lunes, 23 de febrero de 2015

Dos errores en la retorica contra el terrorismo islámico

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A raíz de los atentados en París, Bélgica y Dinamarca han comenzado a circular dos tipos de retóricas distintas en occidente. La primera señala que todo musulmán es terrorista, mientras que la segunda indica que el  yihadismo representa una perversión del islam.  Ambas retóricas tienen diferentes objetivos políticos, pero si las tomamos en serio estaremos perdiendo en comprensión respecto de lo que estamos presenciando.

Quienes señalan que el islam es violento por esencia y que todo musulmán es terrorista pertenecen a un sector de la derecha extrema populista que aboga por combatir al islam en Europa y en los Estados Unidos. Dicho sector promueve la islamofobia y considera que la solución al yihadismo es la expulsión de los musulmanes de Europa y de los Estados Unidos. Algunos de estos  sectores abogan por la expulsión de los judíos son también antisemitas y neo-nazis. El discurso de estos sectores es simplificador de una realidad compleja y señala que defendiendo una Europa cristiana y expulsando a judíos y musulmanes se solucionaran los problemas europeos, desde el problema del terrorismo hasta los problemas económicos. Al exigir la vuelta de Europa a sus raíces cristianas, este sector empata con las exigencias de un cristianismo conservador de extrema derecha y reivindica el retorno al modelo de la España de la reconquista

Además se sostiene que mientras no se tomen esas medidas de expulsión, será necesario endurecer las leyes y las políticas de seguridad en detrimento de las libertades de los ciudadanos. Estos sectores señalan que el endurecimiento de las leyes y de las políticas en contra del terrorismo traerá consigo un costo en libertades y derechos, pero se trata de un precio que hay que pagar de todas maneras. No conciben la lucha contra el terrorismo utilizando un trabajo fino de inteligencia, que incorpore en su trabajo la infiltración en la células yihadistas o que estudie los procesos de radicalización de manera seria. Por su simplicidad, dicho discurso en muy popular, además de aprovechar que la población atemorizada espera que le ofrezcan una receta simple y rápida para hacer frente a los males que la amenazan.

La segunda retórica es mas sofisticada, pero no carece de simplificaciones, que no por ser mas sutiles dejan de estar presentes. Este discurso señala que  el islam es una religión de paz y que los extremistas no hacen mas que pervertirlo. De esta manera, quienes recurren a este discurso distinguen entre musulmanes que entienden correctamente el islam y se integran a las sociedades  europeas y aquellos que se radicalizan y atentan contra ellas. Esta distinción parece estar ganando el sentido común de la gente sensata y ganar la el aplauso de los grupos políticamente moderados de occidente. Sin embargo, decir que el yihadismo o los grupos conservadores en el islam o en el cristianismo distorsionan esas religiones es como afirmar que existe una interpretación correcta de las mismas. ¿Acaso no suena raro escuchar a grupos moderados decir cosas como esas?. 

La religión no es ni violenta ni pacifista por esencia, puede ser ambas cosas sin ser distorsionada. Lo que sucede es que  la práctica de la religión es realizada por personas que se insertan en comunidades y en sociedades concretas en las que articulan su filiación religiosa con otras filiaciones, como la política, por ejemplo. El cristianismo o el islam conservador es tan auténtico como las versiones progresistas de estas religiones. La cuestión reside en la filiación política que las personas y las comunidades asuman. El asunto se desplaza, entonces a otra parte, a saber, que en las sociedades contemporáneas, especialmente en occidente, hay ciertas exigencias legales que las personas no pueden soslayar. Quien mata a una persona, por razones religiosas o criminales debe ser llevado a proceso, porque así lo indican las leyes que hemos ganado en un proceso de reflexión basada en nuestras intuiciones morales básicas. 

De esta manera, sucede un musulmán radicalizado es similar a un nacionalista radicalizado. Pero también sucede que un musulmán radicalizado es tan legítimamente musulmán como otro que es moderado. La radicalización política a la que se encuentra sometido el primero es un problema (o llamémoslo distorsión) de la política, no de la religión. No hay que perder de vista que el musulmán o el cristiano moderado y pacífico no lo es por su religión, sino por sus ideas políticas. Sé que la diferencia a la que estoy apuntando con esto es sutil, pero importante y debe ser comprendida si es que queremos tener un manejo mejor de los conflictos políticos que se encuentran en la escena contemporánea. 

lunes, 16 de febrero de 2015

UN ANIVERSARIO MÁS DEL ASESINATO DE MARIA ELENA MOYANO

Resultado de imagen para maria elena moyanoEste 15 de febrero se conmemora un año más de la muerte de María Elena Moyano. Quien tuviera el valor de enfrentarse a Sendero Luminoso, organizando política y socialmente a la población, fue acribillada y su cuerpo dinamitado por el grupo terrorista en 1992. Su actividad, como dirigente de izquierda, fue fundamental para impedir que SL ingresara en Villa el Salvador. De hecho, los adversarios más odiados por el grupo dirigido por Abismal Guzmán eran los grupos de izquierda, quienes organizaban a la población de tal manera que impedían el avance de su estrategia.  Esta constatación va a contracorriente de la opinión difundida por la derecha radical en este país que ha buscado asociar a la izquierda con SL, a fin de desacreditar todo movimiento de izquierda. 

