lunes, 18 de marzo de 2013

GANÓ EL NO Y LA POLÍTICA PERUANA


En el proceso de revocatoria del domingo ganó en NO. Se podría decir que por un corto margen y con el apoyo de Lourdes Flores Nano y un sector del PPC; así que la Alcaldesa debe asumir una actitud más abierta, dialogante e incluyente, además de que tendrá que promocionar de mejor manera lo que hace, y piensa hacer en el tiempo que le queda. Pero, más allá de eso, es necesario analizar qué sucedió políticamente en este proceso.
            El mismo domingo Juan Sheput señaló que, al apoyar a la izquierda en este proceso, el PPC  se habría vaciado de sus principios y convicciones socialcristianas, y había asumido una actitud “pragmática” propia del mercantilismo político.  El Sr. Sheput parece estar un poco confundido. Otros han señalado que lo que ha entrado en escena es la misma política de siempre. No soy original al afirmar que esas apreciaciones se encuentran desenfocadas.
            Tanto la campaña del NO como la participación del PPC expresan una nueva manera de hacer política. Me centraré en el apoyo del PPC. No necesito recordar que Lourdes Flores Nano perdió la alcaldía y que ahora se puso del lado de su rival para defender el NO a la revocatoria. Eso tiene un significado político importante, y negarlo expresa no entender qué en juego. Lo que vimos en esta campaña es la incipiente formación de una concertación de izquierdas y derechas moderadas y modernas. Sheput señaló, desatinadamente, que él no se imaginaba al PP español asociándose con el PSOE de Zapatero. El paralelo es completamente equivocado. Esto no se parece al proceso español, sino al chileno. Como recordaremos, la concertación chilena unió a la Democracia Cristiana con partidos de izquierda y consolidó una coalición que gobernó Chile varios períodos y logró desarrollas políticas importantes.
            La lideresa de PPC afirmó claramente que quería tomar distancia de la Derecha Bruta y Achorada (DBA) –representada por la coalición Solidaridad nacional/APRA/Fujimorismo-  y reconoció en la coalición de izquierdas abanderada por Susana Villarán a una izquierda democrática, de centro y liberal. Sospecho que para este reconocimiento de la izquierda moderada, de parte del PPC, fue importante la presencia de los regidores del PPC, que representan a una generación joven en la política peruana. Sospecho, también, que este apoyo no les habría agradado a todos los miembros del PPC, pero sea lo que fuere, en este acercarse más al centro, el partido fundado por Luis Bedoya Reyes, abona en la consolidación de una derecha democrática y liberal que puede entrar en acuerdos fundamentales con una izquierda democrática y liberal. Otras agrupaciones, como Acción Popular, Perú Posible y personalidades como Mario Vargas Llosa y PPK, entre otros, se han sumado al apoyo al NO, pero la participación del PPC fue directa, como la del APRA puso toda su maquinaria al servicio de las huestes del SÍ. 
            Este fenómeno de personajes de derecha que se desplazan al centro gracias a la presencia de la DBA, no es nuevo en el Perú reciente. Desde hace un tiempo  la hemos visto en el periodismo. Tafur, Palacios, Salinas y Álvarez Rodrich no son comunistas  ni izquierdistas pero ya se han desmarcado del periodismo más delirantemente de derecha, representado por Aldo Mariátegui, Cayetana Aljovin y otros. Esta derecha de centro, crítica de los extremismos y radicalismos, - y especialmente de la DBA- ha mostrado su capacidad de coincidir con la izquierda moderada en valores políticos importantes: el fortalecimiento de la democracia, la defensa de los derechos humanos y la crítica a la corrupción.
            Ahora aparecen, en el área de los partidos políticos, una generación de jóvenes de izquierda y derecha que pueden coincidir en esos mismos temas importantes. Si esto se logra consolidar con mayor fuerza, podríamos  tener en el futuro una concertación de centro que, articulada en torno a valores políticos básicos, pueda ir arrinconando a los radicalismos de derecha e izquierda que han estado determinando la política en este país. La tesis Sheput es completamente errada. En contra de ella hay que señalar que el compromiso con la democracia, los derechos humanos y el rechazo a la corrupción expresan valores políticos que se encuentran en el corazón de la Doctrina Social de la Iglesia Católica. 
            Ciertamente, esto no garantiza el nacimiento de una concertación de centro, liberal y democrática, pero puede ser un  primer paso si se trabaja en esa dirección. Sería una cosa muy saludable para la política nacional, y para la defensa de los derechos de los ciudadanos 

