martes, 4 de marzo de 2014

Entre la hermenéutica y el neotomismo.El problema del pensamiento moral cristiano (primera parte)

En varios sectores de la Iglesia el pensamiento moral cristiano contemporáneo se encuentra en una desgarradora tensión entre sus aspiraciones respecto de la justicia social  y sus concepciones morales. Esta tensión coloca a los católicos muchas veces en una situación paradójica y, hasta cierto punto, triste. Se hayan abogando por un mundo más justo, en el cual las injusticias sociales, los agravios contra los seres humanos,  la violación de los derechos humanos, la marginación y la exclusión social sean suprimidos. Pero al mismo tiempo se encuentran defendiendo posiciones morales que restan alcance a las aspiraciones sociales que son tan apreciables.
Estas posiciones morales abogan por una rigidez normativa que tiende a ampliar el elenco de “conductas moralmente no tolerables” y de “creencias condenables”. Así que sectores católicos, mientras  de un lado se comprometen con el fomento de una cultura de los derechos humanos, de otro lado insisten en inmiscuirse en la vida de fieles y no fieles para levantarles cada vez más prohibiciones y restricciones a sus acciones, y e inmiscuirse en sus conciencias para decirles qué deben de creer y qué concepciones de la vida deben abrazar.
            Esta tensión se agrava aún más en situaciones socioculturales como las que viven las sociedades contemporáneas, marcadas por las exigencias y desafíos que surgen del pluralismo cultural y el reconocimiento de las identidades. Los nuevos desafíos que el mundo de hoy coloca en la agenda social problemas de reconocimiento que exige que lo que tradicionalmente era comprendido como un asunto exclusivamente moral, ahora es una cuestión social que reclama una discusión pública. Esto sucede de modo especial con el caso del reconocimiento de las identidades de las personas, es decir, la valoración de las maneras que tiene las personas de comprenderse a sí mismas y comprender su inserción en el tejido social. Así, aquellos sectores sociales que han sido condenados y marginados  desde una rígida moral tradicionalista hoy en día exigen el reconocimiento de sus derechos[1].
            El desgarro en el pensamiento moral cristiano que señalo tiene su clara manifestación en el desencuentro que existe entre las inspiraciones que se dieron en el Concilio Vaticano II y los intentos de reivindicar al neotomismo como la única matriz válida para el pensamiento cristiano. En el Concilio lo que encontramos es la voluntad de la Iglesia de abrirse al mundo para dialogar con él y buscar la mejor manera de comprenderlo. De allí surge la conciencia en la Iglesia de que sólo podrá ser testimonio de Cristo si es que comprende y acompaña a la sociedad contemporánea en sus alegrías, esperanzar y sufrimientos. De modo que se ponen de relieve el reconocimiento de la libertad y la dignidad de las  personas.
            Sin embargo los años posteriores a Vaticano II, y con más fuerza desde los años 90, se ha visto la presencia de una reedición del  pensamiento neotomista que, en un sentido contrario al espíritu del Concilio, pone el acento en una Verdad metafísica desde la cual se intenta poner a raya las libertades y la dignidad de las personas. Esto significa un serio problema para el pensamiento moral cristiano. Si se quiere seguir con la apuesta de Vaticano II por la apertura, el diálogo, la comprensión y acompañamiento de la sociedad contemporánea, mal se haría en confiar sus concepciones morales a una reedición del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, reedición que no hace más que restringir los alcances de las aspiraciones del Concilio.  En lugar de tomar al neotomisto como matriz filosófica, la Iglesia podría ampliar su espectro filosófico y tener más en cuenta la hermenéutica filosófica, que resulta ser una herramienta que da la posibilidad de comprender mejor al mundo y de entrar en diálogo con él.
            En lo que sigue analizaré los principales problemas teóricos que trae el comprometerse con el neotomismo visto en contraste a la hermenéutica (1),para seguidamente presentar las consecuencias que éstos tiene para el pensamiento moral en ciertos sectores de la Iglesia (3). Finalmente presentaremos algunas conclusiones (3).



