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martes, 28 de julio de 2015

CONCENTRACIÓN Y MEDIOS: LAS AMENAZAS PARA LA DEMOCRACIA Y CONTRA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Hace unos días la agencia internacional TELESUR me hizo una entrevista en el contexto de la concentración de medios en el Perú. La razón por la que me invitaron fue mi post a propósito del impasse entre Perú.21 y Germán Alarco. Ciertamente, TELESUR pertenece al bloque del ALBA y aunque no comparto todas las ideas que ellos defienden, accedí puesto que como demócrata y liberal de izquierda rechazo la concentración de medios. 
La concentración de medios disminuye la libertad de expresión. Y toda forma de restricción arbitraria de esta libertad es una amenaza contra la democracia y se convierte en una forma de dominación, tal como lo percibió el Papa Francisco en su visita al Paraguay. 
Sin más, comparto el enlace.
https://www.youtube.com/watch?v=ui6_GWKzpLk

domingo, 18 de enero de 2015

El fortalecimiento de los radicalismos y la defensa de las libertades


Los atentados del terrorismo islámico sucedidos últimamente en  Francia hace un par de  semana pasada contra la revista Charlie Hebdo ha conmocionado Europa y el mundo entero, así como el último número de la revista ha producido una gran revuelta en muchos grupos en por países islámicos.. Hay quienes han equiparado estos acontecimiento con el 11de septiembre. Pero las reacciones que  han sorprendido más han sido de dos tipos:1)  Hay quienes han abogado por una política de endurecimiento de las fronteras en Europea, 2)  por otro lado se han escuchado voces que reivindicaban unas supuestas raíces cristianas de Europa, además 3) se ha señalado que es necesario colocar límites a la libertad de expresión y, finalmente, 4) no han faltado quienes señalan que no existe el derecho a blasfemar. Esta no es una lista exhaustiva y se podrían añadir otras reacciones relevantes. Además, no comentaré estas cuatro reacciones, por separado, sino que realizaré un comentario general. 

Una de las primeras presiciones que necesitamos tener en cuenta es que el radicalismo islámico y el yihadismo no representan al islam en general. Es necesario hacer una distinción entre el islam, en tanto que fe, y el islam político. El islam, en tanto que fe, expresa una serie de espiritualidades que se encuentran en debate y que ha sido y es sumamente productivo tanto espiritualmente como cultural y materialmente. La religión islámica carece de una estructura jerárquica, a diferencia del catolicismo, y cuenta con una serie de autoridades que pueden diferir entre sí respecto de la interpretación de los textos del Corán como de los acontecimientos en el mundo.  En cambio, el islam político no representa más que movimientos políticos de extrema derecha que utilizan la religión como motivos de convocatoria de masas. El sus posiciones más extremas, el islamismo político representa lo que en Europa es el neonazismo o el movimiento de Jean Marie Le Pen, el Frente Nacional, o la extrema derecha peruana, así como otros grupos de extrema derecha que han proliferado en Estado Unidos, Europa y América Latina. Algunos de esos grupos radicales tienen una retórica cristiana, pero no representan en absoluto la fe cristiana.   

Por otro lado, es cierto que existen sectores en el mundo islámico que son muy sensibles frente a las burlas a la religión y a Mahoma, y en cierta medida se comprende que las caricaturas del semanario francés no les haya causado ninguna gracia. Pero hay que tener dos cosas en cuenta. La primera, es que esas caricaturas de han realizado en un país europeo y no en África ni en el Medio Oriente. Pero, en un mundo donde cada vez el alcance de las comunicaciones y las influencias culturales mutuas, el mundo islámico debería de comprender también la dinámica de la libertad de expresión que articula las sociedades europeas. La segunda, que los musulmanes residentes en Europa tienen que insertarse en la dinámica de la vida social de los países europeos, incluyendo los derechos y las libertades que éstos tienen como parámetros y posibilidades. Ciertamente, las comunidades islámicas en Europa pueden colaborar para modelar la esfera pública de los países en los que radican, pero deben ser moldeadas al mismo tiempo por ella, en un proceso de integración social. En un mundo como el que tenemos ahora, no podemos darnos el lujo de desconocer al otro, de no comprenderlo y de tener una imagen burda de las prácticas del otro, tanto si se trata de alguien que vive en otros continentes como aquellos que son nuestros vecinos pero tienen otras tradiciones religiosas y culturales.

El no derecho a la supuesta blasfemia y la supuesta raíz cristiana que Europa estaría llamada a defender son dos ilusiones creadas por grupos radicales que es necesario cuestionar. Una blasfemia sólo la puede proferir alguien que desde dentro de una religión habla mal de lo sagrado para esa religión. Cuando sucede otra cosa, como la mofa de los símbolos religiosos de otros, ello no puede ser calificado de blasfemia, sino de ofensa a las creencias religiosas del otro. Si no tenemos eso claro, tendremos una confusión conceptual que enturbiará el debate público. Respecto de la supuesta raíz cristiana que Europa estaría llamada a defender es necesario que más antigua que la judeocristiana ha sido la herencia greco-romana. Además, apelar a una especie de réplica de "América para los americanos" para la Europa contemporánea deja de ser serio y cae en el ámbito de lo pintoresco o la añoranza folclórica. Europa es hoy, más que nunca, un continente pluricultural y multirreligioso. La reivindicación de las raíces cristianas van en sentido opuesto del fortalecimiento de la integración social que se necesita. Agrava los problemas más que aminorarlos y muestra una falta de comprensión de la situación que no podemos darnos el lujo de mantener en ninguna parte del mundo actual. Se entiende que los partidarios de la retórica del no derecho a la blasfemia y de la protección de las raíces cristianas tengan motivaciones políticas de extrema derecha, pero también hay que entender que se trata de una enorme irresponsabilidad política que conduce por irritar las identidades de las personas. La pregunta es, ¿es legítimo tener una retórica que conduzca a un mundo más violento sólo porque se quiere tener mayor poder político? La respuesta es abiertamente no.

