente a la violencia que sacudió el país durante las décadas del 80 y 90.  Aquello que permite que los agentes del neoliberalismo se encuentran entren en confluencia con los sectores conservadores es que a ellos les interesa sus intereses económicos en el mercado, y ven que el liberalismo cultural resulta ser una amenaza a sus intereses. La lógica del liberalismo cultural se centra en cuestionar el sistema de jerarquías que no se encuentra razonablemente justificado y, puesto que sectores conservadores, como el de la Iglesia Católica, como las empresas se basan en un sistema jerárquico de este tipo.

            La izquierda radical, por su parte, es igualmente de convicciones antidemocráticas y autoritarias. Su proyecto antaño fue el de la toma del poder por medio de la lucha armada, y aunque algunos partidos se han institucionalizado y han conseguido ser aceptado en el sistema democrático, su posición respecto de la violencia no ha sido suficientemente modificada. Si bien muchos grupos de izquierda radical han abandonado la violencia como un modo de acción política, esto a modificación no afectó al resto de sus ideas, cosa que debió ocurrir para que sus propuestas sean consistentes. Lo que tiene ahora es un conjunto desarticulado de ideas políticas que resulta ser un escoyo para su acción. Esta es la razón por la cual hoy en día hablamos de la crisis de las izquierdas en el país. Esta crisis sólo es superable si la izquierda moderada y liberal adquiere fuerza política y puede conducir al bloque de izquierdas hacia una izquierda liberal, que se comprometa con la democracia, los derechos fundamentales, los derechos humanos y entienda que el mercado es un sistema adecuado de distribución de bienes, aunque no el único.

            En este contexto, donde las posiciones radicales –tanto de izquierda como de derecha – han tomado la batuta en la vida política del país, se ha generado un ambiente en el cual las posiciones radicales se distancia cada vez más y el debate político es reemplazado por el descalificativo, el insulto y la violencia. Este clima político ha generado un ambiente social convulsionado que hoy gira en torno a la minería, pero que muy bien podría tomar otro foco de confrontación. Como hemos podido ver, la conflictividad social ha ido in crescendo desde hace más de diez años, y ello se debe, en parte, a que el sistema político no ha podido darle  respuesta adecuada debido a que los grupos que lo componen han perseguido sus intereses particulares más que la cooperación social.

            Por otra parte, se ha excluido el debate de ideas políticas en las universidades, ya por la hegemonía de un discurso político radical en algunas de ellas, ya porque en otras universidades se ha prohibido expresamente el debate y la actividad política. Esta última actitud lo que hace es impone un adoctrinamiento político encubierto que presenta el tecnicismo (bandera de la política de la derecha radical) como una actividad neutra en términos políticos. A través de una enseñanza técnica se imparten ideas de derecha en muchas de las universidades del país. Finalmente, en otro grupo de universidades de carácter confesional católico se imparte un adoctrinamiento conservador bajo el rótulo de una “educación en valores”[9]. En todos los casos se neutraliza el debate de ideas políticas, con lo que se logra es una radicalización de la acción política, cosa que es sumamente peligroso para la salud de la democracia peruana. Si añadimos que el debate de ideas ha sido también expulsado del seno de los partidos políticos, y que los sindicatos se han desarticulado o han sido copados por radicales, veremos que la situación se agrava, pues es en las universidades, los partidos políticos y los sindicatos donde se podrían formar ciudadanos preparados para el debate alturado de ideas políticas.          


4.-  Importancia del liberalismo integral para el Perú.

            Teniendo en cuenta las características de la política nacional, resulta de suma importancia el articular un proyecto político liberal, tal como el liberalismo integral lo entiende. El liberalismo integrador pone sobre el tapete de la discusión política nacional la idea de que la sociedad debe ser entendida como un sistema justo de cooperación entre ciudadanos, en vez de un espacio para que los sectores logren hacer prevalecer sus intereses. Ello se logra desmarcando las libertades de su identificación exclusiva con las libertades económicas en el mercado.  Al abrir el horizonte de las libertades, lo que se logra es redefinir la relación entre mercado, Estado y sociedad.

No se trata de que el Estado intervenga  en el mercado, pues un mercado robusto constituye uno de los pilares de la democracia, sino que se evite que el poder económico se traduzca automáticamente en poder político, pues ello vulneraría la democracia profundamente. Cuando sucede ello, a lo que asistimos es a una distorsión de las relaciones entre el mercado, la sociedad y el Estado, pues con ello sólo se consigue la tiranía de la sociedad por parte de los poderes económicos.  En este contexto, la labor del Estado no consiste en limitar el funcionamiento del mercado, sino el de señalar que hay cierto tipo de bienes sociales (salud, educación, seguridad, entre otras) que no deben ser monopolizadas por el mercado. De esta manera, el liberalismo integral se presenta como un proyecto político que busca contrarrestar la presencia de la política neoliberal en este país. Las fuerzas neoliberales tienen como objetivo convertir el poder económico en poder político y en convertir todos los bienes sociales, incluyendo salud, educación y seguridad, en bienes intercambiables en el mercado. Esto último lo hace a través de una política privatizadora radical.

