miércoles, 13 de mayo de 2015

LA RENOVACIÓN DE LA ESCUELA DE FRANKFURT

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La teoría crítica de la sociedad desarrollada por la escuela de Frankfurt encontró en el trabajo de Habermas una teoría que le permitió conectar la crítica social con una teoría de la democracia liberal. Para ello Habermas había utilizado los aportes de la filosofía del lenguaje desarrollada por Wittgenstein y los aportes del pragmatismo desarrollado por Pierce. Con esas herramientas, Habermas se apertrecha de un arsenal que le permite  acceder a una teoría normativa de la sociedad a través de las exigencias normativas inherentes en el lenguaje. En el debate con los intelectuales más lúcidos de su generación, Habermas se vio forzado a defender la idea central de su planteamiento, a saber, aquella según la cual, de la misma comunicación lingüística brota exigencias normativas para la acción. La crítica esbozada por Rorty, por ejemplo, cultiva una desconfianza respecto de aquél elemento normativo para la acción que brotaría de la misma estructura del lenguaje, apuntando a los aspectos retóricos del lenguaje. La idea que defiende Rorty respecto del lenguaje es que a través de éste lo máximo que podemos hacer es influir en el otro, pero que es falso que éste contenga fuerza normativa para la acción y que tampoco sea un vehículo para la forjación de acuerdos razonados.
           
La generación actual de la Escuela de Frankfurt ha asumido la estrategia de Hegel contra Kant para encontrar un punto de apoyo que permita cuestionar la tesis de Habermas respecto del lugar del lenguaje en la teoría crítica de la sociedad (pero sin caer en posiciones como la de Rorty, de manera que la crítica de la nueva generación de la Escuela de Frankfurt intenta mantener aspectos normativos, pero deja de buscarlos en la estructura del leguaje). La estrategia de Hegel contra Kant consistió, en este nivel del debate, en cuestionar el que la crítica no tenga conexiones ni con la historia ni con los contextos sociales. El concepto de eticidad hegeliana intenta, de manera especulativa, llenar ese vacío dejado por la filosofía crítica de Kant. Sin embargo, a Hegel mismo le faltó una mayor conexión con los aportes de las ciencias sociales en ciernes en su tiempo. En la actualidad, las ciencias sociales se han desarrollado en un grado suficiente, pasando por el positivismo y después cuestionándolo desde la hermenéutica, la teoría de la hegemonía desarrollada por Gramsci y la teoría de La descolonialidad. Ello le permite a la nueva generación de la Escuela de Frankfurt armarse de todo un arsenal de teoría social que hace posible el cuestionamiento de las limitaciones de la teoría de Habermas. La limitación que es más atacada, desde esta perspectiva, se encuentra en asumir la filosofía del lenguaje como vehículo de trabajo crítico. Desde la filosofía del lenguaje se hace difícil entender como medios positivos las relaciones de intercambio social, que Habermas confina al sistema del mercado. La filosofía del lenguaje tampoco permite el desarrollo de una filosofía de la historia que se vuelve necesaria en tiempos de globalización y postcolianidad. Dicho arsenal permite a la nueva generación echar a andar la conexión de la teoría crítica con teoría social y filosofía la historia, de modo que adquieren la posibilidad de realizar una revisión de los fenómenos vinculados a la globalización.

Así, se abre un abanico de planteamientos que buscan superar las limitaciones que dejó la visión de Habermas. Nancy Fraser articula un concepto de justicia reflexiva, que permite establecer una revisión dialéctica entre la justicia normal y la justicia anormal, así como la relación entre la  teoría de la democracia y el cuestionamiento de la misma que proviene de la teoría social de la hegemonía  para, a partir de allí, extraer principios críticos para los tiempos de la globalización. Por otro lado, la teoría de los intercambios recíprocos, desarrollada por Ciro Alegría, permite extraer principios críticos a través de la fricción entre el intercambio recíprocos de bienes divididos en dones y en productos mercantil. A su vez, Rainer Forst enfatiza multiplicidad de contextos de justicia que cuestiona el esquema de justicia elaborado por la teoría del Estado nación moderno, al tiempo que desarrolla luna teoría de la democracia tomando como eje centrar la idea de intercambios recíprocos de derechos y libertades entre los ciudadanos. Todos estos aportes recientes en el seno de la teoría crítica permiten conectar la crítica de la sociedad con la teoría social contemporánea, como la teoría de la democratización desarrollada por Charles Tilly, y la filosofía de la historia. Con ello, los nuevos aportes permiten cuestionar la centralidad de la filosofía del lenguaje y el lugar que tiene el trabajo de Habermas para poder abrir a una comprensión más amplia de los problemas y posibilidades de la  sociedad contemporánea. 

