miércoles, 18 de julio de 2012

A 20 años de Tarata


El 17 de este mes hemos conmemorado, con mucho dolor, los 20 años del criminal atentado en Tarata. Es inevitable y necesario hablar de este atroz suceso especialmente porque después de estos años los peruanos parece que no hemos aprendido la lección que nuestra historia reciente nos ha dado. Muestra de ello son las manifestaciones del radicalismo en diferentes sectores de la sociedad.  De un lado, el MOVADEF, el brazo político de Sendero ha logrado reclutar un conjunto significativo de simpatizantes por el trabajo hecho por el grupo terrorista en las llamadas "Escuelas Populares", pero también es muestra de ello el recrudecimiento de las derechas radicales (empresarial, eclesial, política, militar, periodística, etc). Todo ello muestra que la escena nacional contemporánea sigue  atravesada por la violencia que desplaza el debate político y la deliberación ciudadana.

Pero este clima nefasto en el que nos encontramos no se ha generado por el azar y la reunión casual de circunstancias malagüeñas, sino que han confluido voluntades políticas que de manera muy irresponsable aprovechan de esta situación para sacar una mezquina ventaja de corto plazo. Ya desde el gobierno de Alberto Fujimori, el desmantelamiento de las instituciones políticas y sociales fue un elemento clave para que se aloje en la mente de muchas personas ideas radicales, tanto de izquierda como de derecha. Dicho desmantelamiento fue practicado de tres maneras fundamentales: desacreditando lo que se llamó la "política tradicional", corrumpiendo las instituciones centrales de este país y persiguiendo a los líderes políticos que podían hacer sombra al dictador Fujimori. Respecto de la llamada "política tradicional", ciertamente el sistema de partidos se encontraba en crisis hacia los 90 y la bancarrota del primer gobierno de Alan García era una muestra palpable de ello.  Pero, en vez de ayudar a tonificar el raquítico sistema de partidos, o de dar un nuevo impulso a la vida política nacional, el gobierno de Fujimori optó por el "autogolpe", que significó la instalación de una dictadura que destrozó toda actividad política.

De otro lado, ya desde el 2006 se ha llevado a cabo una política de negacionismo de lo que sucedió durante los 80 y 90. El ataque frontal que la CVR tuvo que afontar por parte de las fuerzas fujimoristas y sus aliados fue lo que articuló esta poítica de negación de lo sucedido durante los años de violencia.  En las escuelas no se hablaba de ello y en las universidades el debate político fue paulatinamente apagado y prohibido.  Ello generó el que muchos jóvenes ignoraran lo que significaron Sendero Luminoso, y los excesos del fujimorismo, de las FFAA y del sector más radical de la Iglesia Católica. Sumado a esta actitud de parte de las instituciones educativas -salvo honradas excepciones- tenemos a los medios de comunicación que adoptaron claramente una política del silencio respecto del pasado, prefiriendo dirigir sus energías al espectáculo, a la crónica negra y al morbo.

Esta situación ha creado un clima, que se expresa muy bien en las redes sociales electrónicas,  en el que las reacciones emotivas han reemplazado la reflexión política. Otra muestra de ello es que la Municipalidad de Miraflores conmemorara estos veinte años con una ceremonia cívico - religiosa que apuntaba más a la sensación que a la reflexión. Sin un debate serio y alturado, donde las razones se muestren claramente y el emotivismo sea superado, fechas como estas seguirán sucediéndose y todo seguirá en lo mismo. Lo cierto es que todo esto no es casualidad, sino que existen personas e instituciones que se oponen a que este debete se dé, pues ello hace preligar su posición de ventaja. Pero esa actitud no puede ser calificada sino de miserable, porque mientras tanto grupos afines a Sendelo Luminoso tendrán una puerta abierta en la vida de este país.




2 comentarios:

Ron dijo...

Estimado profesor, coincido con usted en la lectura que hace de nuestra situación, el radicalismo político de los años 80 y 90, hoy tienen versiones atemperadas que impiden la discusión pública. La tragedia que representaron por igual Abimael y Fujimori, tienen hoy grupos políticos activos en el congreso o en los gobiernos regionales con un proyecto similar : exacerbar las tensiones hasta crear un clima propicio que legitime la dictadura.

Alessandro Caviglia Marconi dijo...

Estimado Ron, fracias por tu comentario. Ciertamente, esos grupos radicales tiene posiciones importantes en el sistema político y en el gobierno, cosa que es muy peligrosa para la democracia y para el país.