jueves, 23 de enero de 2014

La formación del juicio y del discernimiento crítico (primera parte)

          Uno de los elementos cuestionables de la educación moral en el Perú tiene que ver con la “educación en valores”. El despliegue de la política de la llamada “educación en valores” ha crecido después de la caída de Fujimori y el destape de las redes de corrupción que habían infectado el aparato del Estado y amplios sectores de la sociedad. Las encuestas sobre los niveles de tolerancia, que arrojaron un alto nivel de permisibilidad frente a la corrupción han contribuido a expandir la errónea idea de que gran parte de los problemas del país se resolverían a través de campañas de educación o “cruzadas” de valores[1]. Pero la idea de que una de las tareas de la escuela y la educación en general es la “educación en valores” es algo que viene de más atrás y que sigue presente aún hoy que los índices de corrupción parecen importar poco para que la clase política y gran parte de la ciudadanía acepte a personas corruptas como candidatos dignos de respaldo en la contienda  electoral. El tema de la “educación en valores” es, pues, un punto central en la vieja agenda en el Perú.  El tema es uno de los ejes de una política tradicionalista que se encuentra instalada en muchas de las escuelas de formación de maestros. Dicha política consiste en mantener la “autoridad de ciertos valores”. 
            La formación de la ciudadanía es entendida como la tarea de inculcar en los futuros ciudadanos desde la escuela y a través de los espacios se socialización ciertos valores que desde las elites se consideran los adecuados. Así, la educación moral consiste en introducir desde fuera determinados valores en los corazones de los ciudadanos. Estos valores pueden ser “tradicionales”, como el respeto a la autoridad del superior, o pueden ser supuestamente “democráticos” como  el rechazo al nepotismo. El problema en este esquema de educación moral se encuentra no en la clase de valores que se trata de inculcar, sino en que la formación moral de los ciudadanos se entiende como la tarea de inculcar valores en la ciudadanía. Los inculcadores de valores son elites políticas,  aristocracias  intelectuales u oligarquías  que establecen relaciones asimétricas respecto de la ciudadanía y que entienden que su trabajo  consiste en definir los valores  e inculcarlos en la población.
            De este modo las elites inculcadoras de valores se erigen constantemente como tutores de la nación que saben qué modelos de conductas deben asumir los ciudadanos. Los ciudadanos son entendidos como menores de edad que son incapaces de articular por sí mismos sus orientaciones morales. Esto es, el esquema de las elites prescriptoras de lo bueno y lo malo tiene como presupuesto que los ciudadanos adolecen de “estupidez moral”, es decir, que carecen de la capacidad de definir e intuir por sí mismos los bienes morales. Estas elites plantean el proceso de educación moral de los niños en las escuelas  no como el tránsito de la niñez moral a la adultez moral, sino como la consolidación de una infancia moral en la cual el niño es preparado para, durante su vida, recibir prescripciones morales. Así, la escuela tradicional no prepara a los ciudadanos para la reflexión y el discernimiento crítico respecto de los valores morales tradicionales. No prepara para pensar en los asuntos morales[2]. Esta política en la educación moral resulta ser sumamente útil a los poderosos sectores conservadores, puesto que con ello se garantizan el mantenimiento del status quo, en el cual ejercen control del espacio público (que en algún sentido deja de ser público). 



[1] El término “cruzada de valores” no deja de ser infeliz por la connotación de imposición que trae consigo. No hay que olvidar jamás que las cruzadas de la edad media tenían un gran componente “moralizante”. La idea continúa siendo que hay que imbuir de ciertos valores para que la gente se salve.
[2] Sobre el pensar sobre los términos morales, cfr. el clásico opúsculo de Kant Respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración? en: KANT, Inmanuel; En defensa de la ilustración, Barcelona: Alba Editorial, 1999.