viernes, 8 de mayo de 2015

Gastón Garatea y Vaticano II

Resultado de imagen para gastón garateaRecientemente la revista Religión Digital realizo una entrevista al padre Gastón Garatea, miembro de la Congregación de los Sagrados Corazones. En ella se perfila la visión que los sectores mas progresistas de la Iglesia Católica en España tienen de Garatea.

El aporte de Garatea a la sociedad peruana ha sigo y sigue siendo sumamente importante y de gran valía, pero el contexto de la Iglesia en el Perú ha hecho que su figura sea poco visible ante la opinión publica (al igual que lo sucedido con el padre Gustavo Gutiérrez) Esto es debido a que la jerarquía de la Iglesia y los medios de comunicación, de tendencia claramente conservadora, se han encargado de hacerlo invisible.

Los ámbitos del aporte de del padre Garatea destacan  por tres elementos. 1) Su pertenencia a la linea de reflexión teológica conocida como Teología de la Liberación, 2) Su trabajo en la Comisión de la Verdad y Reconciliación y 3) Su participación en la Mesa de Lucha contra la Pobreza. Ciertamente, su aporte trasciende mas allá de estos tres ámbitos. Y quizás habría que decir que el corazón del trabajo de Gastón Garatea sea el traer a América Latina las ideas inspiradoras del Concilio Vaticano II. Ciertamente, el no se encontraba solo en esa empresa, sino que fue el trabajo conjunto de un grupo de sacerdotes jóvenes que habían entendido las ideas del concilio y asumieron el reto de traer esas ideas a una Iglesia latinoamericana conservadora que tenia un os fieles poco formados y también conservadores.

En ese sentido, el reto de la generación de sacerdotes de Garatea fue traducir el mensaje de Vaticano II al contexto latinoamericano. Ello fue lo que significo la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Puebla y de Medellín. Dicho esfuerzo encontró rápidamente dos dificultades. La primera fue la poca comprensión del clero y los fieles locales, de formación religiosa muy conservadora; y, en segundo lugar, algunas confusiones de parte de ciertas autoridades de Vaticano,. Por ejemplo, el entonces Papa Juan Pablo II acuso a la Conferencia de estar relativisando la divinidad de Jesús  al enfatizar la idea de la opción preferencial por los pobres. Un  catolicismo de inspiración más social y pastoral , a diferencia de un mensaje orientado hacia lo doctrinal, indujo a confusión a muchos que tenían cierta dificultad para comprender lo que se vivía en América Latina.

Junto con la acusación de relativizar la divinidad de Jesús, se levanto la acusación de marxista sobre la Teología de la Liberación, que estaba naciendo en ese contexto. Respecto de esto ultimo sucedía que quienes criticaban el trabajo de Gutiérrez y  tildaban su teología de marxista no habían leído ni a Gutiéreez ni a Marx, de manera el prejuicio reemplazaba a las razones. El mismo papa solía confundir una teología pastoral de orientación social con el socialismo que había sufrido en su Polonia natal. Pero ni América Latina  es Polonia ni Gutiérrez es marxista.

En este sentido, el trabajo con el que el padre Garatea se comprometió tenia la complejidad de tener que lidiar con los prejuicios que muchos miembros de la jerarquía eclesial mantenían. Pero, durante los anos 60 y 70 muchos miembro de la Iglesia en la región comprendieron el mensaje que venia del Concilio y se conectaron con el, desde diferentes perspectivas Por ejemplo Monseñor Romero en El Salvador y Don Herder Camera en Brasil comprendieron que la pobreza, la exclusión y la injusticia eran contradictorias con en mensaje del Evangelio, aunque se trataba de personas de una información conservadora. Y es que la cuestión no esa ser conservador  o progresista, sino de tener la inteligencia suficiente para comprender lo que sucedía en la región y abandonar la pretensión de coludirse con el poder.

