lunes, 13 de julio de 2015

¿EXISTE COACCIÓN JUSTA? SOBRE EL ANARCOCAPITALISMO Y LIBERALISMO EN PERÚ


Frente a la pregunta de si existe coacción justa, es decir, si el Estado está legitimado a imponer leyes que coacten las libertades de los individuos, existe una división de opiniones. Por un lado, los anarcocapitalistas, los libertarios y los defensores del análisis económico del derecho señalan que no. Por otro lado, los liberales como yo consideramos que sí. Se ha vuelto importante en el derecho civil en el Perú, y es por eso que la visión que introduce el libertarismo en el derecho, el análisis económico del derecho (aed) ,se ha vuelto popular. 
Los defensores del libertarismo utilizan un test para tratar de probar que su posición es la correcta. Éste se desarrolla en dos pasos. El primero consiste en presentar una situación hipotética, según la cual dos personas se encuentran en el desierto. Mientras que la primera se muere de sed, la segunda tiene una botella de agua fresca, de tal manera que ésta se la vende a 150 soles. La pregunta inmediata es la siguiente. ¿se trata de un trato justo?. El defensor del aed puede aceptar que no, puesto que la persona se encuentra bajo una coacción natural, puede ser entendida como injusta. Inmediatamente se pasa a plantear una caso del derecho civil. Según este caso, dos personas firman un contrato de compra-venta de departamento por un  monto menos de lo tasado de acuerdo al distrito en el que se encuentra. De pronto el comprador encuentra una mejor oferta y decide rescindir el contrato gracias a que el Estado lo ampara para eso. La pregunta que se presenta es, entonces, si esto es justo. La respuesta que da el defensor del aed es un categórico no, porque el Estado es quien está interviniendo de manera injusta. 
Lo que ambos ejemplos colocan sobre el tapete es la pregunta de si existe algún tipo de coacción de la libertad que sea justa. Los partidarios de aed adhieren la tesis libertaria que niega la legitimidad de restricción de la libertad. Pero para poder examinar si están en lo correcto, hay que averiguar qué entienden por libertad. Tal como la entienden, ésta consiste en la capacidad de hacer lo que deseo. Claro que si deseo respirar bajo el agua, esto no es posible, y denunciar a la naturaleza por ese impedimento resulta absurdo. Pero, si elijo vender una propiedad a determinado precio o tomar un helado de chocolate en vez de uno de vainilla, sería libre. En el caso del helado, parezco ser libre cuando en realidad no lo soy. En ese caso, el que elige por mí es mi propia contextura biológica que hace que prefiera el chocolate. Es decir, yo puedo elegir el helado de chocolate, pero no puedo elegir que éste me guste. Si soy libre cuando elijo mis preferencias (como asume el libertario), mis preferencias no las elijo. En ese caso, so sería libre, sino esclavo de mis preferencias y deseos. En como cuando Sprite nos dice "Obedece tu sed".
Por eso, para salir de ese problema, la fuente de la elección no pueden ser ni los deseos ni la preferencia, sino la razón. La razón permite evaluar las preferencias y las exigencias para encontrar una justificación sólida para actuar. En este punto, hemos abandonado el terreno del libertarismo y hemos ingresado al campo del liberalismo. Las leyes del Estado deben de justificarse ante la razón de cada ciudadano (no ante sus preferencias), y al ser así, tienen la facultad de coaccionar la conducta de los mismos, al igual que la razón coacciona la conducta ante los deseos y preferencias. La norma jurídica que indica que una persona puede rescindir un contrato de compra-venta de un inmueble, si es que el precio es menor a lo estipulado por la tasación adquiere su justificación en el apoyo racional de los ciudadanos a la misma. Éstos entienden que alguien podría ser manipulado por otro a vender a un  precio menos y el Estado le abre la posibilidad de salir de esa situación. El Estado estaría protegiendo un derecho a no ser forzado, de cualquier forma, a un contrato injusto. El Estado no fuerza a la persona a rescindir el contrato, sino que le da la posibilidad si el acuerdo es injusto. 
El libertarismo considera que toda coacción a mis preferencias es de plano una injusticia. Pero ello oculta los hechos de que no somos libres de preferir lo que preferimos y que podemos ser manipulados para ello. El liberalismo, en cambio, al defender la libertad de la razón, está dejando espacio a la reflexión respecto de las decisiones y de las leyes del derecho. Es claro que el aed es aplicado en el Perú sin examinar los presupuestos que tiene y evaluar si son correctos o no.  Pero el libertarismo y el aed no son posiciones inocentes o incautas, sino que se comprometen con el proyecto neoliberal que propone la expansión de los mercados autorregulados y la expansión de los intereses del gran capital. Al exigir la no intervención del Estado en ningún trato, lo que buscan es que las relaciones sociales se encuentren ajustadas a las exigencias del gran capital.  

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