[1] En realidad, este movimiento lucha por reconocimientos de derechos de sectores “moralmente signados” no es reciente. Lo mismo sucedió con los esclavos –a quienes se les creía así por que ese era el designo de Dios- o con los indígenas de  América, a quienes se les creía creados por Dios como carentes de alma humana, o a las mujeres, de quienes se decía que era un mandato de Dios el que se encuentren sometidas a sus maridos y no participen de la esfera publica. 

martes, 25 de febrero de 2014

La ética pública colonizada

       



En los últimos años la ética púbica ha sido colonizada por los partidarios de la elección racional y los amantes de la educación en valores. De esta manera, los neoliberales, e un lado, y los conservadores, por otro, se han posicionado en las escuelas de ética pública. ¿Cómo ha podido suceder esto? y ¿cómo es posibles que ambos grupos se den la mano en este punto? Trataré de dar algunas luces que nos acerque a las respuestas.
     Cuando hablamos de ética pública nos encontramos con cuestiones que tienen que ver con el bien público y la deliberación sobre la marcha de la república (tal como Gonzalo Gamio lo deja claro en sus trabajos). El término "república" proviene de latín res publica, que significa cosa o cuestión pública. Es decir, cosa de interés pública, es decir, de todos los ciudadanos. Así es en sociedades democráticas y no autoritarias. 
        En este sentido, las cuestiones públicas, incluyendo la ética pública,  competen a todos. Estos todos pueden agruparse en a) los políticos y gobernantes, b) los ciudadanos y c) los servidores públicos o burócratas. Estos tres tipos de agentes son importantes para el funcionamiento de la República. La ética pública supone, entonces el combate contra la corrupción, el buen funcionamiento del Estado, la participación de los políticos y de los ciudadanos en la construcción de una sociedad más justa, entre otros temas. 
      Sin embargo, las Escuelas de Ética Pública, tanto en las universidades, institutos como en el mismo Estado, se han centrado en la formación de los servidores públicos (la burocracia). Fortalecer la burocracia es, sin duda, una tarea importante que emprender. Sin embargo, al plantear la formación ética de la burocracia se produce una desconexión de ésta respecto de los políticos y de los ciudadanos. Esta desconexión tiene como objetivo apartar todo aspecto político. Como se ve en los gobernantes, los políticos y la sociedad civil elementos de carga política densa, se considera que la profesionalización y la moralización de la burocracia pasa por apartarla de las presiones políticas o, por lo menos, de blindarlas -en la medida de lo posible- de tales presiones.
        Esta desconexión es una estrategia que comparten tanto los positivistas, los conservadores y los utilitaristas. Es por ello que desde el derecho, la moral conservadora y aristocrática como desde los imperativos del neoliberalismo imperante se exige 1) reducir la ética pública a la ética del funcionario público y 2) desconectar la ética pública de la política. Colocada la ética pública en esta "cancha de juego" se procede a convertir a los servidores públicos en "gerentes" (los directivos) o empleados (los no directivos), y se utiliza la racionalidad de que se usa en las empresas del sector privado para la gestión públicas. Este movimiento tiene su reflejo en otros ámbitos. Por ejemplo, en el derecho, con la penetración tanto del positivismo como del análisis económico del derecho sucede que los arreglos económicos han reemplazado la justicia y que la lógica del derecho privado está colonizando al derecho público. De hecho muchos abogados y juristas consideran que es posible reemplazar el peso de los derechos fundamentales por el mejor arreglo económico. En el gobierno sucede otro tanto cuando el consejo de ministros se convierte en un consejo de técnicos y el ministro de economía adquiere un peso especial.
          En la formación de los servidores públicos se aplican los métodos propios de sector privado. El modelo de análisis de casos, -punta de lanza de la formación ética en las empresas - es copiado, sin variaciones, para el sector público. No podía ser de otra manera, una vez que se ha convertido en los directivos en gerentes y a los no directivos en empleados. En este contexto la eficacia (propia del neoliberalismo) se ha convertido en una palabra clave, así como los valores (propia de los conservadores). Conservadores y neoliberales convergen en la necesidad de formar una burocracia que se mantenga dentro de los parámetros del status quo  funcional al mercado. 
           Fortalecer el Estado es un imperativo en este país, y la formación ética de la burocracia es fundamental. La pregunta es si siguiendo los patrones de formación ética que el neoliberalismo y los conservadores sugieren es la mejor manera de fortalecer una República Democrática

domingo, 9 de febrero de 2014

La formación del juicio y del discernimiento crítico. (Tercera Parte)