Lamentablemente, durante muchos años su hermana Martha Moyano utilizó su imagen para poder escalar políticamente en las filas del Fujimorismo, agrupación política que Maria Elena  combatió constantemente, en tanto dirigente de izquierda. Ciertamente, uno no es necesariamente culpable de la bajeza moral de sus hermanos.

Sendero Luminoso mantiene una comprensión extraña del marxismo, que una lectura más detenida del pensador alemán podría poner en jaque. De acuerdo a esta lectura, la historia tiene un  desarrollo a través de la lucha de clases, de tal manera que en cada estadío de desarrollo de la sociedad ésta se encontrará dividida en dos clases que se encontraran enfrentadas. No es ni la voluntad de las personas, ni las decisiones tomadas por los líderes de los partidos los que determinan la lucha entre las clases. Lo determinante es la historia y las condiciones estructurales de la sociedad, de tal manera que si en ese proceso una persona mata a otra, la responsabilidad de ese asesinato no recae en quien mata, sino en  el devenir de la historia y en las condiciones de la estructura de la sociedad. El que mata no tiene responsabilidad, y tampoco el asesinado la tendría. Este último tuvo simplemente la mala suerte de estar ubicado en un lado de la estructura de la sociedad que no le favoreció. 

Si esto es así, la responsabilidad humana desaparece por completo y las personas son simplemente de un dios extraño que sería el devenir de la historia. Es por ello que, en la actualidad SL esté pidiendo amnistía, Aunque dicho pedido es extraño, si asumimos las premisas de su propio razonamiento. La amnistía supone borrar la culpa de la persona amnistiada por medio de una política de olvido. Pero si la historia y las estructuras sociales, pero no la persona, son las causantes de las muertes de las personas, ¿por qué habría que borrar la culpa de una persona si no tiene absolutamente responsabilidad por lo que el titiritero de la historia ha hecho a través de ella? Es como si alguien matara a  una persona a través de un revolver, y metiésemos a la cárcel al revolver y no a la persona que lo usó. En esta lectura bizarra de Marx, no abría a quien responsabilizar por lo que sucedió, pues cada cual, incluso los efectivos de las fuerzas del orden que violaron derechos humanos, se encontraban conducidos por la mano de la historia. Este reduccionismo social, que elimina la responsabilidad de las personas es extraño incluso al pensamiento de Marx. Es como pensar que cuando se dinamitó el cuerpo de Maria Elena Moyano, quienes hicieron no actuaron con extrema crueldad  y no fueron responsables por dejarse llevar por su odio extremo, al igual que cuanbdo su hermana Martha, al irse tras las filas del dictador Fujimori no tuviese la responsabilidad por utilizar el nombre de su hermana para un fin torcido y moralmente cuestionable.   

sábado, 7 de febrero de 2015

LA METAFÍSICA DE LAS COSTUMBRES DE KANT Y LA FILOSOFÍA PRÁCTICA CONTEMPORÁNEA




La distinción propia de la filosofía crítica de Kant y fruto del llamado “giro copernicano”, a saber, aquella entre fenómeno y noumeno resulta relevante para filosofía práctica. Ésta nos conduce a asumir, al mismo tiempo, dos puntos de vistas respecto del ser humano y del mundo en general. En primer punto de vista es el intelectual y el segundo es el sensible. Esta distinción conduce a considerar al ser humano, al mismo tiempo, como libre y como condicionado por las leyes de la naturaleza que operan en él. De esta manera, desde el punto de vista nouménico, en ser humano debe ser  pensado como libre. Pensarlo como libre supone, a la vez, considerarlo como productor de las leyes morales y como obligado por esas mismas leyes, las cuales se le presentan como imperativos categóricos debido a que el ser humano contiene una dimensión que es sensible. La persona es capaz de producir sus leyes morales gracias a la razón, lo cual constituye la autonomía moral de la razón en ella, es decir, la autolegislación moral. Esto es lo que constituye la metafísica de la libertad, es decir, que el ser humano es considerado libre desde un punto de vista metafísico, no empírico. Hay que añadir que las leyes morales en general son consideradas por Kant como leyes prácticas; y estas incluyen todo ámbito normativo, es decir, la doctrina del derecho y la doctrina de la virtud. El término “practico” tiene para Kant un significado muy preciso. Se trata de todo aquello que incorpora la libertad para poder realizarse. Puesto que las normas racionales para la ética y para el derecho requieren fundarse en la libertad de la razón para ser consideradas válidas, ambos sistemas normativos son prácticos.

