lunes, 17 de septiembre de 2007

¿Podemos los cristianos no estar comprometidos con la memoria?

Introducción.

La fe cristiana ha heredado de la judía la conciencia de ser la “fe de los padres Abraham, Isac y Jacob”, así como el hecho de la promesa que Yahveh hace a su pueblo.. Con el advenimiento de Cristo el pueblo de Dios se ensancha y desborda los límites del pueblo de Israel. Así, la humanidad en su conjunto se hace heredera de la promesa, pues en la persona de Jesús de Nazareth se conjugan lo particular de encontrarse conectado con la “fe de los padres”, con lo universal que significa que el hecho de la promesa de salvación deviene para todo ser humano, sin excepción de su adscripción cultural. La Iglesia, en tanto que heredera de Pedro, se encuentra comprometida con esta doble dimensión de particularidad y universalidad.
Tanto la conexión con la “fe de los padres” como la promesa de salvación universal que el Padre hace al ser humano son sucesos ocurridos en un tiempo pasado. Si bien la “promesa” remite al futuro en el que ésta se cumplirá –como realización del Reino- ésta remite constantemente al creyente a la rememoración de que tal promesa la hizo Yahveh al padre Abraham en el pasado. Esta característica histórica de la promesa ancla la fe cristiana en la actividad de la memoria. De ahí que los cristianos nos encontremos recordando constantemente tanto las enseñanzas como el sacrificio de Jesús; el hecho –retenido en el kerygma- de que aquél que murió en la cruz (por nuestra la liberación) ha resucitado y está vivo, como la promesa del Padre[1]. Todos estos elementos centrales de la fe conducen al cristiano a un ejercicio de anámnesis, ejercicio en el que se reactualizan sucesos importantes para el creyente[2]. De esta manera, la Iglesia, habitada por el Espíritu, se encuentra remitida al futuro de la venida del Reino gracias a su conexión con la memoria. Asume, así, su conexión con la Historia de la Salvación.
Por su parte, el trabajo y el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) han tenido la tarea de recordarnos a todos los peruanos los hechos ocurridos durante los veinte años de violencia. La tarea de la CVR así descrita tiene una carga rememorativa que hace posible ver la conexión que esta tarea tiene con la experiencia de rememoración que brota de la fe cristiana.
Tal conexión involucra el concepto de “Historia de la Salvación”: puesto que la comunidad de creyentes, es decir la Iglesia, se encuentra concernida en la historia de la salvación, y que esta historia no sólo abarca el antiguo y el nuevo testamento, sino el periodo posterior a la conformación de las primeras comunidades cristianas –período que abarca hasta nuestros días-; a la Iglesia no le es indiferente la historia reciente del país –historia marcada por la vergüenza, la humillación, el sufrimiento y el asesinato- sino que ésta se encuentra comprometida, por su propia fe, con el recuerdo de estos sucesos de la historia reciente, así como con el trabajo por la restitución de la justicia. Puesto que la CVR ha realizado su trabajo rememoración en vistas de la restitución de la justicia, la Iglesia se encuentra comprometida con la CVR.