jueves, 16 de enero de 2014

El origen de la filosofía. Del mitos al logos

        Aunque se use el término “filosofía” de una manera amplia para designar al pensamiento chino o al pensamiento indio o incaico; o incluso se use la palabra “filosofía” para señalar las líneas directrices de las empresas, dicho término tiene un significado muy preciso en el ámbito universitario. Nosotros vamos a utilizar la palabra “filosofía” para referirnos a una manera de pensar y de enfrentar los problemas humanos que tiene su origen en Grecia, aproximadamente en el siglo VIII a. C.
            Aquello que caracteriza a la filosofía, en el sentido en el que la vamos a estudiar, tiene que ver con la separación del pensamiento racional del pensamiento mítico. Para referirse al pensamiento racional, los griegos utilizaron el término “lógos” (logos), mientras que para el pensamiento mítico, reservaron el término Mythos (muqos).  Lógos es palabra, dicho, discurso racional, argumento, razonamiento, mientras que mythos se encuentra familiarizado con términos como relato imaginado, invención, leyenda, mito, fábula, historia[1]. La palabra lógos comenzado a utilizarse por los griegos del siglo VIII a.C. para ensayar explicaciones sobre las primeras causas de la totalidad de la realidad, mientras que el mythos fue utilizado para los relatos sobre la relación entre los hombres y los dioses. Esto hace que en Grecia se desarrolle una manera de pensar la realidad que dejaba de lado los relatos religiosos, cosa que no sucedió en otras culturas. En China, India o en el Imperio Incaico se desarrollo pensamiento racional y lógico, pero que se encontraba mezclado con relatos religiosos.
             Pero la separación mythos - lógos no se dio de la noche a la mañana en el contexto griego, sino que fue paulatino. De hecho, el primer filósofo que la tradición que tiene su origen en Grecia, Tales de Mileto, tiene sus antecedentes en los relatos de Homero y Hesíodo.  Homero y Hesíodo son los más importantes poetas épicos de la Grecia clásica[2]. La tradición atribuye a Homero la redacción de dos poemas épicos importantes,  la Ilíada y la Odisea, mientras que a Hesíodo se atribuye la redacción de la Teogonía y Los trabajos de los días. En todos estos textos hay un esfuerzo por explicar el origen y las causas de la realidad. Por ejemplo, Hesíodo sostiene en la Teogonía que la realidad tiene su origen en la unión de Gea (tierra) y Chaos (firmamento), y que de ellos surgen los dioses y el mundo.
            Pero esas explicaciones ofrecidas por Homero y Hesíodo no separaban el discurso sobre los dioses (es decir, el discurso mítico) del discurso estrictamente racional. Es por ello que uno de los grandes méritos de Tales de Mileto, y sus seguidores, como Anaxímenes y Anaximandro, es tratar de explicar las primeras causas de la realidad por medio de un discurso estrictamente racional, sin recurrir a los relatos míticos o religiosos. Este cambio viene aparejado por un fenómeno social y político que comienza a profundizarse en el siglo VIII a.C., a saber del descrédito del poder y del discurso de los sacerdotes en el mundo griego. Los sacerdotes justificaban su poder político y su hegemonía social por el hecho de conocer los astros y poder anticipar fenómenos atmosféricos como la lluvia o la sequía. Los sacerdotes justificaban su poder en un supuesto vínculo o comunicación con los dioses, comunicación que se realizaba a través de ofrendas y rituales, pero una vez que sus predicciones comienzan a fallar de manera reiterativa, los filósofos comienzan a cuestionar dicho poder.
            De esta manera, la relación entre la filosofía y la religión no ha sido fácil desde un inicio. Primero, los filósofos aparecen desacreditando el poder político de los sacerdotes, o posteriormente, durante los siglos VI y V a. C. los filósofos comienzan a cuestionar la religión oficial de las ciudades y a proponer una nueva concepción de los dioses. Filósofos como Anaxágoras, y Platón señalaban que los dioses defendidos por la tradición que viene de Homero y Hesíodo, y que configuraban la religiosidad de los ciudadanos, no podían ser verdaderos dioses. Esos dioses no podían ser verdaderos, porque eran cambiantes en forma, de lugar, de humor y cambiaban de bando, apoyando primero a unos hombres y luego a otros. En cambio, los auténticos dioses deberían ser estables y no cambiantes.
            Pero la relación entre mythos y logos no es solamente conflictiva o  marcada por el antagonismo, y tampoco sucede lo mismo con la relación entre la filosofía y los relatos sobre los dioses presentada en los poemas épicos de Homero y Hesíodo. La misma filosofía hunde sus raíces  en la poesía épica, porque es en esos poemas donde primero se formulan las preguntas que después van a ser el tema de la filosofía. Se trata de preguntas por el origen y las primeras causas de la realidad en su conjunto. La diferencia entre la poesía épica y la filosofía va a residir en la manera de responder a esas preguntas. Mientras que la primera va a echar mano de un discurso mítico (el mythos), mientras que la filosofía va a recurrir al discurso racional que el lógos representa. De esta manera, la relación entre el mythos y el lógos no es simplemente de antagonismo, sino de relación y origen.