Usualmente, el término “práctico” es utilizado para referirse a la actividad técnica en el mundo, pero para Kant esa manera de hablar no es más que fruto de una confusión. Lo técnico, al igual que la felicidad, corresponden a imperativos hipotéticos, es decir, imperativos condicionados por las situaciones dadas en la experiencia. En este sentido, lo técnico y la felicidad no son cuestiones prácticas, sino teóricas. Es decir, ambos aspectos corresponden a la razón teórica y no a la razón práctica. La razón teórica es aquella que se aplica al conocimiento de los objetos de la experiencia, en cambio, la razón práctica se aplica a producir objetos que se encuentran más allá de toda experiencia posible. Uno de esos objetos es la idea de la libertad, la cual es relevante para la metafísica de las costumbres, es decir, para la doctrina del derecho y para la doctrina de la virtud.  La distinción entre el uso teórico y el uso práctico de la razón es una consecuencia del giro copernicano propio de la filosofía crítica. En términos precisos, la razón es una y tiende a la coherencia y a la unidad, de manera que cuando se habla de la razón teórica como diferente a la razón práctica se trata de una manera de hablar que busca diferenciar los dos propósitos de la razón. Pero esa manera de hablar no nos debe llevar a olvidar que se trata de una sola razón que tiene dos objetivos distintos, y que el uso práctico de la razón tiene primacía sobre el uso teórico de la misma, pues es la que tiende completar la unidad y la coherencia que el uso teórico de la misma no logra por sí misma.

La metafísica de la libertad es lo que caracteriza a la metafísica de las costumbres en general. Esta última se divide en doctrina del derecho y doctrina de la virtud. La doctrina del derecho versa sobre el deber perfecto o estricto en general, que tiene dos dimensiones: el derecho de la humanidad en nuestra propia persona y el derecho de los otros. En cambio, la doctrina de la virtud versa sobre el deber imperfecto o lato en general, que contiene el fin de la humanidad en nuestra propia persona y el fin de los hombres. En tanto que la doctrina del derecho versa sobre derechos en general, ésta tiene como contenido deber perfecto o estrictos. Al versar sobre derechos, tal doctrina tiene contenidos precisos, destinatarios concretos y obliga a instituciones específicas, cosa que permite a esta área de la metafísica de las costumbres versar sobre deberes perfectos. En cambio, la doctrina de la virtud se ocupa de los fines en general de las personas,  de modo que tiene como contenido deberes imperfectos o amplios, puesto que se trata de exigencias para toda persona en general y no especifica las personas y las instituciones que tienen los deberes en cuestión.   Ahora bien, puesto que las leyes prácticas suponen la autolegislación racional como la constricción de la voluntad, desde este segundo aspecto dichas leyes se presentan a las personas como deberes que incluyen la capacidad de coaccionar. Pero en el caso de la doctrina del derecho la coacción de la voluntad opera de una forma distinta que en la doctrina de la virtud. En el caso del derecho, la coacción es externa y ejercida por la fuerza pública, mientras que en el caso de la virtud, la coacción es interna y ejercida por la conciencia del individuo.

Kant define la virtud como “…la fuerza de la máxima del hombre en el cumplimiento de su deber” [Metafísica de las costumbres, 248 (394)]  que se dirige a vencer los obstáculos que representan las inclinaciones naturales. Este combate de las inclinaciones se encuentra orientado a dos fines importantes, a saber, la propia perfección y la felicidad de los demás. La propia perfección consiste en la perfección moral de la persona. Dicho perfeccionamiento incorpora la consecución de la felicidad, pero de un modo claramente especificado: se trata de hacerse digno de la felicidad y de esperar obtenerla sólo bajo dicha condición. El segundo fin que se inscribe en la virtud consiste en colaborar con la felicidad de los demás siempre que se utilicen medios morales y el tipo de felicidad que se busque para ellos sea compatible con la moral. Ambos fines centrales de la virtud establecen una conexión claramente especificada entre la virtud y la felicidad. Esta relación coloca a la virtud como elemento prioritario y la felicidad como elemento subordinado. Además, la felicidad no está siendo pensada como consecución de la misma de manera directa, sino como la exigencia de hacerse digno de ella y como algo que no se realizara necesariamente, pero respecto de lo cual cabe albergar la esperanza de alcanzarla. Esto es lo que denomina Kant “Supremo Bien”. En este punto, Kant se conecta con la tradición de la filosofía moral que proviene desde la antigüedad. La posición de Kant al respecto se abre paso en debate con las concepciones clásicas del Supremo Bien, en  especial con la desarrollada por los estoicos y la presentada por los epicúreos, que representan dos puntos de vista antagónicos al respecto.