Sobre la base de la experiencia del Concilio, de Puebla y Medellín, Garatea y los sacerdotes mejor formados de la región emprendieron la tarea de dotar a la Iglesia de una tarea fundamental:  la de colocarla en la linea de defensa del pobre y de los excluidos. La falta de libertad que esas personas experimentaban  significa, para esta Iglesia progresista, un pecado cardinal que era necesario combatir. Es por ello que para el padre Garatea, el compromiso con los derechos humanos y su participación en la Comisión de la Verdad y Reconciliación consistían en momentos de un mismo proceso inspirado en una misma  visión. Ciertamente, dicha participación no agrado a todo el  mundo, pues la CVR fue muy clara en asignar responsabilidades a personas que no se comportaron a la altura de las circunstancias durante el conflicto armado interno. Por esa razon, y por tener una posicion de respaldo a la PUCP  en el conflicto entre ella y el arzobispado de Lima, Gaston Garatea recibio un castigo injusto de parde del Cardenal. Pero dicho castigo termino fortaleciendo la imagen de Garatea y debilitando a la del Cardenal.  Al parecer, cada persona decide, en cuerta ma era, la forma de labrar su futuro y de cincelar su imagen;algunos utilizando su poder de ma era autoritria y desmedida, empequeneciendose ante el mundo; otros, en cambio, resistiendo las injusticias propinadas con fortaleza, serenidad y sensatez, seguros de su propio valor personal y  como figuras publicas

miércoles, 29 de abril de 2015

HEGEMONÍA ----¿Y DEMOCRATIZACIÓN?

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Los movimientos de izquierda organizados últimamente en torno a un sinnúmero de reivindicaciones sociales, desde las Machas Pulpín en Lima hasta los reclamos contra "Tía María" en Arequipa están representando un movimiento que tiene una característica que llama la atención: más que ser una propuesta articulada aparece como una aglutinación de exigencias, que si bien todas pueden ser asociadas a las izquierdas, no logra organizarse en un proyecto más amplio. Entre estas exigencias, se encuentran las de la redistribución de la riqueza, la crítica al neoliberalismo económico, las exigencias de la ecologistas, los feminismos, las exigencias del llamado "buen vivir", entre otros. En el caso de "Tía María", las bases des izquierdas no han llegado a un acuerdo sobre si deben oponerse solo a la minería ilegal u oponerse también a la minería formal con bajos estándares de descontaminación, o finalmente, a toda minería. Puesto que, al parecer que toda extracción minera genera un impacto contaminante, de acuerdo a los estudios con los que cuentan, el debate es ¿cuál es el nivel de contaminación que estarían dispuestos a tolerar? Lo sorprendente es que desde Conga, este debate no se haya llevado a cabo entre las izquierdas ecologistas.

Lo que alegan las izquierdas es que su proyecto político más amplio se encuentra en gestación desde la práctica. Que es desde la acción misma que irá surgir y que prefieren rechazar las teorías que provienen de la academia universitaria porque éstas, alegan, se encuentran contaminadas por los discursos dominantes. De esta manera, la actividad de las izquierdas se encuentra organizada, tanto respecto a las cuestiones prácticas como respecto a los discursos que provienen de las ciencias sociales de la academia universitaria, por la teoría de la hegemonía desarrollada por el intelectual italiano Antonio Gramsci. Pero, en nuestros días, donde la conciencia de ser sociedades postcoloniales, la teoría de la hegemonía adquiere el matiz de la teoría de la descoloniamlidad. Así, el feminismo exige descolonizar el cuerpo de la mujer y los ecologistas descolonizar el medioambiente. Y para ello es necesario, se señala, es necesario hacer visible las hegemonías.

Si esto es así, eso quiere decir que es falso que, en el movimiento de las izquierdas actuales en el Perú, la teoría esté partiendo de la práctica, sino que sucede lo contrario: la teoría de la descolonialidad antihegemónica está direccionando la práctica.  Si bien ello no representa algo pernicioso de por sí, pues siempre existe un ir y venir desde nuestras prácticas a nuestras creencias y teorías, la pregunta es si la teoría que se está usando es suficiente para articular un proyecto importante que pueda ganar apoyo político de la ciudadanía, o se presentará como un conjunto de ideas aglutinadas por un pequeños grupos que serán visto como lo otro de las fuerzas políticas. 

