domingo, 21 de abril de 2013

FE, VERDAD Y RAZÓN. LA CUESTIÓN DE LA VERDAD EN "CARITAS IN VERITATE (PRIMERA PARTE)



Las encíclicas papales suelen tener diferentes objetivos. Algunas tienen versan sobre teología moral, otras  sobre teología natural, otras, en cambio, sobre teología social y su contribución a la denominada Doctrina Social de la Iglesia, etc. La encíclica que voy a comentar en esta oportunidad tiene este último objetivo. Se trata de una encíclica de carácter eminentemente social, que denuncia su propósito al establecer una relación de continuidad con la encíclica “Populorum Progressio” de Pablo VI.
            Por la naturaleza de la encíclica, uno podría detectar ciertos puntos para el análisis y la reflexión. Dos de ellos caen por su propio peso. El primero lo constituye la cuestión de la manera en que se establece el vínculo de continuidad con la encíclica precedente de Pablo VI, mientras que el segundo es el esclarecimiento del término “desarrollo” en la encíclica de Benedicto XVI. Pero, puesto que el título del documento incluye el término “Veritate”, no debe escapar a nuestra reflexión qué se entiende por éste. Es por esta razón que me dedicaré, en las siguientes páginas, a analizar el concepto de verdad que entra en acción en  el documento.
            Tal vez se podría pensar que se trata de un trabajo vano, y alguien podría argüir que es claro qué significa la Verdad.  Otros podrían decir que el tema de la Verdad nos distrae del tema central de la encíclica, que es la caridad entendida como desarrollo. Pero enfocar el tema de la  Verdad no es ni vano ni se encuentra descontextualizado. No es vano, porque el supuesto que señala que todos entendemos y estamos de acuerdo en lo que se asumen que es la Verdad, es un supuesto que no es evidente.  Tampoco se encuentra descontextualizado, puesto que el documento  que nos ocupa entiende que el desarrollo tiene una imbricación estrecha con la Verdad tal como se concibe, de tal manera que se podría afirmar que en él se sugiere que hay un modelo correcto de desarrollo versus otros modelos incorrectos de desarrollo, modelos que se encuentran “fuera de la Verdad”.
El problema del “modelo correcto de desarrollo” también es importante, y no se puede desplazar señalando, a la ligera, que se trata del concepto compartido por los organismos internacionales que tienen mayor prestigio actualmente, como Naciones Unidas. Que yo sepa, en ningún texto de la ONU se vinculan de manera tan directa “desarrollo” y “verdad”. Lo máximo que se puede encontrar en la conexión de “desarrollo” y “libertad”, por parte de uno de los gestores más importantes de la ONU, a saber Amartya Sen. De manera que la encíclica está dando por sentado un conjunto de conceptos que requieren examen  y aclaración.
El presente texto tiene como objeto esclarecer el concepto de Verdad utilizado, a fin de espejar un conjunto de dudas y cuestionamiento que el documento nos deja. Para ello abordaré la cuestión siguiendo el itinerario siguiente: puesto que el tema de la verdad tiene una preeminencia especial, abordaré la novedad de esa preeminencia como una de las mayores novedades de la encíclica de Benedicto XVI frente a la de Pablo VI (1). En vistas de que el concepto de Verdad es correlativa al concepto de Razón, pasaré a examinar ambos conceptos en el documento, a trasluz de otros textos de Joseph Ratzinger (2)  y sopesar tales concepciones con otras concepciones rivales de Verdad y Razón (3). Puesto que los conceptos de Verdad y Razón que la encíclica propone son conceptos que provienen de la filosofía griega, se hace necesario abortar el problema de la helenización del mensaje cristiano (4). Finalmente, anotaré algunas conclusiones (5).