martes, 12 de marzo de 2013

SOBRE LOS DERECHOS DE GÉNERO


Las modernas sociedades democráticas han ido consolidando la igualdad de derechos legales y sociales de manera paulatina. Esta consolidación se va dando por medio de procesos de conquistas políticas y sociales que se enmarca en sociedades que tiene como eje central el reconocimiento igualitario. Diferentes grupos religiosos, raciales, étnicos y sexuales han logrado ese reconocimiento, aunque el proceso no se ha concluido completamente y queda aún un mucho camino por delante.
            La historia de dichas conquistas comenzó con el nacimiento de las sociedades liberales, que después de las guerras de religiones consolidaron los derechos de las minorías religiosas a la libertad religiosa y la libertad de conciencia y de expresión. Una de las primeras repúblicas democráticas, la de los Estados Unidos de América, fue consolidándose, ya desde los momentos de la colonización, como un espacio en el cual podían encontrar un lugar de respeto, paz y desarrollo quienes escapaban de las persecuciones religiosas en Europa. En el siglo XIX se genera, en diferentes partes del mundo, un movimiento en contra de la esclavitud, y los derechos raciales comenzaron a conquistarse, y posteriormente los derechos de las  mujeres, de los analfabetos, de las diferentes etnias, etc.
            Quizás uno de los intelectuales más destacados sobre estos temas, especialmente sobre los derechos de las mujeres, sea el filósofo británico del siglo XIX, John Stuart Mill. En su libro El sometimiento de las mujeres cuestiona la tesis según la cual los hombres tienen derecho, por naturaleza, a someter política y socialmente a las mujeres. Uno de los argumentos más interesantes que Mill esgrime en contra de esta tesis es que cuando uno apela a la “naturaleza”, en realidad está tratando de blindar contra cualquier ataque a aquellas opiniones extendidas y comunes. Pero, además, añade Mill, sucede que tales opiniones son difundidas por los más fuertes, con lo que detrás del alegato a la “naturaleza” se esconde el argumento que dice “el más fuerte tiene el derecho a someter al más débil”.
            El argumento del derecho del más fuerte ha sido muy extendido en la historia de la humanidad. Se ha utilizado para justificar la esclavitud, el servilismo y el sometimiento de las mujeres, y siempre se ha revestido con el manto de “lo que corresponde por naturaleza”. Los demócratas en la antigua Atenas, igual que Aristóteles, justificaron la esclavitud sobre la base del argumento de la naturaleza. Durante la edad media la Iglesia Católica no sólo justificó con el mismo argumento la esclavitud, sino también el servilismo. Una vez derribadas la esclavitud y el servilismo, gracias a la consolidación de las sociedades liberales, siguió manteniéndose la idea de que la mujer era inferior al hombre, y debía estar sometida a él política y socialmente porque así lo indicaban los argumentos de la naturaleza y el del poder del más fuerte. Hoy, más de un siglo después, dichos argumentos han sido radicalmente cuestionados, y las mujeres gozan de los mismos derechos que los hombres.
            Pero el reconocimiento político de los derechos no va necesariamente de la mano del reconocimiento social. La guerra de secesión norteamericana abolió la esclavitud, pero la conquista de los derechos de los negros se logró recién en la década de los 60, con el movimiento de los derechos civiles liderado por el Dr. King y otros. La vigencia social de los derechos de mas mujeres está aún lejos de consolidarse, pues tiene dos frentes en los que debe derribar prejuicios. El primero es en la esfera pública, en la cual el reconocimiento del valor del trabajo de las mujeres no ha alcanzado del todo al del varón. Esto se ha conseguido más en ciertos sectores socioeconómicos medio altos y altos. El segundo es en la esfera privada y en las asociaciones privadas, como las iglesias. Allí se reiteran fenómenos que van desde el maltrato verbal, psicológico, hasta el físico, el cual puede llegar hasta el feminicidio.  
            Pero si la situación de las mujeres aún deja mucho que desear, es peor aún el de las minorías sexuales. En este caso se sigue esgrimiendo el argumento de la “naturaleza”. Con ello se dice que toda forma de minoría sexual es contranatura, enfermedades o fallas de la naturaleza. En muchos países existen una serie de grupos que se oponen a la igualdad de derechos en este contexto y la homofobia es galopante. Si el recurso a la naturaleza en realidad esconde la opinión más extendida, junto con el interés del más fuerte, es claro que el no reconocimiento de los derechos gays  es una flagrante injusticia. En eso, las sociedades democráticas y liberales tienen mucho que trabajar, especialmente el el Perú.