El deber de virtud para con uno mismo, consistentemente en el perfeccionamiento de sí exige el combatir una serie de obstáculos naturales, entre los que se incluye la mentira, la avaricia y la falsa humildad, además de cultivar disposiciones morales y físicas. La disposición moral fundamental que la virtud exige cultivar es la del autoconocimiento moral, a saber “…penetrar hasta las profundidades del corazón más difíciles de sondear” [Metafísica de las costumbres, 307 (441)]. La disposición física fundamental es aumentar la perfección natural. Deberes de virtud para con los demás Kant los divide de la siguiente manera. De una parte, el deber de amar a los otros hombres, que incluye en deber de beneficencia, el deber de gratitud y el sentimiento de simpatía considerado como un deber. De otra parte, los deberes de virtud hacia los otros hombres nacidos del respeto que se les debe.

Ahora bien, tanto los deberes de virtud para con uno mismo como aquellos referidos a los demás se desarrollan en el seno de la sociedad. Es por ello que en La religión dentro de los límites de la razón desarrolla la idea de una Iglesia, en tanto Reino de Dios, bajo la forma de comunidad ética. En ella Kant desarrolla la idea de la sociedad como espacio en el cual se desarrollan las virtudes de las personas, de tal manera que la reflexión sobre la virtud desemboca en un estudio crítico de la sociedad. La filosofía de la sociedad que se abre en este punto se presenta como complementaria a la filosofía política que Kant desarrolla en la Doctrina del Derecho y en otros textos. A partir de esta filosofía social desarrollada por Kant será posible examinar las propuestas centrales que se han presentado en la filosofía social contemporánea.


Los sistemas normativos que el derecho y la moral representan, y que son el objeto de la metafísica de las costumbres, se encuentras articuladas a través de la idea de libertad. Teniendo dicha configuración, articulan los demás sistemas normativos, como son la política y la religión. De esta manera, la idea de libertad configura aquello que merece el nombre de relaciones políticas, del mismo modo que ofrece un punto de vista crítico para poder entender la religión como el conjunto de normas morales producidas por la razón autónoma, pero asumidas como si se tratase de mandatos divinos.  Lo mismo sucede con las relaciones que las personas establecen en la sociedad. La idea de comunidad ética, que Kant presenta en la eclesiología presente en el texto de La religión dentro de los límites de la razón, permite establecer un punto de vista  que se nutre de la misma idea de libertad  y que  ofrece una herramienta crítica para evaluar las relaciones sociales dadas en las sociedades contemporáneas. Al mismo tiempo, proporciona las herramientas conceptuales adecuadas para poder discutir las propuestas desarrolladas en la filosofía social contemporánea. 

domingo, 25 de enero de 2015

¿ES EL ISLAM VIOLENTO? ¿SON LAS RELIGIONES AGRESIVAS?

Fenómenos como el de los atentados en Francia  o el del llamado Estado Islámico (EI o ISIS) han levantado el dedo de la acusación sobre una religión particular. Se señala que el Islam es violento, belicoso, machista, atrasado, retrógrado y radical. En los últimos años, y especialmente, los últimos días, se han reiterado muchas otras afirmaciones de agravio contra la religión que profesan billones de personas.  Frente a esas afirmaciones surgen preguntas como la de si se trata de una burda generalización y si esas gruesas afirmaciones, carentes de matices y precisiones no resultan ofensivos contra los creyentes de esa fe. 

Por ejemplo, una de las acusaciones más recurrente al mundo islámico es que somete a la mujer al dominio del varón, e incluso practica la mutilación de sus genitales. Pero si observamos las cosas con más detenimiento, hay países de mayoría islámica donde se practica la igualdad entre hombres y mujeres (como en Indonesia y en Turquía) y otros países africanos, donde la mayoría en católica, y se práctica la mutilación de los genitales femeninos.  La observación empírica apoya la afirmación de que la violencia entre mujeres y niños no representa se asocia al Islam como religión y que miembros de otras religiones, como el budismo, el hinduísmo o el cristianismo pueden estar llevando adelante esas acciones. Si esto es así, se puede afirmar que la violencia ni el pacifismo sea lo que diferencia a unas religiones de otras. La afirmación "el Islam es violento  mientras que el cristianismo es pacifista" es una simplemente una burda simplificación que no ayuda a pensar los problemas, y menos a resolverlos. 