Dentro de este proceso los estudiantes no van asumiendo valores externos, sino que van construyendo criterios internos que les permiten juzgar críticamente las diferentes jerarquías de valores morales que se les ofrece. Esto les resulta ser mucho más provechoso para sus vidas puesto que la sociedad tiende a bombardearlos con listas antagónicas de valores. En vez de indicarles cuál de las listas valorativas deben asumir, los maestros han de ayudarles a formarse sus propios criterios de juicio moral.
El criterio de juicio moral opera como instancia crítica que permite al alumno ejercer el discernimiento. Éste es una instancia interna a la subjetividad que se va consolidando conforme la persona es capaz de explorar, gracias a la experiencia y al diálogo con otros, su identidad. El fortalecimiento de la capacidad de discernimiento moral cuenta además con una ventaja adicional. Cuando el compromiso con un bien moral no es fruto de un discernimiento y una búsqueda que parte de la propia experiencia del alumno, lo que se tiene es un vínculo externo y artificial con ciertos valores. En cambio, cuando la orientación moral brota de una búsqueda en la propia experiencia, el vínculo moral es más vigoroso y natural.
Así, la pregunta a la que debe responder la educación  moral no es “¿cómo han de interiorizar los individuos estos valores morales?”, sino esta otra “¿cómo han de orientarse los individuos ante la diversidad de jerarquías de valores morales que se le proponen?”. Inmanuel Kant, escribió un opúsculo  titulado ¿Qué significa orientarse en el pensamiento?[1] En él señaló que orientarse en el pensamiento es como orientarse espacialmente. Lo primero que tiene que hacerse es saber cuál es su mano derecha y cuál es su izquierda y a partir de esta diferenciación interna puede ubicarse conforme a lo que se encuentra a su derecha y a su izquierda. Por ejemplo, llegamos a una dirección que apenas conocemos sabiendo, después de tantas esquinas hemos de doblar hacia la izquierda y después a la derecha. La derecha y la izquierda son referentes subjetivos, internos, porque corresponden a mis dos lados. Lo mismo sucede con la orientación moral. Es a partir de la consolidación de un referente interno, subjetivo, es decir, un criterio, puedo orientarme, saber qué ofertas morales se encuentran a la izquierda y a la derecha. Con ello puedo ejercer un discernimiento moral crítico.



[1] ¿Qué significa orientarse en el pensamiento?, en: KANT, Inmanuel, En defensa de la ilustración, Barcelona: Alba Editorial, 1999.

domingo, 2 de febrero de 2014

La formación del juicio y del discernimiento crítico. (Segunda Parte)