Puesto que el trabajo de la CVR involucra el conocimiento de casos de violaciones de derechos humanos, el compromiso de los cristianos para con el trabajo de la CVR se conecta directamente con la denuncia de las violaciones de derechos humanos ocurridas durante los que la comisión ha investigando. Puesto que en cada persona habita el Espíritu, además del mandamiento del Amor que los cristianos recibimos del mismo Cristo, nos encontramos comprometidos con la persona humana y la defensa de sus derechos fundamentales expresados en la cultura de los derechos humanos.
Sin embargo, frente a la CVR y su trabajo algunos sectores de la sociedad han respondido de manera adversa. Entre las múltiples actitudes en su contra mencionaré la de aquellos que consideran que es necesario recordar, pero que los miembros de CVR son cuestionables por sus filiaciones ideológicas, de modo que se tendrían “razones” para desconfiar del informe. Frente a ello hay que decir que si bien los miembros de la CVR son personas, que como humanos pueden tener defectos y no ser perfectas, el trabajo que han realizado es de probada calidad. Los procedimientos utilizados para seleccionar los lugares donde recoger los testimonios, el manejo y el procesamiento de la información recogida, la pluralidad de los miembros de la CVR –que contaron con miembros de la Iglesia Católica, un representante de las Iglesias Evangélicas, un miembro fujimorista y un representante de la FF.AA – garantizan la calidad del trabajo y del informe final.
Otros adversarios –y en ellos me quiero detener- han cuestionado el trabajo de la comisión por que éste significa el intento de recuperar la memoria histórica del país. Los partidarios de la antimemoria presentan dos tipos de “razones” distintas, que por momentos se entrecruzan y por momentos se independizan la una de la otra. Algunos, aplicando una metáfora terapéutica en contra de la política del recuerdo, sostienen que lo ocurrido durante los años de violencia produjo heridas y los esfuerzos de la CVR por recuperar la memoria no hacen más que reabrirlas. Lo mejor que puede hacer la sociedad peruana – sostienen - es no volver a tocar el tema para dejar que las heridas “cicatricen”. Otros, en tanto, se oponen a la rememoración porque tienen la mala conciencia de quienes están involucrados en actos criminales. Este último grupo, si bien no se encuentra comprometido con la memoria, sí está encadenado a ella. Creen, entonces, que sepultando el recuerdo podrán limpiarse las manos ante la justicia.
De todos estos grupos adversos, aquél que me interesa es el que esgrime la metáfora terapéutica en contra de la política del recuerdo. Pero no quiero dejar de señalar que algunos adscriben dicha metáfora porque se encuentran en el grupo de quienes tienen “rabo de paja” y se hayan encadenados por la justicia. En este segundo caso, el uso de la metáfora terapéutica tiene un carácter eminentemente instrumental y criminal.
En lo que sigue discutiré la validez de la metáfora terapéutica en contra de la política del recuerdo (1), para, seguidamente, demostrar cómo los cristianos no pueden abrazar conscientemente dicha metáfora (2). La agenda de la CVR se entrelaza con la de los derechos humanos, puesto que muchos de los casos traídos a la memoria han representado violaciones de tales derechos. En ese sentido, el compromiso de la Iglesia en la recuperación de la memoria se conecta directamente con la apuesta por los derechos humanos. Es por ello que en la tercera sección de este artículo presentaré cómo el compromiso de los cristianos con la memoria conduce directamente a un compromiso con la apertura de procesos judiciales, sociales y culturales en clave “derechos humanos” (3).