martes, 5 de marzo de 2013

TRES TENDENCIAS EN LA FORMACIÓN EN DERECHOS HUMANOS


La formación en derechos humanos en las universidades en el Perú actual muestra algunas particularidades que vale la pena observar. En primer lugar, la mayoría de cursos son dictados en las facultades de derecho y por abogados de profesión (lo cual resulta un empobrecimiento, pues los sociólogos y filósofos podrían tener cosas interesantes que enseñar al respecto).  En segundo lugar, dichos cursos enfatizan los aspectos técnico – jurídicos, dejando fuera la conexión con la historia peruana reciente, que ha sido marcada por un proceso de violación de derechos. Y, en tercer lugar, no se suele ver en las estructura de la economía global una fuente de violación de los derechos humanos. Muchos centros de formación asume la perspectiva eminentemente técnica, dejando de lado la historia reciente. Otros de encuentran asociados a una visión de los derechos humanos conectada con la historia reciente. Sin embargo, son escasos los intentos de reflexionar el tema de los derechos con las condiciones actuales de la economía global.
            Estas orientaciones no son casuales, sino que representan opciones políticas definidas. La primera opción, aparentemente es neutra en términos políticos, pero la centralidad de los aspectos técnicos nos permite ver su conexión con una política de derecha. La idea de que la enseñanza y la defensa de los derechos humanos deben centrarse en los aspectos técnico –jurídicos, como es el funcionamiento del sistema de protección de los derechos, el conocimiento de casos descontextualizados de las tramas políticas y sociales en las que se encuentran insertos, trata de evitar que los derechos humanos no logren poner en cuestión sistemas políticos e ideas políticas arraigadas en ciertas sociedades. En el caso peruano, la enseñanza de los derechos humanos muestra, en muchos casos, una intención clara: no cuestionar las acciones que los actores políticos realizaron en el gobierno dictatorial de Alberto Fujimori. Puesto que muchas personas involucradas se encuentran actualmente activas políticamente en el campo de la derecha partidaria, las universidades que difunden las ideas de la derecha en el Perú deciden no hacer referencia a los años de conflicto interno, ni al Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), ni al proceso de Justicia Transicional.
            Se aduce, soterradamente, que dichos temas no son “técnicos” sino “políticos” y que son parte de la agenda política de la Izquierda Caviar. Y cuando estos grupos de derecha encuentran conveniente tratar el relato histórico reciento lo hacen de dos formas: 1) intentando desprestigiar el trabajo de la CVR y 2) apoyando la ley del negacionismo. La campaña sistemática del trabajo de la CVR ha sido clara desde el momento de la conformación de dicha Comisión. El Informe Final es desprestigiado, dejando de lado el hecho de que se trata de un documento oficial del Estado peruano, pues la CVR no se constituyó por iniciativa personal, sino por mandato del Estado. Ello no quiere decir que el Informe pueda ser discutible, y sirva como un punto de partida para un debate que podría ser fructífero y fortalecería la débil democracia que tenemos. Respecto de la ley del negacionismo, aparte de los problemas que trae para con la libertad de expresión, entra en conflicto con la libertad para la investigación histórica y social, por más que se haya atenuado la versión inicial de dicha ley. La derecha, en este país considera que la manera de combatir fenómenos como el MOVADEF es exclusivamente a través de la criminalización y no complementar dicha lucha a través del debate de ideas.  
