jueves, 10 de marzo de 2011

Derecha e izquierda en el Perú

La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas
Lucho Hernández


Satanización de la izquierda

Durante los últimos meses, a raíz de la contienda electoral municipal, pudimos observar en acción toda una maquinaria que tenía como finalidad satanizar y criminalizar a la izquierda. Los medios de comunicación tenían como consigna decirle al espectador "si Ud. vota por la candidata de la izquierda (es decir, la actual alcaldesa, Susana Villarán, estará cometiendo un crimen" Ciertamente, si uno hace apología del terrorismo estaría perpetrando algo que va contra las leyes, pero en un país con un sistema de partidos sano, votar por la izquierda no radical no es algo condenable. 

Rechazo  de la democracia

Pero estos sucesos son la muestra de una actitud que la derecha ha estado mostrando desde décadas en en Perú.  Dicha actitud nos muestra que hay una derecha en este país que rechaza la democracia. Ciertamente, no se puede evitar que algunos grupos sean esemigos de la democracia, pero el problema es que se trata de un sector dominante en la derecha peruana.

Ciertamente, contamos también con una derecha democrática, pero ésta no es tan fuerte como la antidemocrática. La derecha antidemocrática se encuentra coludida con los poderes fácticos para hacer que en este país tengamos una "democracia de baja intensidad" o lo que Alexis de Tocqueville denominó "despotismo blando".

Esta derecha autoritaria quiere libertades económicas, pero no libertades políticas. Es decir, pugna porque el mecado no tenga ningún tipo de regulación por parte del Estado, especialmente en mercado de trabajo, y rechaza el derecho de la población a ser partícipe del diseño del proyecto político para el país. Esta derecha tiene su propio proyecto y no está dispuesto a negociarlo con nadie. Por ello pone "mano dura" o "mano de acero" para que no se cambien los planes.

La alianza con los poderes fácticos

Esta derecha autoritaria está aliada con los poderes fácticos. Representa los intereses de las grandes empresas que son propiedad de las familias más poderosas del país. Los medios de comunicación irradian contantemente el discurso que la favorece, el del Perú como un país de emprendedores. Y para que nadie se atreva a cuestionarla, cuenta con el apoyo del sector corrupto de las Fuerzas Armadas, es decir, aquél sector que sobrevivió al encarcela miento de Montecinos, es decir, el sector que le impuso a Fujimori el año 90 la implementación del "Plan Verde", proyecto que Fujimori aceptó complaciente y pensando en los benefifios que eso le iba a significar.

Y el sector dominante de la Iglesia Católica, de tendencia ultraconservadora y autoritaria, resulta ser el cuarto poder fáctico que sirve de apoyo a la derecha autoritaria. Se trata de aquél sector de la Iglesia Católica que persiguió a Gustavo Gutiérrez y a la teología de la liberación, teología que significó una renovación muy importante en el pensamiento teológico, social y político no solo en el Perú, sino en el mundo. Se trata de aquél sector radical de la derecha católica que desea fervientemente que no existan universidades como la Pontificia Universidad Católica del Perú o la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Aquella que se opone al reparto de preservativos para evitar la expansión del sida, oposición que se defiende diciendo que eso resultaría un relajo de las buenas costumbres. Aquél mismo sector que adoctrina a los jóvenes en sus universidades y abriga la creencia que en el Perú hay ciudadanos de primera y segunda categoría, y por lo tanto las mujeres y los gays carecen de plenos derechos.

¿Esperando a los bárbaros?

Si la derecha democratica está tan disminuída, es tan vez porque nosotros, los ciudadanos dejamos que eso ocurra. Seamos de derecha o izquierda democrática, nos importa sobre manera que haya una derecha moderada, dialogante y democrática, como nos importa que suceda lo mismo con la izquierda. 

El poeta griego Contantino Cavafis tiene un poema titulado "Esperándo a los bárbaros", en el que se relata que la pobración se encuentra de brazos cruzados esperando a los bárbaros, quienes solucionaran todos los problemas. La tristeza se apodera de ellos cuando se enteran que los bárbaros no existen.