1.- ¿Es correcta la metáfora terapéutica en contra de la política del recuerdo?

Quienes se encuentran comprometidos con la “metáfora terapéutica” de buena fe argumentan, como ya señalé, que los años de violencia produjeron heridas en la sociedad peruana y que es necesario dejar que éstas cicatricen. La cura exigiría, en consecuencia, no reabrir las heridas. El trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación –continúa el argumento- pretende hacer viva la memoria de los años de violencia, con lo que lo único que se obtiene es reabrir las heridas. En consecuencia –concluye el argumento -, el trabajo de la Comisión no es bueno para el país y no debe ser apoyado ni por el Estado, ni por la sociedad civil, y, por supuesto, tampoco por la Iglesia Católica.
Otra forma de este argumento se cuelga del término “reconciliación”: cuando la “reconciliación” no significa el perdón a los grupos subversivos sino la reconstrucción de la armonía entre los peruanos (entre gobernantes, militares y civiles), recordar y denunciar las violaciones de derechos humanos de seguro, va en contra de la armonía. Esta reformulación del argumento concluye entonces que la política de la reconciliación exige una política de amnistía – bajo la justificación, por cierto ideológica, del perdón - para con los agentes del Estado involucrados en violaciones de derechos humanos.
El argumento es claramente falaz pues opera por medio de un vicio lógico denominado “petición de principio”. Tal falacia exige que aceptemos como principio del argumento – premisa - la verdad de una proposición falsa. Dicha premisa falsa se oculta bajo la proposición que reza: “la cura exige no reabrir las heridas”. ¿Por qué es falsa dicha afirmación?. Porque el significado de la palabra “cura” no siempre exige no reabrir las heridas. Las curas exigen, muchas veces procesar y tratar heridas. Por momentos es necesario reabrirlas para limpiarlas y desinfectarlas adecuadamente. Propondré tres ejemplos.

