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jueves, 15 de agosto de 2013

LA RUTA DE LA MENORIA Y EL CONFLICTO ARMADO INTERNO


            El Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, informe que este año cumple una década de su presentación pública y respaldo del Estado, utilizando la terminología presente en los documentos del Derecho Internacional Humanitario (DIH) ha calificado lo que vivimos en el Perú durante las décadas de los 80 y 90 como “conflicto armado interno”.  La elección de dicho término no fue ni arbitraria ni ideológica, sino porque así lo indican los varios Convenios de Ginebra, en sus artículos 3. Dichos Convenios distinguen dos categorías, no más: a) los Conflictos Armados Internacionales (CAI) y b) los Conflictos Armados No Internacionales (CANI).
            Además, dicha terminología describe lo que sucedió en este país. De una parte se encontraban los grupos terroristas, de otro lado, las FF.AA. y en medio de ambas se encontraba la población. No sucedió lo que Crespo y el MOVADEF señalan, que se trató de una Guerra Civil, porque para ello debe haber fraccionamiento de las FF.AA. Ni Sendero Luminoso ni el MRTA consiguieron que parte de ellas se uniese a sus huestes. Pero tampoco sucedió que se trataba de un enfrentamiento en la que había sólo dos partes, los terroristas, de una, y las FF.AA. junto con la  población, por otra. Los testimonios de muchos involucrados en el conflicto desmiente esa versión que la extrema derecha quiere popularizar. Claro que no se trata de testimonios recogidos en Miraflores o San Isidro, sino en Ayacucho o en otras zonas del interior del país.
            De esta manera, el término “Conflicto Armado Interno”, utilizado por la CVR en su Informe Final se encuentra plenamente justificado. Ahora bien, sucede que el 7 de agosto del presente se produjo un debate acalorado sobre este término en la Municipalidad de Lima.  El debate tuvo como centro el proyecto propuesto por la alcaldesa de organizar un circuito de visitas a lugares de la ciudad de Lima en los cuales se había vivido el conflicto durante las dos últimas décadas del siglo pasado, llamado “Rutas de la Memoria”. El evento se inscribe dentro de las actividades de los diez años de la entrega del Informe Final de la CVR.  Esta iniciativa generó la airada respuesta de algunos regidores del PPC, precisamente, Alfredo Lozada, Jaime Salinas y Jorge Villena. Los argumentos de estos regidores del PPC se centraron en tres temas: 1) El proyecto “Rutas de la Memoria” era un paseo turístico, 2) el término “Conflicto Armado Interno” es una herramienta ideológica de los supuestos  “comunistas redactores de la CVR y defensores de los terroristas” y 3) el Informe Final de la CVR no debe ser tomado en cuenta ni debatido por que, según los regidores del mapa “no necesitan que nadie les cuente lo que han vivido.
            El primer argumento es tan débil que se cae por su propio peso. Es claro que se presento para banalizar el proyecto. El segundo es cuestionable si se tiene en cuenta la terminología estándar  utilizada en el DIH. Y el tercero es tan burdo como decir que una persona que sufrió, como población civil afectada, los daños de la Segunda Guerra Mundial puede tener un punto de vista más claro del que se puede conseguir por medio de la investigación histórica. Lo que queda claro es que a Lozada, Salinas y Villena no les interesan los argumentos, sino desacreditar el trabajo de la CVR. Sus intervenciones no presentan una búsqueda decidida de esclarecer el juicio de los regidores respecto del tema. Es lamentable que el PPC tome estas actitudes respecto del Informe Final. Felizmente Lourdes Flores Nano hizo declaraciones que buscaban poner paños fríos en el debate. Lo mejor que puede hacer el PPC, y esto lo entienda tal vez Lourdes y otros más, pero  no todos sus representantes, es deslindar de la derecha radical de este país.
            Dejo el link de la sesión, para que puedan ver las intervenciones


domingo, 28 de octubre de 2012

UNA ALCALDESA VALIENTE

La alcaldesa de Lima, Susana Villarán está mostrando la valentía y la entereza que sus predecesores no habían tenido al momento de plantearse hacer frente a dos problemas centrales de la ciudad: el de la Parada y el del reordenamiento del transporte. Sus adversarios políticos han argumentado que la estrategia para llevar adelante ambos proyectos no era adecuada, y por ello se produjeron actos de violencia extrema el jueves en la Parada, y que por lo mismo tiene un sector de transportistas y de medios de comunicación que apoya la revocatoria.