El discurso que estas izquierdas ponen en circulación entre ellos es el de visibilizar las hegemorías y los juegos de poder. Si bien, ese es un paso importante, no resulta ser suficiente. Por ejemplo, es suficientemente clara la hegemonía que tiene el discurso del neoliberalismo económico, y sin embargo es evidente que hay que dar otros pasos para mantener a raya dicho poder fáctico. La teoría de la homogenización al uso actualmente resulta ser insuficiente. Lo que hace falta es complementarla con una teoría de la democracia y de la democratización. Pero , es aquí donde las izquierdas tienen un problema: la teoría de la democracia exige realizar un trabajo de aislamiento de los poderes fácticos y de realizar un debate político sobre la base de razones. Pero si la izquierda le ha dado demasiado crédito a la creencia que toda exigencia de dar razones expresa una forma de hegemonía y colonialidad, entonces lo que queda es una posición  crítica de la dominación pero sin una propuesta alternativa. La desconfianza frente a la posibilidad de la argumentación, al dar razones y al debate público provienen de una antropología atrapada en los presupuestos del fundacionalismo que defiende la idea del relativismo cultural. 

De esta manera, las nuevas izquierdas requieren tomar una decisión teórica fuerte. O aceptan el proyecto de democratización o permanecen empantanadas. Pero aceptar la idea de la democratización deben abandonar un bien muy preciado para ellos, a saber la creencia de que la razón es un poder hegemónico per sé, no importando de quienes vengan los argumentos. 


lunes, 13 de abril de 2015

DESARROLLO, DEMOCRACIA Y EMANCIPACIÓN SOCIAL

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En su tratado Fundamentación para la metafísica de las costumbres el profesor Immanuel Kant había        señalado  que una de las ideas centrales de la moral es la de considerar a cada persona como un fin en sí       mismo y nunca sólo como un medio.  Años más tarde, en su Doctrina de la virtud  indica que cada ser        humano tiene dos tipos de deberes morales fundamentales. El deber consigo mismo consiste en buscar el      propio perfeccionamiento mientras que el deber con    los otros es comprometerse con sus fines. Finalmente, en sus trabajos sobre religión (La religión dentro de   los límites de la razón) presenta la idea de comunidad ética.

Estas ideas, pensadas detenidamente, resultan fecundas para la filosofía social. La idea de que cada persona es un fin en sí indica que no se debe instrumentalizar al otro, sino que no puedo proyectar sobre el mis         propios proyectos de vida. De esta manera, ser un fin en sí mismo significa que cada cual tiene el derecho   moral de plantearse sus propios proyectos de vida. La gran amenaza no solo se presenta en los intentos de   tratar al otro como un instrumento u objeto (como lo que hicieron los nazis con los judíos), sino que no        puedo presentarme como el benefactor de la humanidad y plantearle los caminos "apropiados" para           desarrollarse "adecuadamente".

El proyecto de exigirle al otro que se proponga los fines que yo considero correcto han tenido varias expresiones en propuestas políticas. Todas estas propuestas tienen como objetivo eliminar la diversidad de fines que las personas pueden plantearse en la sociedad. Esta eliminación de la sociedad se puede buscar con buena voluntad o con objetivos de someter al otro. Las políticas desarrollistas llevadas a cabo en los años 70 estaban inspiradas en la creencia que desde el Estado se podía conducir a los ciudadanos hacia los fines correctos. Desde la caída del Muro de Berlín, se ha reactualizado esta actitud, pero esta vez no se plantean desde el Estado, sino desde agentes específicos de la sociedad. El proyecto neoliberal  llevado adelante por los agentes dominantes en el mercado consideran que saben cuáles son los fines que los ciudadanos deben plantearse como objetivos de vida. La arena social en la que se expresan con mayor claridad estos proyectos es la educación, porque esta es la que se figura como la que modela los anhelos de las personas bajo la formación de emprendedores.

Todos estos proyectos, tanto en el ámbito interpersonal como en el social y político,  se presentan señalando que se tiene un supuesto conocimiento metafísico, como la idea de naturaleza humana. Lo que es claro es que quien afirma conocer la naturaleza humana o la estructura metafísica del mundo o está confundido o está mintiendo. Es por ello que la actitud crítica que Kant desarrollo en su filosofía, es sumamente productiva para cuestionar los proyectos que amenazan la democracia.