a) Para el caso de una herida corporal –en el brazo, por ejemplo- cuando aún se mantiene en la profundidad una zona infecciosa, la cura exige reabrir la herida para retirar completamente la pus, muy al contrario de la supuesta exigencia de no tocar la herida.
b) Para el caso de una herida psíquica – la pérdida no superada de un ser querido - la cura exige, en vez de aislar los recuerdos sobre la persona en cuestión, revisar y tratar la naturaleza de la relación con esa persona.
c) Para el caso de una herida social –fruto, por ejemplo, de la injusticia o la violación de derechos humanos – la cura exige dar la oportunidad a todo ser humano sufriente de ser escuchado, para que los operadores de la sociedad identifiquen a los responsables de los daños y definan las reparaciones a seguir por la justicia y que los responsables sean puestos a derecho (en vez de aplicar políticas de amnistía).

Para todos estos casos, en los que el significado del término “cura” no exige no reabrir heridas, sino lo contrario, la metáfora terapéutica usada en contra de la política del recuerdo muestra su falsedad. Lo que se muestra aquí no es que toda metáfora terapéutica sea falsa, sino sólo aquellas que exigen una política del olvido. Y esto es así, porque en ellas el trabajo terapéutico se muestra inconcluso: no se extrae la pus por completo, o no se atiende completamente el dolor psíquico, o no se restituye la justicia y ni se sancionan a los violadores de derechos humanos. Lo que se exige a la metáfora terapéutica es una radicalización de la cura. Así se muestra que la terapia no ha terminado, sino que requiere ser continuada por medio del trabajo del recuerdo.
El trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación tiene una finalidad terapéutica. Intenta curar las heridas que los años de violencia y de violación de derechos humanos ha dejado en la comunidad peruana. Pero lejos de adherirse a una política del olvido, se compromete con una política del recuerdo, porque entiende que la terapia exige la recuperación de la memoria y la aplicación de justicia.
Es en este contexto que el procesamiento de la memoria adquiere su importancia, puesto que la “cura” exige tomar las precauciones y cuidados del caso. Si el material de trabajo terapéutico “en función de la rememoración” son los recuerdos de lo sucedido, no debemos olvidar que la memoria humana es selectiva. Dicha selectividad puede cobrar dos sentidos claramente ideológicos. Una ideología es una construcción sobre nosotros mismos, sobre el mundo y sobre nuestro papel en él que carece de asidero en la realidad. En esta primera utilización de la acepción ideología, ésta se pondrá al servicio de la justificación de las acciones por parte de los culpables. De esa manera podríamos, de manera ideológica, decir que las muertes de civiles inocentes y las violaciones de derechos humanos fueron “necesarias” (construcción ideológica que brilla por su tristeza).
La ideología, por otro lado, puede forzarse hacia el otro polo y señalar que el Perú es esencialmente un país injusto, violento, racista y machista, donde los más marginados carecen de las protecciones necesarias respecto de derechos humanos Esta segunda construcción ideológica genera complejos de culpa en el cuerpo social a la vez que consagra y sacraliza conductas y actitudes que la sociedad rechaza. Su expresión más clara se formula en expresiones del tipo ”no nos gusta pero así somos”.
Es complementaria a la construcción de ideologías el recurso a “descripciones definidas” para señalar las identidades de los individuos y los colectivos. Una “descripción definida” tiene por objetivo trazar una línea demarcatoria clara y rígida entre lo que se es de lo que no se es, de manera que cuando se trata de una comunidad política se pueda precisar con cierta exactitud cuáles son los rasgos que distinguen a todos los ciudadanos de los miembros de otras comunidades. Así, usando descripciones definidas podemos decir que los peruanos tienen tal y tal otra característica.
Para evitar las construcciones ideológicas del recuerdo el psicoanálisis ofrece técnicas sumamente útiles. Extraídas del contexto de la terapia psicoanalítica, los procesos de esperar que aparezca ante la conciencia el mayor número de elementos provenientes de las pasadas experiencias traumáticas con el fin de establecer las conexiones más adecuadas, y con asidero en la realidad, entre ellas y poder articularlas en una narrativa coherente termina ofreciendo los parámetros que la cura basada en la recuperación de la memoria exige.
Junto con el ejercicio terapéutico, la CVR significó un acto de justicia para con los olvidados del país. El hecho de darles micrófono para que sus voces sean escuchadas y sus testimonios recogidos ha constituido, de por sí un acto de justicia para con el país entero. Ello permitiría abandonar una historia nacional construida ideológicamente desde las universidades y adquirir un relato más fiel a la realidad nacional.