[1] Diccionario griego – español Vox. Barcelona, 1993.
[2] Aunque respecto de la identidad de Homero la academia especializada mantiene una amplia discusión, pues algunos sostienen que se Homero no creo sus relatos, sino que los tomó de la tradición oral y los puso por escrito. Otros, incluso sostienen que quienes pusieron por escrito tales relatos fueron varias personas y no sólo una, que se pueda identificar con Homero u otro. Respecto de lo que sí hay un consenso más amplio, es que los relatos atribuidos a Homero provienen de una tradición oral antigua que tenía vida gracias al trabajo de los aedas, que iban de pueblo en pueblo contando esos relatos que servían como modelo educativo para los jóvenes.   

martes, 7 de enero de 2014

LA CONCENTRACIÓN DE MEDIOS OTRA VEZ: VARGAS LLOSA VS. DE SZYSZLO

          El 29 de Diciembre La República entrevistó a Mario Vargas Llosa. El domingo siguiente El Comercio hace lo mismo con Fernando de Szyszlo. ¿Coincidencia o revancha? . El contexto de ambas entrevistas vienen acompañadas de las declaraciones hechas para El Comercio por el Presidente Humala en contra de la "concentración de medios".
         La estrategia de El Grupo el Comercio es clara: utilizar a De Szyszlo contra Vargas Llosa, dado que éste último señala con claridad que 1) Humala no lo ha decepcionado, porque mantiene la robustez de la democracia y de mercado, dos pilares fundamentales para fortalecer la vida política y económica del Perú; y 2)  la concentración de medios de medios, defendida por El Grupo el Comercio, atenta contra la democracia.
         La utilización de De Szyszlo por El Grupo el Comercio resulta una jugada lastrera y de falta de respeto a uno de nuestros grandes artistas. El intento de De Szyszlo a las ideas políticas de su gran amigo Vargas Llosa resulta pobre. Resulta claro, para todo lector avisado, que la formación en cuestiones políticas de nuestro Premio Nobel es sólida. 
        La entrevista de La República es sutil e inteligente, pues comienza abordando cuestiones literarias: la ultima novela de Vargas Llosa, el estado actual de la novela en el Perú, los 50 años de La ciudad y los perros para desembocar en cuestiones políticas. De tal manera que se abarca las dos pasiones del novelista: la literatura y la política. La entrevista de El Comercio, en cambio, hace abstracción completa de la calidad de artista de nuestro gran pintor, y aborda directamente la discrepancia política, sabiendo que el análisis político no es el fuerte de De Szyszlo. Con esto no quiero decir que el pintor, como cualquier otro ciudadano o persona no puedan expresar sus opiniones políticas. Aquí no se trata sólo de la libertad de creencias políticas, sino de sopesar argumentos. Y en ello Vargas Llosa tiene las de ganar, de lejos.
        Si los puntos de la controversia son la aprobación o no de Humala y el tema de la concentración de medios, analicémoslos a la luz de las entrevistas. Una de las cosas que hay que tener en cuenta es que ambos temas están estrechamente ligados: el Grupo el Comercio tiene muchas razones para ponerle una nota desaprobatoria al Presidente, pero el que se haya pronunciado en contra de sus intereses es algo que ha dolido en el alma. Eso es claro.
        Respecto del primer  tema, los argumentos de nuestro Nobel son contundentes: más allá de las minucias y las ambiciones de los políticos implicados, el gobierno de Humala ha mantenido sus credenciales democráticas intactas y ha mantenido la vitalidad de la vida económica del país, incluso en un contexto internacional desfavorable. Las credenciales democráticas se muestran con claridad en su comportamiento respecto de los medios de comunicación. Hay una amplia libertad de prensa. Y la presencia de Castilla en un puesto clave en el gobierno asegura la decisión de seguir adelante con el robustecimiento de la economía en el país, y su seguimiento de la Hoja de Ruta. En cambio, las posición de De Szyszlo respecto del gobierno de Humala se basa en una hipótesis que hay que examinar si es cierta. De acuerdo a ésta si Vargas Llosa le retira el apoyo a Humala, este último migraría de La Hoja de Ruta  a La Gran Transformación y se rodearía de intelectuales izquierdistas.
         Esta hipótesis del gran artista tiene sus problemas. De hecho Humala llegó al poder y comenzó su gobierno con el apoyo des intelectuales de izquierda, como Carlos Tapia, y llegado el momento se apartó de todos ellos (con el cambio de Salomón Lerner  Ghitis por Óscar Valdez). Desde entonces quienes ocuparon el lugar de los intelectuales de izquierda han sido los empresarios de la derecha. Resulta poco creíble que si Vargas Llosa le retira el apoyo a Humala, el gobierno volvería a llamar a esos intelectuales. Además, hay dos cosas a considerar, que de Szyszlo, ni Mariela Balbi mencionan. La primera es el poder que tiene Castilla en el gobierno, y la segunda es que Nadine es sólo una joven ambiciosa, pero carece de convicciones políticas de izquierda. 
            Respecto a la concentración de medios, el escritor señala con toda lucidez que ésta perfora efectivamente la democracia y que si bien es constitucional, puede ser cuestionada por el Poder Judicial, tal como ocurrió en Argentina y tal como Zileri está señalando actualmente. De Sziszlo, en cambio, no ve ningún problema en ese asunto, que más bien si el gobierno hiciera algo al respecto estaría llendo en contra de la libertad de prensa y que cual quiera, hasta César Hildebrabdt, puede poner en circulación un diario o un semanario. Aquí Vargas Llosa vence contundentemente: cuando la mayoría de los medios de comunicación se encuentran concentrados por un grupo de interés puede dañar profundamente la democracia porque este grupo de interés cuenta con un arma poderosísima en sus manos. Con los medios de comunicación en su poder, dicho grupo puede desprestigiar a sus adversarios políticos y hacer una campaña populista pérversa. Pensemos en la Italia de Berlusconi o en caso de la prensa chicha durante el gobierno del violador de derechos humanos, Alberto Fujimori.
             Este debate no muestra más que cuando los intereses económicos de un grupo están en juego, éste no tendrá reparos en utilizar a cualqier personalidad poco experta en temas políticos para tratar de fortalecer su posición. La utilización de De Szyszlo por El Grupo el Comercio no recuerda más que a la utilización de Alan García de Armando Villanueva. Recordemos que en la campaña contra en favor de la revocatoria de Susana Villarán, García le prohibió a Villanueva  el recibir una condecoración por parte de la alcaldía. Esa acción no fue más que la humillación de un legendario líder del partido de la estrella. Las practicas alanista son reproducidas por El Grupo El Comercio, que logra hacerle afirmar algo que es sumamente cuestionable, a saber,  a nuestro honorable pintor que el segundo gobierno de Alan García fue el mejo de los últimos 15 años.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Francisco, la persona del año


         


