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martes, 6 de agosto de 2013

UN PRESIDENTE VACIADO DE SUEÑOS

            Una apreciación en la que Rosa María Palacios y César Hildebrandt  han con coincidido es que el presidente Humala se encuentra vacío de sueños. No puede ofrecer al país un proyecto o un sueño, sino que más bien lo que está haciendo es decirle a la gente en este país que todo va a seguir igual. La explicación de Hildebrandt parece ser sensata cuando afirma que ello se debe a que ingresó al gobierno con un proyecto al cual tuvo que renunciar por la presión de los poderes fácticos. Siendo formado en los ideales del Etnocacerismo, ahora nos encontramos ante una persona vaciado de espíritu. No propiamente un fantasma, sino un cadáver.
            Frente a ello, la derecha neoliberal y radical ha impuesto su proyecto sectario a diestra y siniestra. Se trata de un proyecto pensado no para todo el país, sino para fortalecer las posiciones. La oposición a ese proyecto sectario casi no encuentra oposición. El Frente Amplio todavía necesita consolidarse y la derecha se siente cómoda hablando y analizando a la izquierda porque la siente inofensiva. Y cuando la izquierda se le asusta, tiene la estrategia perfecta: asociarla con MOVADEF-SL. Esta nunca falla. El discurso de la derecha se convierte en lo siguiente: si no estás de acuerdo con nuestro proyectos es porque eres cercano a Sendero Luminoso (es decir, violentista) o eres Caviar (es decir, hipócrita). Y si los jóvenes salen a la calle a protestar, dan marcha atrás (como en el caso del TC), o corren la volada de que en la manifestación se ha infiltrado el MOVADEF o deciden no decir nada al respecto (como Humala en 28/7).
            Ahora, uno de los terrenos que la derecha quiere conquistar es la educación. La educación privada ya está capturada por las universidades y colegios empresa, en los que no se forma ciudadanos, sino sujetos funcionales al proyecto de la derecha empresarial (proyecto que no es otro que incorporar todas las esferas de la sociedad al mercado para que el dinero domine).  Ahora, el proyecto se dirige a eliminar la escuela pública y privatizarla en su totalidad. No es casual que Alfredo Bullard haya propuesto eso. De hecho, el proyecto ya está en marcha. El Grupo Interbank está instalando ese proyecto con sus Innova Schools: escuelas a bajo costos, masivos, con buena infraestructura e instalado en zonas populares. La promesa de educación de Innova es de alta calidad, pero en la práctica es de baja calidad, por dos motivos: a) excluye artes y humanidades y b) los salones son masivos (60 alumnos), en los cuales se supone que cada estudiante puede tener un contacto personalizado con el maestro por medio de una laptop  instalada en su carpeta. El sistema no funciona, puesto que los profesores no se encuentran debidamente capacitados. E inclusive, si contasen con profesores calificados y capacitados es imposible que pueda atender las necesidades pedagógicas de 60 alumnos en el aula. De tal manera que no se trata de una educación personalizada en ningún sentido del término.

            Pero el hecho es que el proyecto de privatización de la escuela pública está en marcha. Innova Schools es un piloto y el discurso de Bullard es la ideología que lo justifica. Si el presidente Humala carece de un  sueño, la derecha neoliberal sí tiene un proyecto propio para poder expandir sus intereses  particulares y hacerlos pasas por generales.

miércoles, 5 de junio de 2013

¿Análisis económico de la educación?