El proyecto neoliberal parte de una concepción metafísica del mundo, la sociedad y las personas. En nombre de ese supuesto conocimiento proceden a imponer un modelo de vida homogeneizarte. Dicha metafísica      señala, entre otras cosas, que las personas son competitivas y libres por naturaleza. De esta manera, el libre mercado resulta ser la estructura social idónea para que ellas desarrollen su finalidad adecuadamente (de     acuerdo a lo que los neoliberales consideran que es la finalidad de todo ser humano, es decir, ser                 emprendedor). Dicha finalidad es la de todo ser humano en general y la idea de libertad que se utiliza como punta de lanza de dicho proyecto tiene una extraña cualidad. El neoliberalismo supone que si se deja a las    personas elegir libremente, estas escogerán el modelo de vida que los neoliberales les plantean (y si no lo     hicieren, se trataría de personas que están profundamente equivocadas por distorsiones mentales o               ideológicas). Esta idea no debe sorprender, pues estos pensadores suponen tener un conocimiento tal de la naturaleza humana de la que se deduce que las personas en condiciones de libertad erigirán este y no otro    proyecto. Lo mismo sucede con los defensores de un proyecto religioso de la sociedad o de los defensores del desarrollismo o los seguidores de Lenin. Todos ellos derivan un proyecto de vida y de sociedad             homogénea partiendo de una concepción metafísica del mundo y de la idea de una imagen de vida buena.    Tanto Sendero Luminoso como los activistas pro-vida creen conocer la naturaleza de las cosas. Lo mismo ha sucedido con los dos proyectos que se dieron la posta en América Latina, el desarrollismo y el                neoliberalismo.

Pero este paso del desarrollismo al neoliberalismo se ha dado manteniendo una idea invariable.    El             neoliberalismo continua el proyecto desarrollista pasando del desarrollo de la sociedad al desarrollo del      mercado. Para ello, es necesario que el mercado no solo tome el lugar de la sociedad, sino que se la           engulla. Así, el proyecto supone pasar de una sociedad democrática que incorpora un libre mercado a una   sociedad de mercado. Además, ambos proyectos comparten otra idea, aquella según la cual para alcanzar el desarrollo hay que bloquear la democracia. Para ambos proyectos la democracia es mala porque supone la participación de las personas en la articulación del camino político que debe tomar la sociedad. Pues, una    cosa es presentarle un camino previamente diseñado a los ciudadano y otra dejar que ellos lo diseñen  a      través de un debate basado en razones.


Es por eso que la agenda política debe girar de la idea del desarrollo a la idea de democratización. En dicho giro lo que se juega es el aislamiento que se puede imponer al poder factico de dinero respecto de la toma   de decisiones políticas. El incremento de dicho aislamiento es un indicador importante, claro que no el único, de democratización. Ahora bien, como el proyecto de democratización representa una tarea en la que          siempre habrá que profundizar y cuidar frente a los retrocesos, el mismo proyecto se presenta como una de las ideas fecundas del viejo Kant, la de la comunidad ética. Lo que Kant denomina comunidad ética es una  sociedad en la que la exigencia de tratar a cada cual como un fin en sí mismo y no solo como un medio se   va realizando en las relaciones que la gente va estableciendo en la sociedad. En este sentido, se trata del establecimiento, dentro de la sociedad, de relaciones entre las personas que conduzcan a mayores márgenes de emancipación de los poderes fácticos

lunes, 30 de marzo de 2015

Critica de las concepciones sociales operantes

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1.- Al interior de las sociedades modernas y contemporáneas se han articulado instituciones políticas y sociales que se proponen establecer proyectos general es de vida moral a los individuos que las conforman. Tales proyectos se articulan bajo la forma de fines generales que suelen entenderse como proyectos de vida buena. Así, las personas insertas en tales instituciones políticas y sociales se encuentran orientadas a metas que no solo son funcionales o técnicas, sino que las incorporan exigencias éticas como son cuáles son las orientaciones morales que deben proponerse las personas.

En estas condiciones, que marca una línea de continuidad con la edad media, las personas se  encuentras forzadas a plantearse metas morales que les son propuestas desde las instituciones. De este modo, las propuestas de perfeccionamiento moral de los individuos no brotan del ejercicio de su reflexión autónoma, sino de concepciones metafísicas que son propuestas por las instituciones sociales y políticas.

Cuando tales concepciones metafísicas de la vida se convierten en proyectos políticos, se constituyen sistemas políticos autoritarios, totalitarios o integristas. Las metas políticas de la sociedad son presentadas como fines morales de las personas. Cuando son las instituciones sociales las que exigen a sus miembros fines metafísicos, las personas se ven forzadas a hacer suyo los proyectos de perfeccionamientos que estas instituciones proponen. En ambos casos las personas dejan de ser consideradas como fines en sí mismas para convertirte en medios para los fines de las instituciones sin más.