         Como es sabido, la revista Time ha elegido al papa Francisco como el personaje del año.  Ciertamente, es una gran noticia para una Iglesia Católica devastada por los escándalos de corrupción financiera y las denuncias de pedofilia, además de atascada en una teología dominante extremadamente conservadora. Bergoglio, junto con su predecesor, Benedicto XVI  se han convertido en los artífices de una política tiene como objetivos enfrentar los problemas que tiene la Iglesia Católica y de renovar su rostro frente al mundo. Lo que Francisco está cosechando ha sido sembrado por Ratzinger, por decirlo de algún modo.
            La inesperada renuncia de Benedicto XVI tomó por sorpresa, especialmente al sector corrupto y conservador enquistado en Vaticano, quienes recibieron la noticia con desprecio. Pero Ratzinger, siendo un hombre lúcido, prefirió dejar la posta a alguien que tuviese las energías suficientes para tomar las riendas en sus manos y conducir la lucha contra la corrupción en Vaticano. Evidentemente, Ratzinger no quería terminar siendo un  títere del entorno mafioso que lo circundaba.
            Las nuevas energías de Bergoglio le permitieron dar no sólosignos importantes, sino pasaos decisivos. Entre los signos, se encuentran la austeridad y la cercanía con la gente. No por nada asume el nombre de Francisco, el santo de la vida evangélica de la pobreza. La cercanía con la gente lo conduce a salir de su centro y acercarse a las personas con cordialidad y sin pompa ni teatralidad. En esto, hay una gran diferencia con Juan Pablo II, quien también tenía una enorme cercanía con las personas, pero su cercanía se encontraba cargada de pompa y de gestos histriónicos que los hacían sospechosos, ante un ojo avisado. Otro gesto importante es su relación con la comunidad gay. Bergoglio no ha dicho nada nuevo, no ha señalado nada que no se encuentre dentro de la doctrina católica, sino que ha recordado que, de acuerdo con la doctrina, las minorías sexuales son también personas y no “máquinas falladas”. Sus declaraciones al respecto lo hacen ver como un unnovador debido a la rabiosa homofobia que circulaba por Vaticano y que iba a contrapelo de la misma doctrina oficial.
La austeridad y la cercanía con la gente hacen que Bergoglio conecte rápidamente con la opción preferencial por los pobres, y  abra las puertas, de una manera más decidida, a la Teología de la Liberación de Gustavo Gutiérrez. Y esto nos lleva a los pasos decisivos. En primer lugar, la permanencia del cardenal Gerhard Müller, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Un hombre cercano a Gustavo Gutiérrez y que sirve de contrapeso a los cardenales untraconservadores. Junto con ello, la remoción de Tarcisio Bertone del cargo de Secretario de Estado (un hombre cercano al ala más conservadora y amigo de Cipriani) por Pietro Parolin, que no un hombre conservador, pero no radical.  Finalmente, el tercer paso decisivo de Bergoglio ha sido la conformación de un consejo de ocho cardenales para evaluar la situación actual de la Iglesia.

Todo esto ha traído nuevos aires en América Latina. Si bien, corrían rumores de que Cipriani sería sacado del arzobispado, lo cierto es que el exaltado Cardenal de Lima se ha atemperado mucho y a optado por mantener un  perfil bajo después de décadas de actitud arrogante y envalentonada. Parece ser que la negociación con Vaticano lo ha asustado. Por otro lado, la situación de la PUCP ha mejorado, pues los juicios y pleitos con la Santa Sede se han ralentado considerablemente, gracias a que Vaticano no está ejecutando nada y en el plano local, el poder judicial decó de acelerar el juicio sobre los bienes tal como lo venía haciendo bajo el gobierno aprista.