La defensa de las libertades hace que el proyecto político del liberalismo integral se presente como un contrapeso al proyecto neoliberal. El proyecto neoliberal se encuentra ampliamente difundido y tiene una gran presencia en sectores claves como las universidades. Esta poderosa presencia termina siendo perniciosa, pues lo que procura es fragmentar el tejido social colocando como única lógica de la política el interés. El liberalismo  integral, en cambo, procura recomponer y fortalecer el tejido social, fomentando la cooperación social en dirección de las defensa de las libertades y los derechos fundamentales, así como el fortalecimiento de la democracia. 

Frente al proyecto conservador, el liberalismo integrador defiende las libertades de las minorías para desarrollar sus formas de vidas y expresarse culturalmente en el seno de una sociedad democrática y plural.  El liberalismo integral que defendemos concibe a la sociedad peruana como una sociedad plural, en la cual habitan un conjunto grande de grupos étnicos, religiosos y con proyectos de vida distinto, razón por la cual busca construir la plataforma política y jurídica que permita dotar a cada persona de los derechos y libertades que le permitan desarrollar el tipo de vida que prefieren, dentro del marco de la ley. Es por ello que combate la imposición de formas de vidas tradicionales provenientes de poderes hegemónicos sobre los ciudadanos. De esta manera, el liberalismo integral realiza una distinción importante entre valores públicos y valores privados. Los valores públicos son aquellos que todos los grupos, que tienen concepciones de vida distintas,  pueden apoyar. Se trata de valores como son el rechazo de la esclavitud, la defensa de la democracia, la tolerancia, la defensa de los derechos fundamentales, el principio de igualdad ante la ley, etc. El cambio, los valores privados son aquellos apoyados por las diferentes concepciones religiosas y laicas, que tratan de ser impuestas a la integridad de la sociedad. Los grupos conservadores apoyan una política de imposición de sus valores privados bajo el rótulo de una educación en valores. El campo en el que se realiza esto principalmente es la educación: la escuela y la universidad; aunque también se realiza por medio de las instituciones estatales, los discursos políticos  y los medios de comunicación. Es por ello que el liberalismo integral encuentra como un punto de vital importancia poder emancipar la educación de la visión conservadora que la domina. Esto se busca incluyendo un mayor peso de las humanidades y las artes para poder formar ciudadanos más empáticos que  se comprometan con los valores públicos.

Además, a nivel de la educación universitaria, el liberalismo integrador procura colocar el debate respecto de ideas políticas como un elemento central de la formación de ciudadanos cooperativos, responsables y comprometidos con el fortalecimiento de la democracia constitucional. Con ello hace frente a los embates que provienen de los proyectos dictatoriales del neoliberalismo, el conservadurismo y la izquierda radical.   La izquierda radical pretende seguir haciendo política con ideas trasnochadas que son adversas a la democracia.  En el plano educativo, esta izquierda procura que el adoctrinamiento desplace a la reflexión política. El proyecto del liberalismo integral es construir, en nuestro país, la plataforma política que permita el debate de ideas y moderar los discursos radicales a fin de que la política de confrontación social, en la que estamos inmersos actualmente, pueda dar paso a una política del manejo de los conflictos a través del debate en la esfera pública.


[1] Los neoliberales se inspiran en una versión de la economía neoclásica, que se remonta a los textosde los economistas clásicos como Ricardo, John Stuart Mill y Alfred Marshall,  y siguen las ideas expresadas por Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek  . Estoy en deuda César Castillo García respeccto de esta precisión.
[2] Al respecto Cf. LOCKE, John; Ensayo y carta sobre la tolerancia, Madrid; Alianza editorial, 1999.
[3] Sobre estas ideas del liberalismo Cf.  WALZER, Michael; “El liberalismo y el arte de la separación”  en: WALZER, Michael; Guerra, política y moral, Barcelona: Paidós, 2001
[4] En su Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil Locke desarrolla su teoría de la tiranía, la cual va a ser retomada recientemente por Michael Walzer en su libro Esferas de la Justicia.
[5] Al respecto se puede revisar los artículos de Alfredo Bullard
[6] Al respecto de la interconexión de los derechos y las libertades Cf. SEN, Amartya; Desarrollo y libertad, Barcelona: Planeta, 2000.
[7] Sobre ese punto se puede revisar la investigación presentada en el documental “Operación Victoria”.
[8] En los orígenes de Sendero Luminoso, queda claro cómo el ambiente social generado por los valores católicos tradicionales, como el de la sumisión de los pobres a los ricos y la resignación ante su suerte miserable, ha servido como caldo de cultivo para que las ideas de Guzmán puedan calar. Al respecto, Cf. PORTOCARRERO, Gonzalo; Profetas del odio. Raíces culturales y líderes de Sendero Luminoso. Lima: PUCP, 2012. 
[9] Al respecto Cf. GAMIO, Gonzalo; Racionalidad y conflicto ético. Ensayos de filosofía práctica, Lima: CEP, 2007.