1.- La novedad de “Caritas in Veritate” respecto de “Populorum Progressio”

            La novedad central de la encíclica de Benedicto XVI respecto de la de Pablo VI consiste precisamente en el énfasis respecto a la Verdad. El tema de la Verdad se encuentra presente desde el título y es el tema de la primera parte del documento. Ciertamente, el tema de la Verdad también se encontró en la encíclica de Pablo VI, pero no ocupando un lugar tan grande.  La intensidad no lo determina, claro está, el dedicarle más o menos páginas, sino dedicarle un lugar central (en el título y en la primera parte). También hay otras novedades, pero menores, respecto a los cambios que se han dado en la sociedad en los años que separan una encíclica de la otra.
            De esta manera, en el primer párrafo de la encíclica se señala:

“La caridad en  la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”[1]

            Y respecto del amor (“caritas”) se señala que:

“Es una fuerza que tiene tu origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta”[2].

            Y continúa señalando que  defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida sin formas exigentes de insustituibles de caridad. Hasta este punto, encontramos en el documento un compromiso perfectamente esperable en un documento pontificio, aunque sorprende los términos “defender” y convicción”.
            Ciertamente, y especialmente cuando nos ubicamos en el terreno de las creencias religiosas, las personas suelen asumirlas en un sentido fuerte, con cierta convicción. Es propio de toda creencia la característica de que alguien la asume con cierta actitud conservadora. Todos tenemos una tendencia natural a ser conservadores con nuestras creencias, pues resulta ser psicológicamente costoso transformar creencias que se encuentran en el corazón de nuestros sistemas de creencias.
            Pero esa natural actitud conservadora, que es sana, adquiere, a lo largo del texto una “vuelta de tuerca” que llama la atención. Así, citando a Pablo de Tarso –Ef. 45- se señala que es necesario que la verdad se funde en la caridad (veritas in caritate), pero se añade algo que requiere explicación, que el sentido inverso también es correcto, es decir que hemos de basar la caridad en la verdad. En la formulación de Pablo de Tarso, queda clara la primacía de la caridad. En la afirmación de Benedicto XVI queda subrayada la primacía de la Verdad. Ciertamente, esto se puede entender de la siguiente manera: tanto el amor como la verdad son importantes en la creencia religiosa, pero es difícil creer que la Verdad pueda tener prioridad sobre el amor sin generar sufrimiento y crueldad.
            La centralidad que va adquiriendo la Verdad en el texto va conduciendo a la creencia religiosa en una convicción combativa. Aparece como un grito de batalla de la milicia que se enfrenta a la llamada “dictadura del relativismo”, ciertamente sin entender claramente qué podría significa esto último. Que yo sepa, nadie está realmente comprometido realmente con el relativismo, ni en la filosofía ni entre las personas de a pie. Y si fuese el caso de enfrentar el relativismo, hay que esgrimir argumentos, no armar milicias, pues enviar un ejército de creyentes en la Verdad demuestra lo contrario de lo que se busca: si lo que se busca mostrar que es mejor la convicción al relativismo, lo que termina por presentarse es que carecemos de razones que dar a las personas de que el relativismo es una mala idea. Traigo a colación el combate contra el relativismo, porque la vuelta de tuerca que sobrevalora la Verdad da cuenta que la cuestión preocupa de manera desmedida.    
            Ahora bien, la centralidad en el tema de la Verdad es un tema recurrente en las preocupaciones de Joseph Ratzinger. Ello responde a la visión de la sociedad como “perdida” en el libertinaje, en la ausencia de sentido y en el relativismo. Este análisis lleva a Ratzinger a valorar la integración de la religión y la vida social y política que se da en las sociedades integristas islámicas, lo que siembra una duda respecto de las democracias occidentales contemporáneas[3]. Esa ausencia de integración entre la Verdad religiosa, la sociedad y la política es vista como un mal en occidente. Es por ello que el Papa ha intentado subrayar las bases cristianas de la cultura, la sociedad y la política europeas. 


[1] BENEDICTO XVI, Caritas in veritate, Lima: Paulinas, 2009. P. 5
[2] Loc. Cit.
[3] RATZINGER, Joseph;  El fundamentalismo islámico en: Una mirada de Europa, Madrid: Rialp, 1993.

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