La militancia radical y la violencia (como el pacifismo y la disposición al diálogo y a la colaboración) no son una actitud de las religiones, sino de las personas. Así como hay católicos violentos, hay otros que son dialogantes.  Otro tanto sucede al interior de las otras religiones a lo largo y ancho del mundo. Pero, las personas no viven aisladas, sino que viven en sociedades. Lo mismo sucede con las sociedades, viven en un mundo donde se encuentran con pueblos y sociedades diferentes. Y cuando las personas de una sociedad  son humilladas y heridas por pertenecer a una religión, se genera en ellos la idea de que son un pueblo cuya religión debe reivindicarse por medio de la agresión a otros. Cuando esa gente es presa de un  discurso radicalizado, sus líderes puede conducir a miles de personas a la confrontación. Pero eso no se debe a que haya algo esencial en la religión que profesan esas personas que los conduzcan por ese camino.  Lo mismo sucede con la violencia hacia los niños y las mujeres. Cuando las personas de una sociedad carecen de la educación suficiente, lleva adelante prácticas contra esos grupos, pero ello no tiene que ver con algo así como la naturaleza de sus religiones, sino a faltas de oportunidades para educarse suficientemente. En cierto que a muchos líderes y políticos les conviene que la gente se mantenga en la ignorancia, pero ello no tiene nada que ver con la religión, sino con la manipulación que se ejerce contra las personas. En muchas oportunidades, los líderes políticos han utilizado la religión para manipular a la gente, pero ello no tiene que ver con la religión, sino con la utilización política de la misma. Como muestra claramente Richard Bernstein, después de los atentados contra las Torres Gemelas, el gobierno norteamericano de entonces utilizó una retórica religiosa con fines políticos. Pero ello no decía nada respecto del cristianismo, sino que hablaba de los intereses de los líderes estadounidenses de entonces.

Amin Maalouf afirma con lucidez que un pueblo hace de su religión lo que es, y no al revés. A lo largo de la historia un pueblo modifica su religión, de tal manera que se puede volver irreconocible. Muchas veces, los líderes políticos intervienen decididamente en ese proceso. Pero también es cierto que un pueblo puede compartir una lengua y una cultura, pero no compartir la misma religión, como es el caso del pueblo árabe. Pero, como fuere, la gente modela su religión, de tal manera que la radicalización o no radicalización de una "religión" no es un proceso que sucede en la religión, sino en la gente. Es en este sentido que se hace necesario que tengamos una mejor comprensión de la gente que comparte nuestro mundo y que no le echemos la culpa a la religión de lo que le pasa a e la gente. A veces, nuestras afirmaciones basadas en creencias simplificadas y simplistas abona a que la gente se irrite y se radicalice. Para no hacer eso, debemos tener más comprensión de nuestro mundo. A muchos de nuestros políticos no les conviene que ampliemos los márgenes de nuestra comprensión y conocimiento y utilizaran una retórica dirigida a manipular nuestros afectos, pero nuestra tarea es no permitir que nos hagan eso. 


domingo, 18 de enero de 2015

El fortalecimiento de los radicalismos y la defensa de las libertades


Los atentados del terrorismo islámico sucedidos últimamente en  Francia hace un par de  semana pasada contra la revista Charlie Hebdo ha conmocionado Europa y el mundo entero, así como el último número de la revista ha producido una gran revuelta en muchos grupos en por países islámicos.. Hay quienes han equiparado estos acontecimiento con el 11de septiembre. Pero las reacciones que  han sorprendido más han sido de dos tipos:1)  Hay quienes han abogado por una política de endurecimiento de las fronteras en Europea, 2)  por otro lado se han escuchado voces que reivindicaban unas supuestas raíces cristianas de Europa, además 3) se ha señalado que es necesario colocar límites a la libertad de expresión y, finalmente, 4) no han faltado quienes señalan que no existe el derecho a blasfemar. Esta no es una lista exhaustiva y se podrían añadir otras reacciones relevantes. Además, no comentaré estas cuatro reacciones, por separado, sino que realizaré un comentario general. 

Una de las primeras presiciones que necesitamos tener en cuenta es que el radicalismo islámico y el yihadismo no representan al islam en general. Es necesario hacer una distinción entre el islam, en tanto que fe, y el islam político. El islam, en tanto que fe, expresa una serie de espiritualidades que se encuentran en debate y que ha sido y es sumamente productivo tanto espiritualmente como cultural y materialmente. La religión islámica carece de una estructura jerárquica, a diferencia del catolicismo, y cuenta con una serie de autoridades que pueden diferir entre sí respecto de la interpretación de los textos del Corán como de los acontecimientos en el mundo.  En cambio, el islam político no representa más que movimientos políticos de extrema derecha que utilizan la religión como motivos de convocatoria de masas. El sus posiciones más extremas, el islamismo político representa lo que en Europa es el neonazismo o el movimiento de Jean Marie Le Pen, el Frente Nacional, o la extrema derecha peruana, así como otros grupos de extrema derecha que han proliferado en Estado Unidos, Europa y América Latina. Algunos de esos grupos radicales tienen una retórica cristiana, pero no representan en absoluto la fe cristiana.   