            Muy pocos centros de enseñanza e instituciones asumen la visión de los derechos humanos como conectados necesariamente con la Justicia Transicional, la CVR y los años de violencia interna que marcó la historia reciente. Esta perspectiva lleva a cuestionar la acción de los actores políticos bajo el régimen del fujimorato y la conducta política del fujimorismo actual (respecto a casos como el pedido de indulto a Alberto Fujimori, la ley del negacionismo, etc.). La inclusión del Informe Final de la CVR y el cuestionamiento de las acciones políticas de los socios y herederos del régimen de los 90 incorpora una perspectiva histórica y política a l estudio de los derechos humanos. Esta actitud, además, permite desenmascarar el enfoque tecnocrático de los derechos humanos. Dicho enfoque centrado en los aspectos técnicos se presenta como neutral en cuestiones políticas y se engarza con la posición dominante que tiene el positivismo jurídico, El enfoque técnico no es políticamente neutral, sino que es claramente de derecha. Éste mantiene la idea de fondo de que las cuestiones fundamentales en el derecho y en política es propia de una élite instruida técnicamente y no una cuestión de la ciudadanía en general. De esta manera, la sociedad civil no tendría lugar en la defensa de los derechos humanos, sino sólo algunos abogados y juristas.
            La tercera perspectiva es compatible con el segundo enfoque, y es completamente adverso al primero. Se trata de comprender que la vulneración de los derechos humanos se produce también, y en gran escala, por las condiciones del sistema económico global imperante, dominada por los dogmas de la economía neoclásica, centrada en indicadores como el PBI y la comprensión del desarrollo exclusivamente como crecimiento económico. El tercer enfoque, defendido por Thomas Pogge, entiende que 1) las condiciones de pobreza en las que cierta parte de la población se encuentra sometida en un país es de por sí violatoria de los derechos humanos; y 2) que la pobreza en un país determinado se encuentra relacionado con el sistema económico mundial imperante, de manera que este mismo sistema económico mundial imperante es violatorio de derechos humanos.
            Tener en cuenta estos tres modelos permite ver la importancia que tienen los enfoques políticos y los enfoques económicos en el estudio de los derechos. El primer modelo defiende el enfoque político de la neutralidad y la tecnicidad, mientras que en economía defiende el modelo dominante basado en los enfoque bienestarista y el centrado en la medición del PBI. El segundo modelo defiende la importancia de la política y la manera en que los sistemas políticos autoritarios son adversos a los derechos humano, mientras que los democráticos pueden brindar las condiciones propicias para la defensa de los derechos. En lo económico, este segunda perspectiva se puede articular con enfoque económicos alternativos al neoclásico, que puedan comprender el desarrollo no sólo como económico, sino como humano, en el cual el concepto de capacidades humanas y la valoración de la libertad individual tienen un lugar central. El tercer modelo  articula también un enfoque político con un enfoque económico, aunque da más peso al segundo sobre el primero. De esta manera, el modelo sugerido por Pogge exige la modificación del modelo de desarrollo. Ciertamente, hay varios modelos de desarrollo alternativos, pero uno de los más atractivos es sin duda el de las capacidades, desarrollado por Sen y perfeccionado por Nussbaum