viernes, 27 de diciembre de 2013

HAYEK Y STALIN


  

Es habitual, en nuestro medio criollo, señalar que el “liberalismo” (en realidad, el neoliberalismo económico) que hunde sus raíces en la escuela austriaca de Von Mises y Von Hayek es a) el autentico liberalismo y b) que todo aquel que se oponga esa línea de pensamiento no es otra cosa que un stalinista radical, moderado o solapado. Semejante discurso ha sido propalado insistentemente en nuestro medio durante los últimos años con motivaciones no estrictamente académicas sino también basadas en intereses económicos. Es claro que acusar a todo pensamiento alternativo de ser una versión matizada del stalinismo resulta una estrategia efectiva para sacarla del camino, en especial en una sociedad ferozmente de derecha donde los medios de comunicación, el poder económico y la integrista derecha católica han hecho.
            Recientemente, Héctor Ñaupari se propuso enmendar la plana a Gonzalo Gamio, señalando que los pensadores que Gamio presentaba como liberales, a saber, Rawls y Walzer, no lo eran en realidad. Incluso señaló que si se quería hablar del liberalismo, deberían convocar a un  verdadero liberal.  Ñaupari, en esta crítica, evidentemente, no expresa un pensamiento propio, reflexionado y sopesado cuidadosamente, sino que solamente se limita a repetir lo que ha escuchado, como quien repite un credo dogmático. (http://gonzalogamio.blogspot.com/ Conceptos y contextos en torno a la filosofía política liberal, 13 de diciembre de 2013)
            La actitud de ver stalinismo en todo pensamiento alternativo ha lindado con el ridículo últimamente, cuando se acuso a John Rawls, a Michael Walzer y a Amartya Sen de no ser “auténticos liberales” (es decir stalinistas enmascarados). La acusación suena con lo delirante en tiempos en que toda la academia seria reconoce en Rawls uno de los grandes renovadores del liberalismo con su teoría de la “justicia como equidad” defendida en su Teoría de la Justicia y en El Liberalismo Político.
            En realidad, si uno se desplaza del ámbito de los intereses al de los conceptos podría encontrar insospechadas semejanzas entre el pensamiento de Stalin y el de Von Mises y  Von Hayek. Incluso se podría hacer la siguiente equivalencia: Hayek es a Stalin como John Locke es a Marx. Es innegable que Locke es el padre de la tradición liberal y que su visión del liberalismo es sumamente rica en facetas y detalles: desde la defensa de la tolerancia religiosa hasta el combate contra todo tipo de tirania, pasando por la libertad de conciencia, pensamiento y de propiedad.
            La riqueza del pensamiento de Marx resulta también innegable: su admiración  por la sociedad capitalista, su comprensión de de la dinámica de la economía  capitalista, su flexibilidad en su pensamiento y en sus posturas; todo ello hace del pensamiento de Marx no solo una visión plástica del pensamiento social, sino una veta interesante de investigación y reflexión.
            Stalin y Von Hayek en cambio comparte el  "merito" de  reducir a una caricatura a Marx y a Locke respectivamente. Mientras que Stalin cancela el ideal marxista de emancipación del género humano y lo reemplaza por el de la sujeción a un estado totalitario, Hayek reduce la  pluralidad de libertades a la sola libertad económica en el mercado, instaurando la tiraría del capital sobre las demás libertades humanas con lo que reduce la riqueza del pensamiento de Locke a un economicismo craso.