        Frente a esta manera de concebir la formación moral es necesario afirmar el cultivo del discernimiento crítico moral de la ciudadanía. Esta formación del pensamiento crítico, que ha de iniciarse desde la escuela, consiste en insertar al individuo en una comunidad de diálogo en la cual tenga la posibilidad de definir sus orientaciones morales gracias a la interacción con otros. A través de la comunicación y el diálogo dentro de un espacio compartido con otros, en el cual pueden expresarse libremente, es como los niños van definiendo, contrastando y redefiniendo sus orientaciones morales. Asimismo, es en espacios públicos libres donde los ciudadanos van articulando sus orientaciones morales fundamentales, gracias al intercambio y al diálogo. 
            La construcción de un espacio público libre es fundamental para la generación del discernimiento crítico moral de las personas. La filósofa alemana Hannah Arendt es quien ha tematizado de manera más completa la idea de espacio público como el lugar donde se define y se realiza la acción moral de las personas[1].  El espacio público es el espacio de la pluralidad que se constituye a través del diálogo y la deliberación  entre las personas. Se trata del espacio de la contigüidad humana en el cual somos iguales y diferentes al mismo tiempo. Somos lo suficientemente iguales como para poder entendernos y lo suficientemente diferentes para tener cosas que decirnos.
En este espacio de la pluralidad, cada cual se muestra ante la mirada de los otros. En él las personas muestran quiénes son, es decir, revelan  su identidad moral. Para Arendt  la revelación de la identidad personal es fundamental para que ésta se vaya articulando y vaya cobrando existencia.  Los individuos no tienen una identidad completamente definida y acabada, carecen de algo así como una “identidad cerrada” o articulación completa de su identidad, sino que ésta se encuentra en un constante proceso de articulación gracias al encuentro con los otros. En las experiencias compartidas con los otros vamos articulando nuestra identidad moral. En este proceso salta a la luz el hecho de que nuestra propia conciencia moral se va generando a través del diálogo. El mismo lenguaje con el cual articulamos nuestras orientaciones morales lo adquirimos gracias a que ingresamos a un mundo humano. Con nuestro nacimiento ingresamos a un mundo de significados compartidos por una comunidad. Nuestros primeros compañeros, nuestros padres y hermanos, nos introducen en un mundo de significados en los que se encuentran también significados morales[2].
Al mismo tiempo, el espacio público es el espacio de la acción. La acción se asocia íntimamente con la idea del nacimiento, es decir, quien actúa está dando inicio a algo inédito y en ello es capaz de ir mostrándose a los otros. En la acción la persona va, además articulando su identidad moral y gracias a las experiencias compartidas con otros es capaz de explorar y redefinir su identidad moral. A través del lenguaje es capaz de expresar esa identidad suya, decir quién es.
El discernimiento moral es un proceso reflexivo en el cual la persona va articulando su propia identidad moral en diálogo con los otros. Lejos de la idea de adoctrinamiento moral que se encuentra detrás del proyecto de la “educación en valores”, el discernimiento moral permite que las personas vayan encontrando en sí mismas  las herramientas para orientar sus acciones gracias a que han adquirido un lenguaje de expresión moral lo suficientemente rico. Mientras que el proyecto de la “educación en valores” coloca entre las experiencias de las personas y sus orientaciones para actuar prescripciones rígidas, el discernimiento moral va de la mano con las experiencias de los individuos y va tejiendo a través del diálogo orientaciones para sus acciones. Siguiendo las intuiciones de John Dewey podemos decir que un espacio formativo libre y abierto al diálogo permite el despliegue de una mayor experiencia y el desarrollo de más habilidades en los alumnos. Dewey sugiere que espacios inspirados por el espíritu democrático permiten un mayor el despliegue de las habilidades humanas y un despertar más activo de la inteligencia[3].
La escuela es un espacio público en el que los estudiantes van entrando en diálogo y van ayudándose en la tarea de orientar sus acciones y articular su propia identidad. En ese privilegiado espacio público los maestros han de acompañar a los niños en el proceso de ir descubriendo y articulando su propia identidad moral. La labor del maestro es ayudar al niño a entender su propio proceso de constitución de su identidad, además de facilitar para que éste proceso se dé en diálogo con sus compañeros de aprendizaje. En ningún momento compete al maestro interrumpir el proceso de comprensión de la experiencia moral del alumno. Esta interrupción se produce cuando el maestro suplanta la conciencia moral del niño imponiendo una norma moral externa. La tarea del maestro suplantar la conciencia de los estudiantes, sino acompañar el proceso de discernimiento moral, haciendo las veces de espejo y de memoria que puede ayudar a los alumnos a verse a sí mismos y que permita tomar nota de sus experiencias morales. De este modo el maestro ayuda al alumno a construir orientaciones y referentes morales sólidos y fuertemente enraizados en su experiencia de reflexión ética. El maestro ha de ser, además, alguien que ayude a que las situaciones de conflicto moral, que se dan naturalmente en la convivencia escolar, se conviertan en oportunidad de reflexión y aprendizaje.[4].