Por otro lado, es cierto que existen sectores en el mundo islámico que son muy sensibles frente a las burlas a la religión y a Mahoma, y en cierta medida se comprende que las caricaturas del semanario francés no les haya causado ninguna gracia. Pero hay que tener dos cosas en cuenta. La primera, es que esas caricaturas de han realizado en un país europeo y no en África ni en el Medio Oriente. Pero, en un mundo donde cada vez el alcance de las comunicaciones y las influencias culturales mutuas, el mundo islámico debería de comprender también la dinámica de la libertad de expresión que articula las sociedades europeas. La segunda, que los musulmanes residentes en Europa tienen que insertarse en la dinámica de la vida social de los países europeos, incluyendo los derechos y las libertades que éstos tienen como parámetros y posibilidades. Ciertamente, las comunidades islámicas en Europa pueden colaborar para modelar la esfera pública de los países en los que radican, pero deben ser moldeadas al mismo tiempo por ella, en un proceso de integración social. En un mundo como el que tenemos ahora, no podemos darnos el lujo de desconocer al otro, de no comprenderlo y de tener una imagen burda de las prácticas del otro, tanto si se trata de alguien que vive en otros continentes como aquellos que son nuestros vecinos pero tienen otras tradiciones religiosas y culturales.

El no derecho a la supuesta blasfemia y la supuesta raíz cristiana que Europa estaría llamada a defender son dos ilusiones creadas por grupos radicales que es necesario cuestionar. Una blasfemia sólo la puede proferir alguien que desde dentro de una religión habla mal de lo sagrado para esa religión. Cuando sucede otra cosa, como la mofa de los símbolos religiosos de otros, ello no puede ser calificado de blasfemia, sino de ofensa a las creencias religiosas del otro. Si no tenemos eso claro, tendremos una confusión conceptual que enturbiará el debate público. Respecto de la supuesta raíz cristiana que Europa estaría llamada a defender es necesario que más antigua que la judeocristiana ha sido la herencia greco-romana. Además, apelar a una especie de réplica de "América para los americanos" para la Europa contemporánea deja de ser serio y cae en el ámbito de lo pintoresco o la añoranza folclórica. Europa es hoy, más que nunca, un continente pluricultural y multirreligioso. La reivindicación de las raíces cristianas van en sentido opuesto del fortalecimiento de la integración social que se necesita. Agrava los problemas más que aminorarlos y muestra una falta de comprensión de la situación que no podemos darnos el lujo de mantener en ninguna parte del mundo actual. Se entiende que los partidarios de la retórica del no derecho a la blasfemia y de la protección de las raíces cristianas tengan motivaciones políticas de extrema derecha, pero también hay que entender que se trata de una enorme irresponsabilidad política que conduce por irritar las identidades de las personas. La pregunta es, ¿es legítimo tener una retórica que conduzca a un mundo más violento sólo porque se quiere tener mayor poder político? La respuesta es abiertamente no.

Si en un país europeo u occidental alguien siente su religión agraviada, las democracias tiene mecanismos judiciales para manejar esas situaciones. Además, la misma dinámica de las sociedades democráticas permiten perfilar la comprensión de las libertades de unos y los derechos de otros respecto a la expresión y el agravio. No se requiere de recortes de las libertades desde el poder ejecutivo, porque ello no pertitiría el aprendizaje social y desplazaría los focos de agresión a otros campos. La represión de las libertades terminan por desplazar el conflicto a otra esfera de la sociedad en la cual termina por ser más difícil de manejar. La respuesta no puede ser la limitación de las libertades ni la represión de las mismas, sino el manejo inteligente de los problemas. La voz de la extrema derecha clama por la represión, pero debemos de ser, como mundo, más inteligentes que eso.  

sábado, 3 de enero de 2015

LA NECESIDAD DE FORTALECER EL ESTADO LAICO EN PERÚ

En  los últimos tiempos se han hecho públicos una serie de incidentes que llaman a la reflexión sobre el hecho de fortalecer la laicidad del Estado peruano. Hace ya un tiempo, el conocido incidente de CONCYTEC, en el cual la directora retiró de los espacios públicos de la institución una serie de símbolos religiosos que pululaban en ella. La decisión de la directora de CONCYTEC fue altamente cuestionada por muchas personas, que no entendían lo que la laicidad del Esto significa y lo importante que es, para la democracia, defender la independencia del Estado  del fuero de las Iglesias. Incluso, un grupo de personas, totalmente desconociendo los valores de un Estado republicano, pidieron al cardenal Cipriani que interceda a favor de reintegrar los símbolos religiosos en la institución.