lunes, 25 de febrero de 2013

DWORKIN, UN LIBERAL


            El 14 de febrero último falleció en Londres Ronald Dworkin, filósofo del derecho que ha destacado por su crítica al positivismo y al conservadurismo, así como su defensa del liberalismo. En el ámbito académico se abrió un gran espacio con su colección de ensayos Los derechos en serio y por su primera obra sistemática El imperio de la justicia. Muchos han sido los aportes a la reflexión filosófica sobre el derecho, y muchos sus intérpretes, aunque no todo ellos han entendido los objetivos de la obra de Dworkin.
            En España, y en Perú, se ha generalizado una idea bizarra respecto de la obra de Dworkin, según la cual su obra se inserta dentro de lo que ellos llaman la Teoría de la argumentación jurídica. Los españoles y los peruanos que han hecho sus postgrados con ellos consideran, extrañamente, que existe algo así como una escuela de filosofía del derecho que puede ser llamada “Teoría de la argumentación jurídica”, en la cual colocan a filósofos y juristas que tal vez no tengan mucho que ver entre sí. Hasta Kelsen, uno de los padres de  sostenía que es necesario un nivel de interpretación del derecho, lo que presupone además una argumentación. Colocar el legado de Dworkin en esa ubicación no permite entender el alcance de la fuerza su pensamiento.
            Ronald Dworkin, así como John Rawls, se inscriben al interior de la posición conocida como “liberalismo político”, que entiende la conexión entre el derecho, la política (interpretada en sentido liberal) y la moral. Ambos se oponen al conservadurismo positivista. Las diferencias centrales entre un liberal y un conservador en el campo del derecho es son dos: el liberal considera la primacía de los derechos y libertades individuales, además de considerar que las normas del derecho se crean en la actividad jurisprudencial; en cambio, el conservador desestima la primacía de los derechos y libertades  individuales (colocando otros principios, como el de la utilidad o las consecuencias) y consideran que las leyes no se crean, sino se descubren. La posición conservadora se ha manifestado en el debate estadounidense con la posición de Hart, razón por la cual Dworkin inicia su empresa intelectual en debate con él.
            La conexión que el liberalismo político establece entre el derecho, la política y la moral se presenta en Dworkin de la manera siguiente: en la actividad del derecho, y especialmente en la actividad de los jueces al enfrentar los llamados casos difíciles, la decisión política de los jueces interviene y es relevante. Esta decisión política se expresa en la actividad interpretativa del caso, y tiene como referentes importantes los antecedentes jurisprudenciales. Pero, a diferencia del realismo jurídico, en la cual la decisión política de los jueces se encuentra capturada por la posición partidaria y los prejuicios morales de los mismos, en el caso del liberalismo político, tal decisión política se encuentra articulada con las pautas de la moral liberal, lo que convierte a la política de partidaria en liberal. La integralidad del derecho, es decir, la conexión entre derecho, política liberal y moral, orienta la actividad jurisprudencial hacia la libertad y la igualdad de los ciudadanos. Pero, además, conecta la práctica del derecho con el resto de instituciones que conforman una sociedad liberal. La comunidad liberal (Dworkin) o la estructura básica de la sociedad (Rawls) es lo que permite la articulación de la actividad jurisprudencial con el resto de instituciones de la sociedad por medio de una política liberal.
            Esta conexión con la política es lo que permite a los jueces crear leyes para enfrentar casos complicados. Pero, además, se encuentra detrás de esto una concepción liberal sobre el derecho y la moral según la cual las normas jurídicas y morales se constituyen por medio de un proceso de construcción racional y no se “descubren” en la naturaleza de las cosas. Estas ideas suenan como insulto en la mente de los positivistas. Conservadores como son, los positivistas consideran que la actividad del derecho debe ser neutral y no contaminarse políticamente. Esta exigencia positivista no se muestra más que como hipocresía, pues bajo el manto de la “neutralidad” los jueces colocan sus propios intereses partidarios, como en el cuestionado fallo Villastein. De otro lado, la idea de que el derecho se crea a través de un  procedimiento político-liberal, suena como aberración para los oídos conservadores de los positivistas, ya que para ellos los derechos no se crean, sino que se descubres positivizados.  
            Es por estas razones que el legado intelectual de Dworkin debe de desmarcarse de la domesticación que la llamada teoría de la argumentación jurídica le está imponiendo en el mundo hispanohablante para que pueda mostrar su fuerza liberal y cuestionadora que tiene como parte del liberalismo político.