            En el fondo Stalin y Hayek comparten tres presupuestos básicos que  juntos resultan ser sumamente perniciosos. El primero es el que la economía determina todas las relaciones sociales. El segundo es que el poder tiránico por parte de quien controla la economía se encuentra legitimado. Y el tercer presupuesto es el peor de todos. Se trata de considerar la perspectiva que tienen como la púnica correcta, la interpretación “verdadera” tanto de marxismo como de liberalismo. Aquella certeza ciega de tener la Verdad conduce a sus seguidores en cazadores de brujas, extirpadores de idolatrías y perseguidores de herejías. Es por ello que los liberadores criollos que siguen a Hayek tienen una alergia ante los nombres de Rawls, Walzer y Sen, entre otros, porque los ven como herejes que se alejan del dogma y la ortodoxia. Lo paradójico es que el liberalismo surgió en occidente como una concepción antidogmática y que cuestionaba las ortodoxias, vengan de donde vinieran.  El liberalismo nace en en siglo XVII separando la justicia y la verdad, como dos términos que no deben establecer una conexión para evitar los dogmatismos tiránicos.

viernes, 13 de diciembre de 2013

MANDELA

            


        La sensible muerte de Nelson Mandela ha conmovido a todo el mundo, no tanto porque se haya suscitado repentinamente, sino por la huella que éste dejó en nuestro mundo contemporáneo. Ciertamente, la gravedad de su estado de salud era conocida desde hace algunos meses. Pero el significado de su vida para nuestro mundo actual es lo que brilla más en este momento.

I

            Mandela es reconocido contra luchar y derrotar el régimen del apartheid en Sudáfrica. El apartheid, término que en afrikáans significa  “separación” , era un régimen de segregación racial que separaba a la mayoría negra de Sudáfrica y Namibia del poder político y económico, con el objetivo de que la minoría blanca puedan mantener sus privilegios.  En vista de lo sucedido en otros países del entorno, donde las minorías blancas habían cedido el poder a la mayoría negra, el Sudáfrica la minoría blanca había impuesto el régimen del apartheid para evitar perder su posición de poder. Ello significaba la creación de lugares habitacionales, de estudio y de recreo separados, la denegación al voto de la mayoría negra, la prohibición de matrimonios y de relaciones sexuales entre negros y blancos. 
            Este régimen fue impuesto en 1948, bajo el gobierno del Daniel Malan, del radical Partido Nacionalista. Cuando dicho partido ganó las elecciones, en 1947, Malan declaró lo siguiente: "Hoy día Sudáfrica vuelve a ser nuestra, Dios permita que sea nuestra siempre", donde el término “nuestra” refería a la minoría blanca (21% de la población). La gesta de Mandela y de CNA (Congreso Nacional Africano) comienza desde muy temprano con la Campaña de Desobediencia Civil de 1952 y con la resistencia no violenta, inspirada en Gandhi,  desarrollada durante esos años. El 5 de diciembre de 1956 fue arrestado, junto con otros 150 activistas, y fue encarcelado entre 1956 y 1961, año en que fue liberado por ser hallado inocente. A raíz de la masacre de Sharpeville, el 21 de marzo de 1960, en la que la policía abrió fuego contra manifestantes matando 69 personas, el CNA abandonó la resistencia pasiva y asumió estrategias guerrilleras.  En esa década Mandela participó activamente en esta resistencia armada, liderándola y fue declarado terrorista por la ONU, y aunque huyó del país, fue capturado con el apoyo de la CIA y entre 1964 y 1990 fue encarcelado en la prisión de la Isla Robben, con el número 466/64 (por la celda y el año).