Otro incidente importante es el ocurrido antes de la Navidad en la UNMSM. Una estudiante de Filosofía envió una carta al Decano de la Facultad de Letras en la cual exigía, con pleno derecho, que se proceda a retirar los símbolos religiosos y el nacimiento que se había puesto en las áreas comunes de la Universidad, puesto que se trataba de una institución pública.  Las reacciones adversas contra la carta y la estudiante no se hicieron esperar.  Ella se grangeó de insultos y agravios, y muchos de sus profesores (especialmente, de ética y filosofía política - de quienes se esperaba una mayor comprensión del problema-, mientras que los profesores de epistemología le dieron su respaldo). 

Un tercer incidente, que vale la pena mencionar en este contexto, es la presencia del altamente cuestionado cardenal Cipriani, en la toma de mando de Castañeda en la Alcaldía de Lima. El hecho de que el actual Alcalde invite al Cardenal   a tal ceremonia deja mucho que desear respecto de las credenciales democráticas del primero. Se podría enumerar una serie de situaciones e incidentes en la que la laicidad del Estado peruano es puesta entre paréntesis. Cada nuevo incidente da muestra el hecho de que muchas personas no entienden la importancia de afirmar la laicidad del Estado.  Las reacciones han ido desde señalar que el tema carece de importancia, o que, como el Perú es tradicionalmente católico, hay que aceptar la situación. Otros han señalado, que puesto que el catolicismo es la religión mayoritaria, está bien el que el Estado esté  teñido por el catolicismo. Incluso, hay varias personas que apoyan la idea de que el Estado peruano sea confesional.  Al  parecer, no sólo vivimos en un país homofóbica, racista y discriminatoria, sino rabiosamente religiosa, donde las versiones más radicales de las religiones se encuentran a la orden del día 

¿Por qué es importante fortalecer la laicidad del Estado peruano? La laicidad supone la consideración de la igualdad moral de las personas y la libertad de creencia (tanto religiosa o no religiosa), y para poder hacer valer esos principios, el  Estado laico tiene dos procedimientos importantes. El primero es la separación entre el Estado y la religión, mientras que el segundo consiste en poner en pie de igualdad a todos los credos.  Con ello se logra que no existan ciudadanos de segunda fila. Y no existen argumentos como el de la tradición, o el de la religión mayoritaria, que pueda esgrimirse seriamente en contra de la laicidad. Una de las consecuencias de la laicidad consiste en que el la esfera Estatal (escuelas y universidades públicas, ministerios u otras instituciones públicas) ninguna religión particular debe ser promovida por el Estado, y en los espacios comunes de las instituciones estatales lo religioso no debe estar presente.

Parece que las escuelas de derecho del país no tienen claridad sobre lo que la laicidad significa, y de su importancia. Muchos abogados arguyen que el artículo 50 de la Constitución Política del Perú faculta a las personas a ignorar la laicidad. Cada vez que surge una polémica sobre la laicidad, los abogados formados por profesores extremadamente conservadores,  enarbolan el famoso artículo 50, que señala lo siguiente: 

Dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y le presta su colaboración. El Estado respeta otras confesiones y puede establecer formas de colaboración con ellas.

Para quien lea atentamente dicho artículo, en él se afirma claramente la independencia del Estado respecto de la religión católica y se aboga por el pluralismo religioso. Pero los abogados conservadores consideran que el que dicho artículo se declare a la Iglesia Católica como un elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú es igual a afirmar la confesionalidad del Estado. Lamentablemente, para nuestros ultramontanos criollos, eso no es cierto. Pero otro dato importante lo constituye en que los defensores del Estado confesional desconozcan el artículo 2 de la misma Constitución, que en su inciso 3 señala que: 

Toda persona tiene derecho:

3. A la libertad de conciencia y de religión, en forma individual o asociada. No hay persecución por razón de ideas o creencias. No hay delito de opinión. El ejercicio público de todas las confesiones es libre, siempre que no ofenda la moral ni altere el orden público.

Dicho artículo no puede ser más claro respecto a la defensa de la libertad religiosas y de creencia, y respecto a la defensa del pluralismo razonable. ¿Por qué no lo mencionan nuestros ultramontanos criollos? Tal vez porque no les conviene. Lamentablemente, la Constitución de 1993 no contiene una expresión como "El Estado peruano  es laico". Se entiende que los constituyentes, en su mayoría fujimoristas, hayan preferido mantener la formulación de la Constitución de 1979, debido al juego de fuerzas políticas. Es por ello que se hace necesario desarrollar una política que modifique esa situación para que la laicidad del Estado no quede en entredicho, y con ello la igualdad de los ciudadanos no quede en vilo.  