[1] Cfr. ARENDT, Hannah; La condición humana, Madrid: Siex Barral, 1975. Capítulo V.
[2] Quien ha trabajado más la génesis dialógica del la conciencia moral es Charles Taylor. Cfr. La ética de la autenticidad, Barcelona: Paidós, 1991.
[3] Sobre el papel que cumple la experiencia personal en el proceso de educación cfr. DEWEY, John; democracia y educación, Madrid: Morata, 1995. En relación al despliegue de las capacidades humanas y su vínculo con la formación se puede ver GADAMER; Verdad y método. Fundamentos para una hermenéutica filosófica, Salamanca: Sígueme, 1977.
Una de las razones por las que Dewey valora la democracia es porque considera que ella permite la participación de la inteligencia en la vida pública. Es decir, la democracia, desde el punto de vista del pragmatismo deweyniano permite que a través de la comunicación los ciudadanos aúnan sus experiencias y sus capacidades para la reflexión en vistas de resolver problemas públicos. Además, el intercambio y la interacción social que la democracia fomenta estimula las capacidades reflexivas de los ciudadanos. Análogamente, en las pequeñas comunidades educativas –las escuelas y los salones de clase- los alumnos pueden desplegar sus capacidades propias cuando se encuentra libres de un régimen que tienda a la coerción.
[4] Agradezco a María Laura Muñoz por sus comentarios respecto al papel del maestro en el proceso de conformación del juicio moral de los estudiantes.

jueves, 23 de enero de 2014

La formación del juicio y del discernimiento crítico (primera parte)

          Uno de los elementos cuestionables de la educación moral en el Perú tiene que ver con la “educación en valores”. El despliegue de la política de la llamada “educación en valores” ha crecido después de la caída de Fujimori y el destape de las redes de corrupción que habían infectado el aparato del Estado y amplios sectores de la sociedad. Las encuestas sobre los niveles de tolerancia, que arrojaron un alto nivel de permisibilidad frente a la corrupción han contribuido a expandir la errónea idea de que gran parte de los problemas del país se resolverían a través de campañas de educación o “cruzadas” de valores[1]. Pero la idea de que una de las tareas de la escuela y la educación en general es la “educación en valores” es algo que viene de más atrás y que sigue presente aún hoy que los índices de corrupción parecen importar poco para que la clase política y gran parte de la ciudadanía acepte a personas corruptas como candidatos dignos de respaldo en la contienda  electoral. El tema de la “educación en valores” es, pues, un punto central en la vieja agenda en el Perú.  El tema es uno de los ejes de una política tradicionalista que se encuentra instalada en muchas de las escuelas de formación de maestros. Dicha política consiste en mantener la “autoridad de ciertos valores”. 
            La formación de la ciudadanía es entendida como la tarea de inculcar en los futuros ciudadanos desde la escuela y a través de los espacios se socialización ciertos valores que desde las elites se consideran los adecuados. Así, la educación moral consiste en introducir desde fuera determinados valores en los corazones de los ciudadanos. Estos valores pueden ser “tradicionales”, como el respeto a la autoridad del superior, o pueden ser supuestamente “democráticos” como  el rechazo al nepotismo. El problema en este esquema de educación moral se encuentra no en la clase de valores que se trata de inculcar, sino en que la formación moral de los ciudadanos se entiende como la tarea de inculcar valores en la ciudadanía. Los inculcadores de valores son elites políticas,  aristocracias  intelectuales u oligarquías  que establecen relaciones asimétricas respecto de la ciudadanía y que entienden que su trabajo  consiste en definir los valores  e inculcarlos en la población.
            De este modo las elites inculcadoras de valores se erigen constantemente como tutores de la nación que saben qué modelos de conductas deben asumir los ciudadanos. Los ciudadanos son entendidos como menores de edad que son incapaces de articular por sí mismos sus orientaciones morales. Esto es, el esquema de las elites prescriptoras de lo bueno y lo malo tiene como presupuesto que los ciudadanos adolecen de “estupidez moral”, es decir, que carecen de la capacidad de definir e intuir por sí mismos los bienes morales. Estas elites plantean el proceso de educación moral de los niños en las escuelas  no como el tránsito de la niñez moral a la adultez moral, sino como la consolidación de una infancia moral en la cual el niño es preparado para, durante su vida, recibir prescripciones morales. Así, la escuela tradicional no prepara a los ciudadanos para la reflexión y el discernimiento crítico respecto de los valores morales tradicionales. No prepara para pensar en los asuntos morales[2]. Esta política en la educación moral resulta ser sumamente útil a los poderosos sectores conservadores, puesto que con ello se garantizan el mantenimiento del status quo, en el cual ejercen control del espacio público (que en algún sentido deja de ser público). 



