En
tiempos en los que muchos políticos han buscado más sus intereses particulares
o partidarios, y en los que la política sin escrúpulos, ni integridad y
transparencia, la figura de Javier Diez Canseco se ha estacado como una
excepción. Él supo combinar la fidelidad a sus convicciones políticas de
izquierda, con la reflexión, la búsqueda de hacer que sus creencias políticas
fuesen lo más consistentes posibles y un elemento adicional, que es sumamente importante
pero para muchos políticos y ciudadanos parece no existir: los aspectos éticos
de la política.
Para
muchas personas la política carece de límites éticos. Para muchos de ellos,
especialmente políticos, la ética y la política son como el agua y el aceite. Para
otros, las los intentos de colocar parámetros éticos a la actividad política
esa una argucia para política más. Sin embargo, nuestro lenguaje y debate
político está cargado de conceptos éticos. La justicia social, la democracia,
los derechos humanos, la defensa de los derechos de las minorías y de los
discapacitados, ciertamente pueden ser
instrumentalizados políticamente, pero también son, y eso es incuestionable,
pautas éticas para la vida política.
La
actividad de Javier Diez Canseco brilló
especialmente por el reconocimiento de esas pautas éticas y por la exigencia de
que éstas fuesen respetadas por los agentes políticos nacionales. Podríamos señalas que entre sus aportes más
destacables se encuentran el compromiso con la justicia social, que caracteriza
a su filiación de izquierda, su compromiso con los Derechos Humanos, su
compromiso con los discapacitados y su reconocimiento de la importancia que
tienen las pautas éticas en la actividad política.
En
nuestros días, muchos políticos, e incluso partidos o agrupaciones políticas,
carecen de entereza moral. Muchos de ellos buscan su provecho personal más que
la defensa de los derechos de los ciudadanos y la protección de la democracia
frente a sus adversarios. Muchos de ellos no tiene ningún empacho en señalar
que actúan en función del cálculo político partidario o personal sin tener en
cuenta consideraciones más amplias. Pero otra cosa que caracteriza la escena
política actual es la pobreza en el debate de ideas. Muchos políticos, congresistas
y agentes del gobierno señalan que antes de estar “ideologizados” y de ser de
izquierda o de derecha, son pragmáticos y toman decisiones
técnicas. Hemos escuchado en estos días
al mismo Presidente de la República señalar que toma decisiones de manera no
ideológica (es decir, sin carga política) sino de manera técnica. ¡Nunca
escuché mayor disparate en mi vida! ¿Cómo es posible que la máxima autoridad
política diga con todo desparpajo que no toma decisiones desde un punto de
vista político?
Esto
último lo que revela es la miseria de la reflexión política y el debate de
ideas políticas en muchos de los niveles de la sociedad, y espacialmente en el
congreso y en el gobierno. Ciertamente, este no es un mal exclusivo del
gobierno actual ni del congreso actual, sino que se ha ido generando durante
las últimas décadas. La palabra “pragmatismo” es usada simplemente para ocultar
la pobreza de ideas políticas. Javier Diez Canseco durante su vida fue muy consciente de la
importancia de las ideas en la política y por eso se dedicó, entre otras cosas
a fomentar el debate y a discutir ideas.
El
aporte de Javier a la vida política nacional es invalorable desde muchos
aspectos. El que la muerte lo encuentre con una sanción parlamentaria hace que
brille con toda su luz tanto su integridad como persona y político, como su
honestidad intelectual. Esta acción pone de relieve la catadura moral del los partidos
representados en el Congreso de la República.
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