II

            Por las presiones internas y externas, el gobierno de De Klerk liberó a Mandela y se convirtió en el principal interlocutor para la democratización de Sudáfrica y el desmantelamiento del régimen del apartheid. En 1995 Mandela el electo presidente e instauró la Comisión de la Verdad y Reconciliación en su país, presidida por el Arzobispo Desmond Tutu. La Comisión presentó su Informe Final en 1998.
            En varios aspectos la situación de sudafricana que Mandela tuvo que enfrentar tiene sus paralelos con la situación que debemos enfrentar en el Perú. Entre ellos se pueden destacar 3: a) El paso de un régimen no democrático a otro de carácter democrático, b) Encarar el mal social y político de la discriminación racial y étnica,  y c) El llevar adelante una Comisión de la Verdad.

            El proceso de democratización del régimen político sudafricano fue a través de un proceso largo que culminó con una negociación con el régimen de De Klerk. En ese proceso, la presión internacional fue un elemento determinante. En el caso peruano, también gracias a la presión internacional y a los escándalos de los vladivideos el régimen fujimontesinista tuvo que abandonar el poder. No hubo, como en Sudáfrica, una negociación, o un acuerdo hacia la transición democrática. El régimen autoritario se aferró en Perú todo lo que pudo. De otro lado, en Sudáfrica la segregación racial no estuvo exenta de violencia, al igual que el conflicto armado interno en Perú estuvo marcado por el desprecio racial y étnico, donde los pueblos quechas, aymaras y amazónicos fueron brutalmente tratados tanto por los grupos terroristas (MRTA y SL) como algunos efectivos del orden.  Y en ambos países se instituyó una Comisión de la Verdad, una vez caído el régimen anterior e instaurada la democracia. Si algo debe ser asociada la memoria de Mandela es a la Comisión de la Verdad, por su instauración y el impulso que le dio. En el Perú hemos carecido de un gobierno que se comprometa realmente con el trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. La figura de Mandela constituye una exigencia para la sociedad peruana en ese sentido.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Es posible justificar moralmente el castigo de ese modo? (Tercera parte)

3.- ¿Es posible justificar moralmente en castigo penal de ese modo?