Debido a su formación, que incluye confusiones conceptuales, los abogados afirman taxativamente que el derecho y la política son dos cosas diferentes, que el derecho debe mantenerse puro ante cualquier pretensión política y que la palabra política en la Constitución política del Perú es como un detalle que debe ser ignorado. Es necesario comprender que una Constitución es fruto de un acuerdo político y que las fuerzas políticas progresistas de este país deben defender la laicidad. ¿Dije "fuerzas progresistas"?. Bueno, son escasas, pero allí están y deben de tomar en serio la cuestión de la laicidad, y no hacer como algunos profesores de San Marcos, que prefieren no involucrarse porque tienen miedo a perder su puesto de trabajo. Aquí, el dicho anglosajón cae a pelo: "NO PRETENDAS QUE ALGUIEN VEA ALGO CUANDO SU SUELDO PRESENTE Y FUTURO DEPENDE DE QUE NO LO VEA"

miércoles, 31 de diciembre de 2014

¿Le pagarías a tu pareja por cada beso?


¿Le pagarías a tu pareja 10 soles por cada beso que te dé?, ¿le pagarías a tus hijos 15 por lavarse los dientes? ¿Les darías 100 por leer un libro al mes?  La respuesta obvia es no. Y los porque hacerlo sería extraño, va en contra de lo que esperamos en nuestras relaciones con las personas más cercanas. Ello produciría la corrupción moral de nuestras relaciones. Si le pagas a tu pareja por cada beso, llegarás a preguntarte si realmente te ama o lo que le interesa es el dinero. No estarás educando moralmente a tus hijos y tampoco le estarías inculcando hábitos de limpieza y cuidado personal si les pagaras por lavarse los dientes.  El interés económico estaría corroyendo el mundo de tus relaciones humanas  si todo lo obtienes por dinero.

Posiblemente tu no seas tan rico como para lograr pagar todo lo que recibes: afecto, respeto, cariño, reconocimiento. Pero el Estado y el gobierno sí tienen los recursos suficientes para hacerlo. Él cuenta con dinero, con la legislación y con la fuerza pública para conseguir lo que quiere.  Y lo hace con frecuencia. Lo que sucede es que a  veces, al usar sus recursos, corrompe moralmente a los ciudadanos. 

La llamada Ley Pulpin es una de esas formas. El gobierno está "pagando" a los empresarios informales para que se formalicen. Pero lo está haciendo, no utilizando su dinero sino la legislación, para obligar a los jóvenes a que se hagan cargo del pago a los empresarios.  Pudo haberse pensado en otros mecanismos, como incentivos tributarios o simplificación de los trámites de la formalización. Pero en todo caso, la pregunta moral queda en pie: ¿debe el Estado o el gobierno dar incentivos monetarios o legales a los empresarios para que se formalicen?

Se me dirá que el objetivo de la Ley Pulpin es beneficiar a las grandes empresas. De eso, no me cabe duda. Pero incluso, si hacemos un esfuerzo de surrealismo y le creemos al gobierno, la pregunta sigue en pie. Se me dirá, entonces, ¿acaso no es correcto que el Estado y el gobierno otorgue incentivos a los empresarios que no pueden formalizarse?. Lo que ocurre es que resulta poco creíble que todos los informales no cuenten los recursos para hacerlo. Una cosa es no poder y otra no querer porque no me conviene.  ¿Es moralmente legítimo que el Estado y el gobierne ofrezca incentivos a los empresarios informales para que se ajusten a la ley?

Cuando hablamos de corrupción moral de la sociedad, ¿esto no forma parte de ese mal que nos aqueja, del que nos lamentamos? ¿Tiene el Estado y el gobierno otros recursos para lograr la formalización? Para que podamos entendernos, debemos tener en cuenta que formalizarse significa comprometerse con el país, es decir, es es una muestra de civilidad. Cada ciudadano tiene una obligación moral para con el país. Las empresas también lo tienen.  Ello para desde respetar las leyes de tránsito hasta paga sus impuestos porque se entiende que ello fortalece los derechos, la libertades y el bien de todos los ciudadanos. 

Sé que con esto estoy hablando chino para muchos. Pero en otros países las cosas funcionan en ese nivel. Otros Estados ofrecen reconocimientos a buenos  ciudadanos por su compromiso cívico. Eso fortalece la integración social y la conciencia de ciudadanía. En el Perú en compromiso cívico es escaso. Sin embargo, el Estado y el gobierno cree que corrompiendo moralmente a los empresarios van a poder subsanar este déficit moral. Pero, además la Ley Pulpín, como la Ley PYME y la Ley CAS. son inconstitucionales.  Así que estas leyes no sólo tiene problemas constitucionales y sociales, sino también morales. 

Ahora, si cree que estos argumentos morales son irrelevantes, pregúntele a su pareja cuánto le cobraría por un beso.