            ¿Por qué razones ni Andrade ni Castañeda tomaron cartas sobre el asunto cuando eran alcaldes? No es difícil adivinar la respuesta: el costo político que ello implica. Se puede criticar muchas cosas al operativo del jueves: la alcaldesa no estaba en Lima, era una mala hora para realizarlo, debió de pensarse en intervenir a los camiones de abastecimiento de la Parada en la carretera y no en La Victoria. Todos estos argumentos caen por su propio peso, por lo absurdo. Los vándalos de la Parada estaban esperando a la policía y se había montado dentro del mercado una olla común para alimentarlos por si el operativo tardase, grupos asociados al MOVADEF estaban infiltrados para aprovecharse del pánico y generar zozobra, además resulta absurda la idea de cerrar el acceso a los camiones desde las vías de acceso a la ciudad. Lo que sí resulta claro el hecho que falto es más eficacia de inteligencia y la coordinación de la alcaldía, y los ministerios de  Interior y de Agricultura. De hecho esos desajustes se realizaron, y el sábado el operativo se había concluido completamente.

            Llevar a cabo este operativo, teniendo sobre la cabeza la espada de Damocles de la cuestionada revocatoria y la oposición de un sector de los transportistas requiere cierta entereza que no se ha visto desde hace mucho tiempo por la alcaldía de Lima. Señalo que la revocatoria es cuestionable por dos razones centrales: 1) los revocadores habían presentado firmas falsas, lo cual constituye un delito, y resulta cuestionable el que se premie a quienes han cometido un delito accediendo a sus pedidos (como lo señalo la jueza que estaba viendo el caso). De hecho el proceso por las firmas falsas está en camino y no se ha cerrado. 2) Esta cuestión y el que los revocadores hayan tenido un día más, de manera misteriosa, ha hecho que se abran dos procesos ante el Tribunal Nacional de Elecciones: el de la RENIEC contra los revocadores ante la mencionada falsificación de firmas, y el reclamo de la alcaldía por ese inexplicable día adicional para presentar firmas. Pero en las dos cuestiones parece que hay manos políticas en acción a favor de los revocadores.

            Por otra parte, lo sucedido el jueves en la Parada es la manifestación de algo que está sucediendo en este país desde hace casi una década: las movilizaciones ilegales no son enfrentadas por el Estado y logran sus objetivos.  Ello ha hecho que los movimientos violentos e ilegales aumenten en una escalada alarmante y el que las ideas de Estado de Derecho y del Imperio de la Ley sean puestas en entredicho. El Estado debe utilizar la fuerza legítima, respetando los derechos humanos para hace que su autoridad sea respetada. El jueves los vándalos azuzados políticamente creyeron que bastaba con actuar con violencia para imponerse frente a la autoridad del Estado, ¿de dónde les habría venido esa idea? Ciertamente de dos fuentes: del conocimiento de las experiencias exitosas de otras movilizaciones anteriores, y de los movimientos políticos que se encontraban infiltrados ese día en la Parada. Ciertamente, no contaban con la presencia de una autoridad que no tenía temor a perder su puesto con tal de imponer la ley en la ciudad.
          En estas circunstancias, tanto al caso del transporte como el de la Parada,  sólo nos quedan a los ciudadanos las dos alternativas que Rosa María Palacios presentó este domingo en su columna de La República: “¿De qué lado se pone cada ciudadano? ¿Del lado de la ley, el orden, la autoridad, o del lado de la delincuencia?”