domingo, 17 de febrero de 2013

LA RENUNCIA DEL PAPA, UN SIGNO DE LOS TIEMPOS


            Es evidente que el papa Benedicto XVI no es solamente un  signo de agotamiento físico. El hecho de que el lunes haya señalado que se trata de un  agotamiento espiritual y de que el miércoles, ante los obispos, cardenales y fieles reunidos para la celebración del Miércoles de Cenizas, celebración que marca el inicio de la cuaresma, la división y la pugna que existe en la Iglesia son señales de algo más que el agotamiento de un Papa. Algunos han comparado la actitud de Benedicto XVI con la de Juan Pablo segundo, increpándole al aún actual Papa el haberse “bajado de la cruz”. Este tipo de comparaciones y acusaciones no tienen sentido, si se tiene en cuenta el carácter, el tiempo y la posición en el campo de las ideas que diferencian a ambos.  
            Lo cierto es que la actitud de Benedicto XVI expresa un mensaje claro: hay algo que no va bien en la Iglesia y se requiere de una transformación. Dejaré entre paréntesis la pregunta de si el Papa vio la necesidad de transformar algo, porqué no lo hizo, en vez de renunciar.  Parece que intentó hacerlo, pero no lo consiguió, y en vista de su agotamiento, considera que no logrará hacerlo en el futuro. Es por ello que decide hacer dos cosas importantes: 1) señalar enfáticamente que hay una crisis en la Iglesia (la misma renuncia enfatiza este hecho) y 2) dejar el encargo de afrontarla a su sucesor. Sea quien fuere el sucesor de Benedicto XVI, no podrá ignorar que tiene que enfrentar el problema, eso queda claro.
            Ahora, la cuestión central consiste en identificar de qué clase y magnitud es la crisis ante la que se encuentra la Iglesia Católica. Una primera mirada conduce a la tentación de considerar que la crisis es de corrupción financiera y los escándalos de pedofilia. Si fuese ese el caso la solución es fácilmente identificable, a saber, combatir a los corruptos y poner a mano de la justicia civil a los pederastas. Esto no significa que ello sea fácil de hacer, pues el sector corrupto puede estar muy bien posicionado y ofrecer resistencia eficaz. Pero esta interpretación de la crisis puede ser superficial. Sospecho que la crisis es más profunda y tiene sus raíces en la teología conservadora dominante, que el mismo Benedicto XVI defiende.
            La renuncia del Papa por el agotamiento físico y espiritual es algo que tiene consecuencias teológicas importantes, además de las consecuencias políticas y eclesiales que han sido mencionadas estos días. Se trata de elementos temporales que irrumpen en el campo de lo sagrado y atemporal. Esto rompe con una idea central en la teología, según la cual lo sagrado irrumpe en lo temporal por medio de la encarnación de Dios en Jesús, y no al revés. Teológicamente, esta decisión invierte esta figura. Dicha inversión quiso ser evitada por Juan Pablo II, razón por la cual siguió siendo Papa hasta la llegada de una muerte dramática. Se podrá decir que la dimisión es una figura prevista por el derecho canónico, pero lo que estoy indicando no es la figura jurídica, sino las razones dadas. Esas razones erosionan la teología tradicional.
            La teología tradicional, conservadora y dominante, no sólo sostiene que lo sagrado irrumpe en lo temporal, sino que tras consolidar una Institución (la Iglesia entendida como Jerarquía Eclesial)) que sea vehículo de mensaje, lo sagrado regresa a su sitio, con el regreso del Cristo a los cielos. Lo sagrado haría eso porque lo temporal está contaminado. El hombre es malo por naturaleza, está en pecado, y sólo a través de la gracia, distribuida por la Institución, puede redimirse. Este núcleo de la teología conservadora y dominante, que Benedicto XVI comparte, coloca a la Iglesia como Institución (es decir, Papa, cardenales, obispos, sacerdotes) en una posición de dominio sobre lo terrenal (laicos y sociedad en general).
            Esta posición de dominio que tiene la jerarquía la coloca en una situación que es paradójicamente frágil, pues ese poder termina por corromperla por más de que, en principio, el Espíritu de Dios la inspira. En esto, la irrupción de lo temporal en lo sagrado se manifiesta en la presencia de la corrupción en la Institución. Benedicto XVI, lúcido guardián de la teología conservadora puede percibir de manera inteligente de esta situación. Es decir, el Papa se dio cuenta el enfoque en el que se ha estructurado la teología conservadora dominante ha mostrado con claridad su contradicción: lo sagrado es irrumpido por lo temporal por medio de una Institución eclesial que, en tanto vehículo del mensaje, se corrompe. Frente a esta revelación, el Papa ve quebrarse su propio marco teológico, lo cual lo conduce a un agotamiento espiritual. En otras palabras, el agotamiento espiritual que denuncia Benedicto XVI no es otro que el de la teología conservadora y dominante que él defiende. Frente a eso, la consecuencia es obvia: la dimisión.
            Pero con su renuncia Ratzinger está señalando que sólo quedan dos caminos posibles a la Jerarquía de la Iglesia: seguir con el mismo esquema teológico o renovarse espiritualmente (es decir, renovar su teología).  Si se toma la primera opción, el futuro de la Iglesia Católica puede no ser auspicioso. La segunda opción puede darle un aire nuevo. El problema es que el camino a seguir está en manos de esa jerarquía que el Papa señaló como dividida y con sectores corruptos. Ese factor complica las cosas para una Iglesia que ya no puede vaciar sus crisis sobre una sociedad como la contemporánea, sociedad que a adquirido más claridad sobre sí misma. 