[1] El término “cruzada de valores” no deja de ser infeliz por la connotación de imposición que trae consigo. No hay que olvidar jamás que las cruzadas de la edad media tenían un gran componente “moralizante”. La idea continúa siendo que hay que imbuir de ciertos valores para que la gente se salve.
[2] Sobre el pensar sobre los términos morales, cfr. el clásico opúsculo de Kant Respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración? en: KANT, Inmanuel; En defensa de la ilustración, Barcelona: Alba Editorial, 1999.

jueves, 16 de enero de 2014

El origen de la filosofía. Del mitos al logos

        Aunque se use el término “filosofía” de una manera amplia para designar al pensamiento chino o al pensamiento indio o incaico; o incluso se use la palabra “filosofía” para señalar las líneas directrices de las empresas, dicho término tiene un significado muy preciso en el ámbito universitario. Nosotros vamos a utilizar la palabra “filosofía” para referirnos a una manera de pensar y de enfrentar los problemas humanos que tiene su origen en Grecia, aproximadamente en el siglo VIII a. C.
            Aquello que caracteriza a la filosofía, en el sentido en el que la vamos a estudiar, tiene que ver con la separación del pensamiento racional del pensamiento mítico. Para referirse al pensamiento racional, los griegos utilizaron el término “lógos” (logos), mientras que para el pensamiento mítico, reservaron el término Mythos (muqos).  Lógos es palabra, dicho, discurso racional, argumento, razonamiento, mientras que mythos se encuentra familiarizado con términos como relato imaginado, invención, leyenda, mito, fábula, historia[1]. La palabra lógos comenzado a utilizarse por los griegos del siglo VIII a.C. para ensayar explicaciones sobre las primeras causas de la totalidad de la realidad, mientras que el mythos fue utilizado para los relatos sobre la relación entre los hombres y los dioses. Esto hace que en Grecia se desarrolle una manera de pensar la realidad que dejaba de lado los relatos religiosos, cosa que no sucedió en otras culturas. En China, India o en el Imperio Incaico se desarrollo pensamiento racional y lógico, pero que se encontraba mezclado con relatos religiosos.
             Pero la separación mythos - lógos no se dio de la noche a la mañana en el contexto griego, sino que fue paulatino. De hecho, el primer filósofo que la tradición que tiene su origen en Grecia, Tales de Mileto, tiene sus antecedentes en los relatos de Homero y Hesíodo.  Homero y Hesíodo son los más importantes poetas épicos de la Grecia clásica[2]. La tradición atribuye a Homero la redacción de dos poemas épicos importantes,  la Ilíada y la Odisea, mientras que a Hesíodo se atribuye la redacción de la Teogonía y Los trabajos de los días. En todos estos textos hay un esfuerzo por explicar el origen y las causas de la realidad. Por ejemplo, Hesíodo sostiene en la Teogonía que la realidad tiene su origen en la unión de Gea (tierra) y Chaos (firmamento), y que de ellos surgen los dioses y el mundo.
            Pero esas explicaciones ofrecidas por Homero y Hesíodo no separaban el discurso sobre los dioses (es decir, el discurso mítico) del discurso estrictamente racional. Es por ello que uno de los grandes méritos de Tales de Mileto, y sus seguidores, como Anaxímenes y Anaximandro, es tratar de explicar las primeras causas de la realidad por medio de un discurso estrictamente racional, sin recurrir a los relatos míticos o religiosos. Este cambio viene aparejado por un fenómeno social y político que comienza a profundizarse en el siglo VIII a.C., a saber del descrédito del poder y del discurso de los sacerdotes en el mundo griego. Los sacerdotes justificaban su poder político y su hegemonía social por el hecho de conocer los astros y poder anticipar fenómenos atmosféricos como la lluvia o la sequía. Los sacerdotes justificaban su poder en un supuesto vínculo o comunicación con los dioses, comunicación que se realizaba a través de ofrendas y rituales, pero una vez que sus predicciones comienzan a fallar de manera reiterativa, los filósofos comienzan a cuestionar dicho poder.
            De esta manera, la relación entre la filosofía y la religión no ha sido fácil desde un inicio. Primero, los filósofos aparecen desacreditando el poder político de los sacerdotes, o posteriormente, durante los siglos VI y V a. C. los filósofos comienzan a cuestionar la religión oficial de las ciudades y a proponer una nueva concepción de los dioses. Filósofos como Anaxágoras, y Platón señalaban que los dioses defendidos por la tradición que viene de Homero y Hesíodo, y que configuraban la religiosidad de los ciudadanos, no podían ser verdaderos dioses. Esos dioses no podían ser verdaderos, porque eran cambiantes en forma, de lugar, de humor y cambiaban de bando, apoyando primero a unos hombres y luego a otros. En cambio, los auténticos dioses deberían ser estables y no cambiantes.
            Pero la relación entre mythos y logos no es solamente conflictiva o  marcada por el antagonismo, y tampoco sucede lo mismo con la relación entre la filosofía y los relatos sobre los dioses presentada en los poemas épicos de Homero y Hesíodo. La misma filosofía hunde sus raíces  en la poesía épica, porque es en esos poemas donde primero se formulan las preguntas que después van a ser el tema de la filosofía. Se trata de preguntas por el origen y las primeras causas de la realidad en su conjunto. La diferencia entre la poesía épica y la filosofía va a residir en la manera de responder a esas preguntas. Mientras que la primera va a echar mano de un discurso mítico (el mythos), mientras que la filosofía va a recurrir al discurso racional que el lógos representa. De esta manera, la relación entre el mythos y el lógos no es simplemente de antagonismo, sino de relación y origen.