La filosofía crítica apunta al desmantelamiento de tales pretensiones metafísicas a fin de dotar de autonomía moral a los individuos, de modo que las personas pueden plantearse sus propios proyectos morales de vida ganando para sí libertad moral. La crítica de la sociedad adquiere, entonces una dimensión importante: deja de ser sólo un cuestionamiento de las condiciones de pobreza y explotación social para tomar un mayor vuelo y convertirse en critica de las concepciones metafísicas tradicionales que pretenden justificar -sin éxito- las condiciones sociales de dominación.

2.- La crítica de las concepciones metafísicas políticas y sociales permite recuperar un potencial que se encuentra en la idea moderna de que las personas son fines en sí mismos, a saber, el derecho que ellas tienen a exigir justificaciones dadas sobre la base de razones. Con ello, lo que las personas recuperan es un conjunto de derechos políticos que les permiten recuperar las promesas de los sistemas democráticos para sí.


3.- Una de las concepciones sociales operantes más influyentes es la que proviene del discurso desarrollista. Tal discurso tiene dos variantes fundamentales. El primero es el desarrollismo social, que consiste en ayudar a una sociedad a desarrollarse desde fuera, imponiendo afirmas de dominación trasnacional coludidos con las jerarquías locales. La segunda forma se encuentra en la teoría del desarrollo humano que centra su enfoque en las capacidades y en la consecuente tares de capacitación de las personas y los colectivos.

domingo, 22 de marzo de 2015

DICTADURA MUNICIPAL





Resultado de imagen para hitler y castañedaResultado de imagen para hitler y castañedaEl actual alcalde de Lima y sus correligionarios han asumido un discurso respecto de la democracia que es sumamente extraño  y pernicioso. De acuerdo a este discurso, la democracia consiste simplemente en ganar las elecciones y, una vez en el poder, se tiene plena licencia para hacer con él lo que se desee. Parece ser que el ejercicio dictatorial del poder está legitimado porque se ha ganado las elecciones. De tal manera, que las instancias de consulta, de pesos y contrapesos, y de rendición de cuentas terminan sobrando este estilo de gobierno. 

En este sentido, ha sido muy penoso escuchar a personas como Patricia Juárez -aunque en el fondo no sorprenda- que, respecto a la reforma del transporte en Lima no se tiene un plan definido pero sí un propósito claro, a saber, destruir todo lo que hizo la gestión anterior. Y lo mismo sucedió con la eliminación de los murales y la cancelación del proyecto Río Verde. Todo esto muestra que lo que está conduciendo las acciones de la actual administración edil es la bronca contra la administración Villarán, más que un plan estructurado que permita seleccionar qué proyectos continuar, cuáles no y qué iniciar. Tal cómo lo indicó con lucidez Martín Tanaka, nuestro actual burgomaestre se encuentra gobernado por la cólera que le ha generado la investigación sobre el caso COMUNICORE. 

Pero dicha pasión triste que la cólera representa ¿puede gobernar una ciudad? Si la cólera se traduce en abusos de poder, ¿dónde están las instancias democráticas que lo  impidan? Este asunto es preocupante. La institucionalidad de la Alcaldía se encuentra en juego en este desboque de pasiones viles como son la codicia y la cólera. La misma debilidad de las instituciones fue lo que permitieron a Hitler y a Mussolini convertir la democracia en totalitarismo.

Pero las instituciones no se fortalecen si no cuentan con el apoyo de la ciudadanía. Lo que sucede en Lima es que el 60% de la población respalda a la actual administración.  Con los estribillos "déjenlo trabajar" y "obras quiero más no cultura" la mayoría de la población expresa claramente que no le interesa  que la alcaldía de Lima de fortalezca como institución. Si a la gente no le interesa la democracia, las instituciones se convierten en botín de los mercenarios de turno. Parece ser que la ostentación material, el lujo y la lujuria pueden más que la constitución de ciudadanos. Este es un problema educativo. Pero con la tiranía que el ministerio de la economía está ejerciendo sobre el ministerio de educación, parece ser que la cosa no va a mejorar, sino a empeorar. 