2) ¿Pueden los cristianos abrazar conscientemente la metáfora terapéutica asociada a una política del olvido?

Una vez mostrada la pertinencia y validez del ejercicio de recuero que el trabajo y el informe de la comisión han llevado a cabo en la sociedad peruana, y una vez mostrada la pertinencia de reemplazar la metáfora terapéutica a favor de la política del olvido por metáfora terapéutica a favor de la política del recuerdo, veamos si los cristianos se encuentran concernidos directamente con el ejercicio del recuerdo que la CVR trae consigo.
Como sabemos bien, la Iglesia se encuentra conformada por clérigos, religiosos y laicos. ¿Pueden ellos, a conciencia, suscribir una política de olvido?. Algunos han afirmado que sí. Dicha afirmación me parece incorrecta y carente de fundamentos bíblicos, evangélicos, pues no se encuentran apoyados en las enseñanzas de la Iglesia.
Sostendré que los xtianos no pueden comprometerse con las políticas de olvido que soplan en nuestra comunidad nacional en estos momentos. Para apoyar tal afirmación recurriré a tres imágenes que forman parte del corazón de la fe cristiana. Las dos primeras imágenes subrayan la centralidad, en el cristianismo, de la rememoración y la construcción de la memoria La tercera imagen tiene como objetivo destacar cómo el compromiso con la justicia –compartido con la CVR- es algo que le viene a los cristianos de las mismas fuentes evangélicas.
La primera imagen ya ha sido mencionada en la introducción. La fe xtiana ha heredado del judaísmo su referencia a la “fe de los padres”. Yahveh establece con el padre de la fe, Abraham, un pacto –la antigua alianza-: recordemos el pasaje del Génesis en el que Yahveh sustituye la víctima del sacrificio por el cordero. Mediante ese acto Yahveh preserva la vida de Isac y establece una alianza con Abraham y su descendencia. En Jesús de Nazareth el Padre renueva su relación con los seres humanos. En la nueva alianza sellada por la inmolación de Cristo, Dios Padre actualiza la promesa del Reino. El pueblo del antiguo testamento constituye y alimenta su fe en conexión con la rememoración del pacto entre Yahveh y su pueblo. Los cristianos encontramos nuestra fe articulada en torno al kerigma. La verdad del kerygma ofrece a los creyentes la certeza de que Aquél que murió en la cruz ha resucitado para la liberación del hombre y vive. El recuerdo de tal verdad deviene fundamental para la vida de la Iglesia.
La segunda imagen involucra la rememoración de la ascendencia de Jesús. Los evangelios[3] recurren a un listado de nombres, que desde Jesús y José se remonta hasta David, Adán y Dios, para subrayar el origen divino del Salvado. No es necesario que dicho listado corresponda a la realidad histórica, su función es la reconstrucción de la memoria para desvelar el misterio de Jesús. Aquí, la verdad respecto de la identidad del Cristo remite a la reconstrucción de la memoria histórica. Al igual que en la antigua filosofía griega que despunta con el poeta Hesíodo, en la tradición de las primeras comunidades cristianas - que articularon los relatos sobre Jesús en los evangelios - se concibió el desvelamiento de la verdad como un ejercicio de la memoria. Hesíodo se apoya en las musas – esas divinidades griegas vinculadas a la anamnesis - para acceder a la verdad sobre los hombres, los dioses y las cosas. Las primeras comunidades requieren también de la memoria inspirada para develar la verdad sobre el Cristo. Esta verdad fundamental – Cristo resucitó - abre la puerta a la verdad sobre Dios Padre, los seres humanos y las cosas del mundo.
Presentaré una tercera imagen que tiene como objetivo mostrar cómo desde dentro de los mismos evangelios podemos encontrar las mismas exigencias de justicia que inspiran la actividad de la memoria de la CVR. Esta imagen recurre a la parábola del dueño del campo que sale por la mañana, al medio día y por la tarde contratando hombres para la jornada. Al final del día ofrece en pago lo que había acordado con cada cual. Al enterarse que todos recibirían lo mismo, los obreros contratados por la mañana temprano reclaman al dueño del campo. Éstos no entendieron que lo que está en juego son dos dimensiones de la justicia: aquella que regula la relación de Dios Padre con los hombres, fundamentada en el amor de Dios y aquella que rige entre los hombres.
Es necesario concentrarnos en esta segunda concepción de justicia. Ésta se encuentra fundamentada en la equidad de derechos y deberes. Cuando los hombres pretenden sobrepasar el fundamento de la equidad comenten idolatría, pues estarían pretendiendo sustituir a Dios. De esta manera, la fe cristiana encuentra su compromiso con la justicia entre los seres humanos, entendida bajo la óptica de la reciprocidad. Cualquier intento de violar los derechos de las personas representa la voluntad de saltar por encima del marco de la justicia. Ese intento vincula de manera especial a los creyentes, pues ellos entienden la articulación y la distinción que existe entre las dos dimensiones de la justicia. Los hombres y mujeres que basan su vida en la fe en Cristo se encuentran comprometidos, entonces, con la justicia[4].
En estas tres imágenes evangélicas podemos encontrar los fundamentos de la conexión entre la fe cristiana y el compromiso con la memoria que brota de la CVR. En las dos primeras aparecen con claridad la relevancia de la memoria y la rememoración para la fe de la Iglesia. Los sucesos recordados en este ejercicio de rememoración de la Iglesia se encuentran insertos en la Historia de la Salvación. Esta Historia es algo que continúa en nuestros tiempos a través de la presencia del Espíritu en la comunidad de creyentes, historia que involucra los sucesos recientes en el Perú. Así, en la interpretación que la Iglesia hace se su propio papel en el mundo –interpretación que la coloca como la continuadora o principal colaboradora en la Historia de la Salvación gracias a su inspiración por parte del Espíritu- se encuentra su conexión con el recuerdo y la investigación de lo sucedido en los últimos veinte años en el Perú en relación a la violencia y a la violación de derechos humanos, así como su compromiso para con la restitución de la justicia por medio de impulsar y promover el desarrollo de procesos judiciales destinados a sancionar a los violadores de los derechos humanos.
La tercera imagen resulta ser más explícita aún, pues en ella se revela la raíz evangélica de la justicia social entendida como equidad de derechos y oportunidades entre los hombres. La segunda dimensión de la justicia subrayada en esta imagen conecta directamente con el ejercicio de la memoria desplegada por la CVR y con la defensa de los derechos humanos.


3.- El compromiso de los cristianos con los derechos humanos.