[1] Diccionario griego – español Vox. Barcelona, 1993.
[2] Aunque respecto de la identidad de Homero la academia especializada mantiene una amplia discusión, pues algunos sostienen que se Homero no creo sus relatos, sino que los tomó de la tradición oral y los puso por escrito. Otros, incluso sostienen que quienes pusieron por escrito tales relatos fueron varias personas y no sólo una, que se pueda identificar con Homero u otro. Respecto de lo que sí hay un consenso más amplio, es que los relatos atribuidos a Homero provienen de una tradición oral antigua que tenía vida gracias al trabajo de los aedas, que iban de pueblo en pueblo contando esos relatos que servían como modelo educativo para los jóvenes.   

martes, 7 de enero de 2014

LA CONCENTRACIÓN DE MEDIOS OTRA VEZ: VARGAS LLOSA VS. DE SZYSZLO

          El 29 de Diciembre La República entrevistó a Mario Vargas Llosa. El domingo siguiente El Comercio hace lo mismo con Fernando de Szyszlo. ¿Coincidencia o revancha? . El contexto de ambas entrevistas vienen acompañadas de las declaraciones hechas para El Comercio por el Presidente Humala en contra de la "concentración de medios".
         La estrategia de El Grupo el Comercio es clara: utilizar a De Szyszlo contra Vargas Llosa, dado que éste último señala con claridad que 1) Humala no lo ha decepcionado, porque mantiene la robustez de la democracia y de mercado, dos pilares fundamentales para fortalecer la vida política y económica del Perú; y 2)  la concentración de medios de medios, defendida por El Grupo el Comercio, atenta contra la democracia.
         La utilización de De Szyszlo por El Grupo el Comercio resulta una jugada lastrera y de falta de respeto a uno de nuestros grandes artistas. El intento de De Szyszlo a las ideas políticas de su gran amigo Vargas Llosa resulta pobre. Resulta claro, para todo lector avisado, que la formación en cuestiones políticas de nuestro Premio Nobel es sólida. 
        La entrevista de La República es sutil e inteligente, pues comienza abordando cuestiones literarias: la ultima novela de Vargas Llosa, el estado actual de la novela en el Perú, los 50 años de La ciudad y los perros para desembocar en cuestiones políticas. De tal manera que se abarca las dos pasiones del novelista: la literatura y la política. La entrevista de El Comercio, en cambio, hace abstracción completa de la calidad de artista de nuestro gran pintor, y aborda directamente la discrepancia política, sabiendo que el análisis político no es el fuerte de De Szyszlo. Con esto no quiero decir que el pintor, como cualquier otro ciudadano o persona no puedan expresar sus opiniones políticas. Aquí no se trata sólo de la libertad de creencias políticas, sino de sopesar argumentos. Y en ello Vargas Llosa tiene las de ganar, de lejos.
        Si los puntos de la controversia son la aprobación o no de Humala y el tema de la concentración de medios, analicémoslos a la luz de las entrevistas. Una de las cosas que hay que tener en cuenta es que ambos temas están estrechamente ligados: el Grupo el Comercio tiene muchas razones para ponerle una nota desaprobatoria al Presidente, pero el que se haya pronunciado en contra de sus intereses es algo que ha dolido en el alma. Eso es claro.