            Recientemente Alfredo Bullard ha repetido el argumento de Robert Nozick según el cual muchos intelectuales rechazan ideas de mercado porque han recibido una educación que premia el mérito mientras que el mercado premia la habilidad de competir. Bullard supone que basta con repetir una falacia para que éste, por arte de magia, se convierta en un razonamiento válido. Pero, lamentablemente para el defensor del Análisis Económico del Derecho, las cosas no son tan fáciles.
            Este argumento fue dicho en el contexto de un discurso mayor, según el cual el Estado no debe dedicarse a la educación  sino a financiar a los padres, por medio de bonos,  para que ellos puedan elegir el colegio al cual enviar a sus hijos. De esta manera, la eliminación de la escuela pública redundaría en un supuesto bien: la capacidad de los padres para elegir en el mercado de la educación.  Como bien ha señalado Susana Frisancho, la propuesta de Bullard no tiene en consideración el hecho de que no necesariamente los padres tienen la información suficiente de lo que necesitan sus hijos para poder adquirir una educación integral. Ciertamente, la propuesta de Bullard carece criterios pedagógicos y formativos, y se inscribe en una concepción de la educación de individuos para el mercado más que de ciudadanos para la democracia.
            A lo que Bullard está apuntando es a la aplicación de los criterios del Análisis Económico del Derecho al campo de la educación, de manera que sean las preferencias en el mercado el único elemento decisivo para la educación. Según él, la tarea del Estado debe consistir en fomentar la demanda y no en brindar educación pública. El mecanismo para esto sería por medio de bonos. ¿En qué está pensando Bullard cuando sugiere esto? ¿En que el Estado de bonos gratuitos a los padres o los conecte con un sistema de crédito bancario?. Si es lo primero, el apóstol de Posner entraría en una contradicción, porque no todo estaría en manos del “mercado libre”. En cambio, si se trata de lo segundo, el abogado estaría proponiéndonos una receta que ha fracasado con largas en Chile.

            El problema de fondo se encuentra en la posición que se le quiere dar al mercado. Como él mismo reconoce, no todos los intelectuales de izquierda rechazan el mercado, pero lo que parece no quiere aceptar es que existen maneras alternativas de plantear la relación sociedad – Estado – mercado. Su propuesta es que todos los aspectos y bienes de la sociedad pasen por el mercado, reduciendo al Estado a su aspecto policiaco y eliminando las políticas públicas. Pero no es necesario rechazar el mercado para comprender que no todo debe funcionar por el criterio de las preferencias de los clientes mercantiles. La propuesta de Bullard tiene un objetivo claro, seguir ampliando los márgenes del neoliberalismo económico en nuestra sociedad, a fin de ir recortando las libertades de los ciudadanos. De esta manera, la tiranía del dinero lograría dar una vuelta de tuerca a su proyecto, apropiándose de la educación. Es claro que el mercado es importante, en su sitio. Pero las aulas de clase no son un supermercado y la formación de personas y de ciudadanos no es una mercancía.

lunes, 23 de abril de 2012

LA “INTELECTUALIDAD” CAPITALISTA Y LA CRÌTICA DE LA CRÌTICA DE CINE





Recientemente Alfredo Bullard – gran difusor del Análisis Económico del Derecho en nuestro medio- ha publicado un artículo criticando a los críticos de cine por no evaluar positivamente películas taquilleras.

La crítica de Bullard va así: como los críticos de cine son todos intelectuales de izquierda, y los intelectuales de izquierda tienen un resentimiento contra el mercado a causa de que su trabajo no es tan remunerado como los que hacen películas taquilleras o como Claudio Pizarro, que gana más por el simple hecho de patear una pelota, dichos críticos expresan su resentimiento y frustración evaluando con “baja nota” a las películas populares.

El artículo de Bullard se redondea señalando que tales intelectuales de izquierda en vez de conectarse con el pueblo, en nombre de quien hablan, lo que hacen es sancionan sus gustos. Al respecto de esta argumentación, hay algunas cosas que señalar.



1.- ¿Los críticos de cine son necesariamente intelectuales de izquierda anticapitalista?


La primera presunción de Bullard es complicada. Presupone que todos los críticos de arte son de izquierda. ¿No será acaso, ésta, una burda generalización? Si fuese así, todos los críticos estarían de acuerdo en valorar más una película con trasfondo político y social, que cualquier otra película. Lamentablemente, para el profesor Bullard, eso no sucede.

De hecho, la crítica de cine, y de arte en general, se ha distanciado de los parámetros desarrollados por los intelectuales de la ex Unión Soviética, por considerar que se trataba de un “arte de propaganda política” que va en contra de los objetivos del arte. Parece ser que los criterios utilizados por los críticos de arte (y de cine, especialmente) son diferentes y más amplios. El que personas que no se encuentran inmersas en el mundo del arte no los comprenda, es otra cuestión.