Felizmente, ciudadanos conscientes y de espíritu democrático han levantado su voz. La acción de los artistas de retirar su apoyo a Art Lima, porque el evento está apoyado por la alcalde-borra-murales es una muestra de ello. Estamos esperando que los Chefs hagan lo propio con Mixtura. Pero olvidaba un detalle. Los cocineros ganan plata con mixtura y el asunto resulta un negocio rentable. En cambio, los artistas no ganan plata con Art Lima. Entonces, la pregunta que queda es la siguiente, ¿qué pesará más en el corazón de los cocineros? ¿el afán de lucro o la conciencia ciudadana? Déjenme  adelantar mi escepticismo al respecto. 

sábado, 14 de marzo de 2015

La Filosofía del Derecho y su vínculo con la democracia

Resultado de imagen para derecho y democracia Es común que cuando se alguien se dedique a la Filosofía del Derecho y a la Epistemología Jurídica tome la decisión de desvincular sus reflexiones de cualquier consideración de orden político. Esta decisión se encuentra gobernada por el afán de cientificidad y de neutralidad que el positivismo a legado al derecho. Pero no toda práctica común se encuentra debidamente justificada. A veces, la repetición de ciertas prácticas académicas tiene su base en cuestiones extraacadémicas, como puede ser el prestigio o el predominio que determinados hábitos de pensamiento tienen en la comunidad científica. Ciertamente, esto no quiere decir que no podamos encontrar razones para evaluar si ciertas ideas son mejores que otras. La hegemonía de ciertos referentes intelectuales no lo es todo, sino que las razones también cuentan y deberían de tener un peso importante, e incluso más importante.

Ahora bien, las razones circulan en el aire, sino entre la comunicación de las personas que comparten un mundo. Como investigadores y como personas compartimos un mundo, nuestro mundo, en el cual se encuentran elementos que son objeto de discusión y otros que forman el horizonte que da sentido a dicha discusión. En nuestro mundo, tanto el derecho, como la Filosofía del Derecho y la Epistemología Jurídica tienen como trasfondo el horizonte de la sociedad democrática, sociedad que considera a las personas como libres e iguales en dignidad. El mundo democrático (y sus intuiciones morales como la libertad y la igualdad en dignidad)  no es ni necesario ni arbitrario. No es necesario, ya que  la historia de nuestro mundo pudo tomar otra dirección; tampoco es arbitrario, pues se han ido forjando en un proceso de aprendizaje histórico. En dicho aprendizaje han sido importantes los conflictos y los procesos traumáticos por los que nuestro mundo ha pasado como, por ejemplo, las guerras de religiones durante el siglo XVII, que trajo consigo el principio político de tolerancia religiosa, y el holocausto judío propinado por los Nazis, del que surge la Cultura de Derechos Humanos.  Este proceso de aprendizaje no ha sido –y nunca es- automático, sino que en él se ha hecho valer la capacidad de razonar de las personas que hicieron su mejor esfuerzo tomando en cuenta las herramientas conceptuales que tenían a mano. Esto ha hecho que el mundo en el que estamos y hemos heredado esté lejos de ser arbitrario, sino que representa la mejor manera de articular intuiciones fundamentales para nuestra vida en común.
           
Pero el trabajo no está acabado y no podemos quedar con los brazos cruzados regocijándonos de nuestra herencia. No podemos hacer eso porque, entonces, correríamos dos peligros. El primero es desandar lo aprendido. El segundo es dejar tal como está aquello que falta articular. El primer peligro no se basa sólo en las consecuencias que puede tener la inercia del pensamiento y la reflexión, sino porque los logros que hemos alcanzado se encuentran constantemente amenazados por adversarios políticos que buscan regresar al mundo premoderno, defienden el Estado confesional y denostan de la Cultura de los Derechos Humanos. El segundo peligro tiene como fuente las inarticulaciones que tienen aún nuestras intuiciones morales básicas y, como consecuencia de ello, también las inarticulaciones que tienen nuestras instituciones sociales fundamentales.
            
La inarticulación que me parece relevante, en este punto de mi argumentación, es aquella que existe entre el derecho y la democracia tanto en la vida práctica como en la discusión académica. Abogados, juristas y teóricos del derecho no piensan la democracia como el horizonte del derecho en nuestro mundo contemporáneo. Más bien, ven en éste una caja de herramientas o un manojo de llaves que permiten tener éxito en la interacción social. Es revelador que los estudiantes de derecho afirmen que la finalidad del derecho es el orden o la paz en la sociedad, y que no piensen que el derecho se encuentra remitido a la justicia, tal como una sociedad democrática y liberal entiende la justicia. Los estudiantes suelen repetir lo que sus profesores les dicen y, una vez siendo profesionales, suelen replicar los hábitos de pensamiento y acción que aprendieron en las aulas universitarias. Si ellos piensan así, quiere decir que piensan en el derecho como herramientas técnicas desconectadas de su trasfondo político. Ello enrarece la comprensión del derecho al punto de pensarlo como herramientas desvinculadas de la práctica en el mundo. Es como si el derecho se pensara como un aeroplano que jamás tocase tierra en el mundo.