domingo, 10 de febrero de 2013

LA APUESTA APRISTA


         En vistas al incremento del apoyo al NO, gracias a la articulación que logró conseguir para su campaña, sigue abierta la pregunta de por qué razones García mueve la maquinaria aprista en apoyo al SÍ.  Muchas son las razones que motivan a García para tomar esta decisión riesgosa. Mantener notoriedad política y medir sus fuerzas con potenciales rivales del futuro, como puede serlo Toledo.
            Sin embargo, una de las razones interesantes que pueden estar en juego es el intento de desarticular a la izquierda. He de reconocer que respecto de esta intuición soy deudor de Ronald Reyes. Según esta hipótesis, el líder aprista percibe que una izquierda robustecida, moderna, democrática y liberal se le presenta como una amenaza inminente en dos frentes: el primero es el externo, mientras que el segundo es interno al partido.
            En el frente externo, una izquierda con tales características puede quitarle muchos votos de aquellos simpatizantes del partido de la estrella que lo asocial con la izquierda. Aunque esa asociación es realmente ilusoria, pues el APRA hace mucho tiempo que abandonó posición de izquierda y devino un partido de derecha, sin embargo cierta clase de votante considera aún al APRA actual aquél partido que fundó Haya de la Torre.
            Pero el segundo frente es el que más preocupa al ex presidente. Muchos jóvenes, al interior del partido, se sienten incómodos y decepcionados con la excesiva derechización que le ha impreso García, pero como no encuentran ninguna figura con suficiente capacidad de convocatoria, que signifique el giro hacia la izquierda y que pueda hacer de contrapeso a líder actual, entonces muchos jóvenes del partido se encuentran resignados a la situación actual. Pero, ¿qué pasaría con este sector de jóvenes, si asistiesen al robustecimiento de una izquierda moderna e interesante? Podría abrirse una posibilidad para que un contingente significativo de estos jóvenes migrase a la izquierda, desequilibrando al APRA y al liderazgo de García dentro del partido.
            Esta podría ser una razón que llevase a  al líder actual a embarcarse en la empresa de intentar hundir a lo que actualmente está representando esa izquierda: la alcaldía de Susana Villarán. Es por ello que el comprometerse con la el SÍ a la revocatoria resulta ser una prioridad, aunque sea cual sea el escenario resultante no es aragüeño para el APRA, pues en el caso de que prospere, la ciudadanía de Lima va a culpar al partido por el desconcierto, y si el escenario es adverso al SÍ, el APRA y su líder tendrán que cargar sobre sus hombros la derrota. Pero, entre ambos escenarios, conviene a García que gane el SÍ, porque con ello aleja la amenaza que significa para su liderazgo dentro del partido el fortalecimiento de una izquierda atractiva a los jóvenes apristas. Entonces, desarticular a la izquierda liberal es importante y derribar a Villarán es un paso clave en esa estrategia, pues con ello podría decir que la izquierda no sabe gobernar.