2.- ¿Los críticos de cine dicen a las personas que no deben ver películas taquilleras?


Esta es la segunda presunción que hay que analizar. Lo que hacen los críticos de cine es reconocer dos clases de cine que al ojo del avisado analista Bullard han escapado: el cine de entretenimiento y el cine de arte.

Muchas, pero no todas las películas taquilleras, se encuentran dirigidas al entretenimiento. Eso se debe a diferentes factores: las personas que las ven cuando van al cine buscan disiparse, su objetivo no es necesariamente cultural. No hay absolutamente nada de malo en eso, sino que es plenamente legítimo. Incluso hay personas que a veces van a ver películas artísticas y otras veces películas de entretenimiento dependiendo de las circunstancias.

Las películas de arte tiene cono objetivo desplegar las posibilidades de los múltiples lenguajes del cine lo más que se pueda. Para ello exploran los diferentes aspectos de dicho lenguaje para conseguir una mayor capacidad de expresión de vivencias profundas de los seres humanos, tal como lo hace todo arte.

La tarea de los críticos de cine consiste en examinar las películas desde el punto de vista de la realización artística, y si califican como mediocre o mala películas como Pretty woman, es debido a que estén haciendo uso de criterios académicos, que se construyen teniendo en cuenta la historia de la crítica, la historia del cine, los elementos internos de la actividad del cine como arte, etc. El mercado tiene criterios diferentes para calificar si una película es buena o mala, especialmente si vende o no vende. Pretender que los únicos criterios que valen para evaluar una película sean los del mercado esconde una actitud completamente antiliberal, que la de imponer la tiranía del mercado sobre la crítica de cine. Y el auténtico liberalismo, desde sus inicios en John Locke, se presenta como una doctrina que combate todo tipo de tiranía.

De esta manera, si Ud. decide ver una película taquillera, no se inquiete que ningún crítico de cine le señalará con el dedo, sino que entenderá que cuenta con razones para ello. De esta manera, los críticos de cine no están ni a favor, ni en contra del pueblo (que Bullard defiende en apariencia)., sino que ellos están haciendo su trabajo, como un abogado hace el suyo al tratar que se de una pena justa a un criminal, o un intelectual, al tratar de dar la mayor articulación y consistencia a sus ideas.


3.- ¿Los críticos de cine están molestos con que Claudio Pizarro gane dinero por patear una pelota?


Esa presunción hace abstracción de una cuestión fundamental, que contradice el argumento de Bullard. No es cierto que Pizarro o Messi ganen dinero por patear una pelota y ya. Ellos lo hacen con maestría, algo que depende del talento y de un trabajo constante y sostenido. Cuando Bullard ve a Pizarro patear la pelota, sólo está teniendo presente el momento final de un proceso que incluye trabajo arduo. La pregunta es la siguiente ¿Consideraría justo Bullard que a Pizarro o a Messi se le pague lo mismo por patear una pelota que a alguien que lo hace de manera desastrosa? Ciertamente, porque su trabajo en el fútbol tiene que ser remunerado adecuadamente, de acuerto a los criterios del juego.


4.- ¿Son los intelectuales de derecha enemigos de la cultura?


Ciertamente no. El novelista japonés Yukio Mishima es un claro ejemplo de un intelectual de derecha que ha buscado llevar al camino más elevado el arte de la narrativa. Siendo abiertamente antiizquierdista y plenamente conservador en cuestiones culturales su contribución a la novela y al cuento es invalorable. El ejemplo de Mishima nos indica que puede haber una derecha culta y creativa, pero lamentablemente el Perú contemporáneo carece de una derecha de ese porte. En vez de ello, nuestra derecha criolla parece ser enemiga de la cultura, especialmente la derecha capitalista. Ellos plantean un falso dilema, que consiste en que una persona debe escoger entre el mercado y el dinero, o el arte. Tal vez por esa razón sus intelectuales caen tan rápidamente en contradicciones y en argumentaciones falaces.