Como ejemplo de este despropósito, examinemos  una idea que se divulga en las aulas de las Facultades de Derecho según la cual una ley promulgada debe ser asumida como si fuese de conocimiento público. Es como si los ciudadanos, incluso los más alejados de los centros de comunicación jurídica, tuviesen que leer todos los días la gaceta jurídica para enterarse de las buenas nuevas. En la realidad, ni siquiera todos los profesores de derecho leen todos los días ese tipo de publicaciones. Pero el supuesto de acuerdo al cual todos los ciudadanos debemos de estar al día con la ley es un indicio de que el derecho es pensado como un sistema normativo que hace abstracción del mundo en el que se aplica. Este ejemplo muestra claramente la desconexión entre la ley y nuestro mundo, el abismo que han colocado entre el derecho y la política. Si se pensara de otra manera, se vería la necesidad de una política de Estado dirigida no sólo ha hacer posible el conocimiento de las leyes más relevantes por parte de los ciudadanos, a través de todos los medios de difusión disponibles. Pero algo más importante aún, el Estado debería de asumir la tarea de fortalecer los foros públicos de discusión sobre las leyes y los proyectos de ley.
       
Cosas como estas son indicio de que es necesario conectar el derecho y la democracia. Esto supone dejar de pensar al derecho como un sistema cerrado y autopoiético para verlo como un sistema abierto y conectado con la sociedad democrática.   El derecho ha de pensarse como una herramienta para la convivencia democrática, es decir, que permita abrir las puertas a la libertad y la igualdad entre las personas. En por ello que el derecho debe encontrarse en el centro de la deliberación pública, a fin de que en el debate los ciudadanos puedan ir modulando el lugar que tiene el derecho en las relaciones sociales, así como discutir el contenido del derecho mismo. Ciertamente, el derecho tiene sus procedimientos y procesos, y éstos son importantes. Pero una cosa es entender la importancia que tiene la teoría general del proceso y otra es sacralizarla. Al sacralizarla lo que hacemos es extraerla del debate público, mientras que comprender su importancia significa articularla con la deliberación dentro de la sociedad.  

Ciertamente, la deliberación pública es política. En ese sentido, para poder conectar al derecho con su trasfondo democrático requerimos restablecer la conexión entre el derecho y la política. Al escribir esto me imagino, de una parte, a los positivistas, a los defensores del neoconstitucionalismo y a los partidarios de la teoría de la argumentación jurídica frunciendo el seño, y del otro, a los defensores de la teoría del derecho natural, frotándose las manos en señal de victoria. Pero a estos últimos les tengo malas noticias. Cuando pienso en política no lo hago desde un punto de vista sectario, así como cuando pienso en la moral no lo hago en un sentido confesional. La política tiene un significado más amplio que se conecta con la apertura de los caminos para hacer valer los derechos y las libertades de todos y no sólo de mis partidarios. Y la moral, tiene un sentido postconvencional, que escape a los preceptos de una religión o una comunidad particular, y que puede aspirar a validez universal. Así como el relativismo cultural, que afirma que es imposible la comunicación y el debate entre personas de diferentes culturas, es cuestionable, también lo es la concepción de la moral y la política encajonada en una pequeña parroquia.

            
El derecho y sus procesos deben de organizarse de modo que puedan recoger las exigencias que brotan de la deliberación social para que pueda conectarse con las relaciones sociales dentro de la democracia. Es decir, el derecho debe de dejar de entenderse como un sistema cerrado y comenzar a pensarse en la cristalización normativa de un debate social sobre cuestiones de interés general. Las instancias jurídicas, como el Congreso de la República, debe de recoger esas exigencias, debatirlas y darle de norma de derecho.  De esta manera, el Estado y sus instituciones debe de abrirse como una carretera para que permita que la deliberación pública y democrática sobre las leyes pueda discurrir con facilidad a fin de que el derecho case con la justicia entendida como igualdad en dignidad y libertad de los ciudadanos.