Si en un país europeo u occidental alguien siente su religión agraviada, las democracias tiene mecanismos judiciales para manejar esas situaciones. Además, la misma dinámica de las sociedades democráticas permiten perfilar la comprensión de las libertades de unos y los derechos de otros respecto a la expresión y el agravio. No se requiere de recortes de las libertades desde el poder ejecutivo, porque ello no pertitiría el aprendizaje social y desplazaría los focos de agresión a otros campos. La represión de las libertades terminan por desplazar el conflicto a otra esfera de la sociedad en la cual termina por ser más difícil de manejar. La respuesta no puede ser la limitación de las libertades ni la represión de las mismas, sino el manejo inteligente de los problemas. La voz de la extrema derecha clama por la represión, pero debemos de ser, como mundo, más inteligentes que eso.  

domingo, 18 de mayo de 2014

¿MERECEN LAS OPINIONES RESPETO?

    Como docente universitario me he tenido que hacerle la siguiente pregunta a mis estudiantes: "¿Consideran ustedes que las opiniones merecen respeto?". La respuesta inmediata es un  "sí" enfático. Entiendo esa reacción inmediata ya que en los medios se ha repetido indefinidamente esa afirmación y a menudo sucede  que asumimos como ciertas ideas que se repiten constantemente.  Pero, al examinar más de cerca esa afirmación, los estudiantes se dan con algunas sorpresas. 
          Para creer que todas las opiniones merecen respeto, lo que debemos asumir es que descalificar una opinión es igual a descalificar a la persona quien la ha emitido, es decir, puesto que toda persona merece respeto, sus opiniones también lo merecen. Pero esa identificación entre la persona y sus opiniones debe ser cuestionada. Apoyar esa identificación es como estar de acuerdo que cuando desaprobamos las acciones de alguien lo que hacemos es descalificar a la persona. Y esa inferencia es falsa.
         No toda opinión merece respeto. Aquellas mediante las cuales difamamos o calumniamos a alguien merecen nuestra desaprobación más que nuestro respeto. En este punto los estudiantes universitarios suelen estar de acuerdo. Pero hay un segundo nivel: una opinión que carece de fundamentación o justificación argumentativa debe ser cuestionada. En este nivel, los estudiantes ponen cara de no entender de qué se está hablando. Entonces mi experiencia es como si ellos perteneciesen a un mundo totalmente diferente al mío.  Su mundo es ajeno a la argumentación racional y a la fundamentación de lo que se dice. En ese momento me veo forzado a aclarar algunas nociones de lógica básica, especialmente, qué es un argumento o un razonamiento válido. Les explico, entonces que una afirmación se puede sostener en un argumento, y en el debate público debe vencer la autoridad de mejor argumento.
          Tres elementos impiden que las personas confíen en la argumentación: 1.- la popularidad de la pareja relativismo - fundamentalismo, 2.- la ausencia del razonamiento sobre la moral, las costumbres y el derecho positivo, y 3.- una falsa concepción sobre la libertad de creencia, la libertad de pensamiento y la libertad de expresión.
          La pareja relativismo - fundamentalismo se ha vuelto muy popular. Los defensores del relativismo señalan que cada opinión vale lo mismo, mientras que el fundamentalismo sacraliza ciertas afirmaciones porque las encuentran apoyadas en una autoridad religiosa o pseudoreligiosa (Dios o un líder que se considera poseedor de la verdad absoluta). Ambas posiciones de esta pareja comparten algo: la desconfianza en la argumentación racional. 
            Sucede que, a la par, la moral y las costumbres convencionales como también el derecho positivo son asumidos acríticamente. Se asume que no pueden ni deben ser confrontadas sino seguidas. Se considera también que no deben ser examinadas racionalmente. Los estudiantes de derecho y muchos abogados y juristas no entienden (o consideran una herejía) la distinción entre pensar en el marco de la constitución y pensar la constitución. 
           Finalmente, una falsa concepción de la libertad de creencia religiosa, de libertad de pensamieto y de libertad de expresión también se ha vuelto muy popular. En esta concepción se reintroduce la máxima relativista de "todo vale".  Pero si esas libertades fuesen absolutas no entenderíamos porqué ciertas prácticas religiosas no son toleradas en un Estado Democrático de Derecho (como los sacrificios humanos o la esclavitud) y ciertas declaraciones pueden ser censuradas, como es el de la apología al terrorismo. Incluso, si viviésemos en una sociedad en la cual el derecho no penaliza la apología al terrorismo, ello no significa que  la libertad de expresión sea incompatible con la posibilidad de cuestionar la opinión de alguien.
      Si las opiniones no puedan ser cuestionadas y fundamentadas, el debate público y el debate académico carecerían de sentido. Otra cosa muy distinta es que nos encontremos en una sociedad en el cual el debate sea precario, y se le dé más importancia a la opinión de la Sra. Valcárcel que a la de los intelectuales respecto de la propuesta de ley de Unión Civil.