El trabajo de la CVR –como hemos visto- se encuentra íntimamente ligado a la política en Derechos Humanos. Por otra parte, los cristianos nos encontramos conectados, por nuestra fe, con el trabajo de la CVR. Queda por hacer explícita la conexión entre la Iglesia y el trabajo en derechos humanos. Esta tercera sección está destinada a explicitar aquella conexión.
La declaración de 1948, los pactos y convenios en derechos humanos representan un conjunto de derechos y libertades que tiene una doble dimensión: de un lado indican las libertades y derechos fundamentales que brotan de la dignidad de las personas; del otro señalan los límites de la acción de las fuerzas estatales respecto de los ciudadanos, en virtud de la dignidad inherente a éstos.
Es posible interpretar de muchas maneras la atribución de “dignidad” a las personas. Para los creyentes la dignidad es un atributo que Dios Padre pone en los seres humanos al hacerlos sus hijos. A través de Cristo se revela una doble dimensión en el ser humano: en sentido vertical corre la filiación y paternidad que liga a los hombres y mujeres con Dios –puesto que es con Cristo que viene la conciencia de ser hijos de Dios-; en sentido horizontal corre la fraternidad entre los hombres, fraternidad no fundada en los ideales de la revolución francesa, sino en Dios mismo –otra vez, de Cristo nos viene esa conciencia de fraternidad fundada en Dios y en el hecho de ser hijos de un mismo Padre. Ambos sentidos traen como consecuencia el hecho de que la vulneración de la dignidad humana en cualquiera, movilice en los creyentes acciones de reparación contra la injusticia. De modo que la defensa y promoción de los derechos humanos –fundados, como están, en la dignidad- representan una opción ineludible para los cristianos.
El trabajo y el Informe de la CVR establecen una conexión fundamental entre la “rememoración de la historia de violencia reciente” y la “defensa de los derechos humanos y la denuncia de violaciones de los mismos”. Esta conexión enlaza directamente memoria con justicia. Para los xtianos la justicia no es asunto indiferente, sino que los vincula profundamente por su fe. El proceso de rememoración de nuestra historia reciente, marcada por la violación de los derechos fundamentales de los peruanos, lejos de conducir a los creyentes por los oscuros y dudosos caminos de la política del olvido asociados a la complicidad con la injusticia enrumba a los xtianos al compromiso con la política del recuerdo asociada a la reparación y la restitución de la justicia. Así, el compromiso cristiano con la reparación encuentra su verdadero fundamento en la justicia.

[1] Una formulación extensa de esta verdad se encuentra en Hechos, 13-15.
[2] El término griego anámnesis es significativo tanto para la filosofía como para la teología. En la filosofía griega refiere a que es en la memoria el lugar en el cual debe buscarse la Verdad. El poeta Hesíodo había representado ese recurso a la memoria bajo la forma de las musas; a su vez, Sócrates y Platón señalaban que la verdad consistía en las Formas o Ideas que el alma había contemplado antes de encarnarse y que requería, con el apoyo del dialéctico, recordar. Este proceso de rememoración de la Verdad encuentra en el concepto de alétheia su complemento. El término alétheia significa develamiento y en su uso filosófico remite a que la Verdad no se “descubre” de golpe, sino que se va penetrando en el ámbito de la Verdad de manera progresiva. En el proemio a su poema Parménides relata cómo iba conducido hasta la casa de la diosa, quien le daría el discurso sobre la Verdad, por doncellas helíades (vírgenes del sol) quienes conforme avanzaban en el camino perdían los velos que les cubrían el rostro. Platón conecta este proceso de develamiento con el de rememoración de la Verdad, de modo que en el asenso del filósofo desde la caverna hasta el mundo de las Ideas se produce, en el filósofo una experiencia de develamiento que no es otra cosa que un proceso de rememoración de una Verdad ya vista una vez.
En la teología el término anámnesis conserva el significado de rememoración o recuerdo, pero incluye el “hecho” de que aquello que se está rememorando está “sucediendo” nuevamente. Así, el paso de la Pascua de la esclavitud a la libertad no es solamente rememorado cada año, sino que se realiza y renueva cada vez.
[3] Lucas 3, 23 – 38.
[4] Es interesante constatar que no sólo la justicia religiosa se encuentra asociada a la memora y al recuerdo, sino que en la tradición jurídica anglosajona podemos encontrar la justicia civil asociada a la memoria. La jurisprudencia anglosajona opera por medio de acumulación de sentencias y un banco de memoria que contiene casos que sientan precedentes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.

- Daniel