sábado, 2 de febrero de 2013

¿LE CONVIENE AL APRA VINCULARSE AL SI?


             Como es conocido ya, Alan García ha dado la voz de consigna “al sí, compañeros”, tanto que resultó penoso ver a Armando Villanueva del Campo, líder histórico del partido de la estrella tener que negarse a los honores de parte de la alcaldía porque el “partido”, es decir, Alan, le dijo nones. Y más penoso aún escuchar a Mauricio Mulder, evidente líder de segunda fila en un partido personalizado, diciendo cosas tramposas como que él va a votar porque los regidores del PPC se mantengan, sabiendo que si revoca a todos los de Fuerza Social también saca de su puesto a los del PPC. Es tan fuerte el poder de García en el partido que puede darse el lujo de hacer que líderes se humillen de esa manera a vista y paciencia de toda la ciudadanía. U obligar a Velásquez Quesquén a decir cosas como “en política, si no haces cosas retrocedes” sugiriendo que inclusive si el partido toma decisiones erráticas y las lleva a cabo igualmente avanza.
            Pero la estrategia de García resulta bizarra, pues con su apoyo al sí podría poner en peligro una de sus aspiraciones a mediano plazo, a saber, ganar la Presidencia el 2016. Esta idea ha sido visualizada por Rosa María Palacios en el diario La Republica. La hipótesis de Palacios es razonable y describe un escenario posible en el cual, el 2016 gana Keiko, y no Alan, las presidenciales. Dentro de esta perspectiva, no resulta extraño el que Keiko o su padre haya dado directivas distintas a los seguidores de la dinastía Fujimori, es decir, las de votar cada cual de acuerdo a su propia conciencia (aunque como sabemos, esto puede ser sólo para la imagen,. Y que internamente hayan acordado apoyar al sí).
            Al menos llama la atención el que García y la dinastía Fujimori hayan tomado posiciones diferentes respecto de la revocatoria. Una de las posibles razones es que como García y keiko van a ser rivales para el 2016. La otra posible razón es que los Fujimori han visto que ser asociados abiertamente al sí resulte un mal paso –como dice el vals- y no quieren cargar con un “embarazo no deseado” que haga peligrar el 2016. Ya la dinastía ha cometido tantos errores al tratar de sacar de prisión a su líder, a tal punto que no han logrado convencer ni al pusilánime Ollanta ni a la ambiciosa Nadine. Parece que están aprendiendo que un poco de prudencia no les caería bien, si quieren conseguir sus objetivos. Será por eso que Kenyi está más silencioso, aunque aún no consiguen que aprenda lo que significa el proverbio de “a boca cerrada no entran moscas”.
            El audaz García, en cambio, ha decidido apostar por el caballo del sí de manera incondicional, pues cree que su poder político es tal que podría, eventualmente, un escenario adverso post revocatoria, tal como Palacios lo describe. El ex presidente ha demostrado ya con anterioridad la medida de su ego, que no le importó destrozar su partido con tal de salir limpio. Qué asegura que esta vez su ego engrosado no termine afectando sólo al partido sino su propia imagen, cargando con la responsabilidad de un  desgobierno altamente impopular.   Si García fuese un líder que quiere lo mejor para su partido, o si quisiere evitar una posición de desventaja frente a los Fujimori, no debería involucrarse con el sí, pues esas juntas no le convienen.