        Respecto del primer  tema, los argumentos de nuestro Nobel son contundentes: más allá de las minucias y las ambiciones de los políticos implicados, el gobierno de Humala ha mantenido sus credenciales democráticas intactas y ha mantenido la vitalidad de la vida económica del país, incluso en un contexto internacional desfavorable. Las credenciales democráticas se muestran con claridad en su comportamiento respecto de los medios de comunicación. Hay una amplia libertad de prensa. Y la presencia de Castilla en un puesto clave en el gobierno asegura la decisión de seguir adelante con el robustecimiento de la economía en el país, y su seguimiento de la Hoja de Ruta. En cambio, las posición de De Szyszlo respecto del gobierno de Humala se basa en una hipótesis que hay que examinar si es cierta. De acuerdo a ésta si Vargas Llosa le retira el apoyo a Humala, este último migraría de La Hoja de Ruta  a La Gran Transformación y se rodearía de intelectuales izquierdistas.
         Esta hipótesis del gran artista tiene sus problemas. De hecho Humala llegó al poder y comenzó su gobierno con el apoyo des intelectuales de izquierda, como Carlos Tapia, y llegado el momento se apartó de todos ellos (con el cambio de Salomón Lerner  Ghitis por Óscar Valdez). Desde entonces quienes ocuparon el lugar de los intelectuales de izquierda han sido los empresarios de la derecha. Resulta poco creíble que si Vargas Llosa le retira el apoyo a Humala, el gobierno volvería a llamar a esos intelectuales. Además, hay dos cosas a considerar, que de Szyszlo, ni Mariela Balbi mencionan. La primera es el poder que tiene Castilla en el gobierno, y la segunda es que Nadine es sólo una joven ambiciosa, pero carece de convicciones políticas de izquierda. 
            Respecto a la concentración de medios, el escritor señala con toda lucidez que ésta perfora efectivamente la democracia y que si bien es constitucional, puede ser cuestionada por el Poder Judicial, tal como ocurrió en Argentina y tal como Zileri está señalando actualmente. De Sziszlo, en cambio, no ve ningún problema en ese asunto, que más bien si el gobierno hiciera algo al respecto estaría llendo en contra de la libertad de prensa y que cual quiera, hasta César Hildebrabdt, puede poner en circulación un diario o un semanario. Aquí Vargas Llosa vence contundentemente: cuando la mayoría de los medios de comunicación se encuentran concentrados por un grupo de interés puede dañar profundamente la democracia porque este grupo de interés cuenta con un arma poderosísima en sus manos. Con los medios de comunicación en su poder, dicho grupo puede desprestigiar a sus adversarios políticos y hacer una campaña populista pérversa. Pensemos en la Italia de Berlusconi o en caso de la prensa chicha durante el gobierno del violador de derechos humanos, Alberto Fujimori.
             Este debate no muestra más que cuando los intereses económicos de un grupo están en juego, éste no tendrá reparos en utilizar a cualqier personalidad poco experta en temas políticos para tratar de fortalecer su posición. La utilización de De Szyszlo por El Grupo el Comercio no recuerda más que a la utilización de Alan García de Armando Villanueva. Recordemos que en la campaña contra en favor de la revocatoria de Susana Villarán, García le prohibió a Villanueva  el recibir una condecoración por parte de la alcaldía. Esa acción no fue más que la humillación de un legendario líder del partido de la estrella. Las practicas alanista son reproducidas por El Grupo El Comercio, que logra hacerle afirmar algo que es sumamente cuestionable, a saber,  a nuestro honorable pintor que el segundo gobierno de Alan García fue el mejo de los últimos 15 años.