            Tras explorar las posibilidades de salir del impasse en el que las perspectivas tradicionales se encuentran, Rabossi emprende la tarea de articular un nuevo enfoque. La estrategia argumentativa de Rabossi consiste en, primero, tratar de explorar las posibles soluciones de la aporía en la que se encuentra la discusión tradicional al respecto. En dicha indagación nuestro autor da cuenta que ambas perspectivas tradicionales son a) inconsistentes en sí mismas, b) incompatibles entre sí y c) que respecto de ellas no es posible predicar que se trata de teorías que responden a preguntas distintas sobre el fenómeno del castigo penal. Por lo tanto, la única opción que queda es abandonar ambas perspectivas y afirmar un nuevo enfoque.
            Aquí Rabossi argumenta a la hegeliana, es decir, declara que ambas perspectivas tradicionales son unilaterales (es decir, que cada una de ellas considera sólo un elemento – la retribución o las consecuencias- y no perciben la multiplicidad de factores que entran en juego). De esta manera Rabossi sugiere superar ambos enfoques. Si bien el filósofo argentino no menciona expresamente a Hegel, nosotros tenemos que entender qué es lo que significa la expresión superación en la conocida dialéctica hegeliana: Se trata de encontrar dos concepciones que sean a) unilaterales y b) que entren en contradicción una con la otra, para después  llegar a una articulación sistemática de ambas perspectivas, es decir, una articulación que tenga consistencia interna y que recoja lo valioso de cada una de las perspectivas superadas y las enlace a través de los sólidos engranajes de la lógica.
            Podría señalar que la propuesta afirmativa desarrollada por Rabossi no llega a ser hegeliana, sino pseudohegeliana. Me explico: en vez de apostar por una articulación  que tenga sentido sistemático, la respuesta de termina siendo ecléctica. Tal vez ese eclecticismo se deba a la conciencia de que en la filosofía contemporánea la idea de sistema omniabarcante y con pretensión de explicar todo el conjunto de fenómenos y relaciones en el mundo ha pasado de moda (ha sido superada)  Pero, la conciencia de que la idea de sistema en filosofía ya no es relevante no ha conducido a ninguno de los filósofos contemporáneos que conozco a abandonar la exigencia de racionalidad en su planeamiento, es decir, la exigencia de que su posición tenga consistencia gracias a la coherencia interna que tiene su perspectiva. En la filosofía contemporánea una perspectiva puede estar articulada por una de las múltiples racionalidades posibles, puede tener consistencia interna,  pero mantener la conciencia de su finitud, saber claramente que no da razón de la totalidad de las cosas, sino que sólo expresa una perspectiva posible, es decir, que no es sistemática.
            El eclecticismo, por su parte, no se encuentra sostenido por una racionalidad posible, sino que es la suma de elementos sin explicar claramente la relación que se pretende encontrar entre ellos. Constituye lo que en el lenguaje coloquial se conoce como “cajón de sastre”.  Aquí se vuelve imperante que distingamos con claridad el rechazo a las concepciones sistemáticas de la filosofía contemporánea del eclecticismo.  Las pseudoargumentaciones eclécticas no las he encontrado en ningún filósofo, sino en teólogos y juristas. Abrigo la sospecha de que la opción por el eclecticismo tomada por Rabossi no ha sido abrazada por él en tanto filósofo, sino en tanto jurista. Considero por tanto que no podemos justificar moralmente el castigo penal siguiendo los consejos de Rabossi.


4.- ¿Tenemos alguna opción de castigar a alguien manteniendo nuestra conciencia moral en paz?

            Considero que podemos responder afirmativamente a esa pregunta. Pero resulta evidente que ni las opciones tradicionales que Rabossi critica ni el eclecticismo que defiende constituyen una opción para nosotros. Los juristas, de manera completamente involuntaria, se han encargado de hacer invisible ante sus ojos ese camino posible. Ello ha sucedido porque han ofrecido un crédito desproporcionado al positivismo jurídico de Hans Kelsen.
            Kelsen expresamente señala en su Teoría pura del derecho dos cosas: a) que él se considera un seguidor del planteamiento deontológico de Kant, planteamiento que distingue entre el ser (el ámbito de la naturaleza física y social) y el deber ser (el campo de las normas morales, jurídicas y las correspondientes a la teología moral: y al mismo tiempo afirma b) que en sus escritos tardíos de Kant (entre los que se encuentra sus escritos políticos y su Doctrina del Derecho) se habría realizado un abandono del llamado proyecto crítico. La distinción entre ser y deber ser forma parte de dicho proyecto crítico, pero éste  incluye una crítica a la metafísica tradicional. De esta manera, cuando Kelsen acusa en los escritos tardíos de Kant de abandonar el proyecto crítico, lo que hace es acusarlo de volver a la aceptación de la metafísica tradicional. Con ello lo que consigue el jurista alemán es que la tradición del derecho eche al olvido o interprete mal (cosa peor aún)  la filosofía del derecho desarrollada por Kant.
            Pero seríamos injustos si echamos toda la culpa a Kelsen. En realidad los filósofos llamados “neokantianos” de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, infectados por el virus del positivismo han tenido gran parte de culpa en esto. Ellos se encargaron de hacernos cree que la única obra de Kant que merecía nuestra consideración es la Crítica de la razón pura, a la que interpretaron como una obra exclusivamente dedicada a la epistemología, es decir, a la teoría del conocimiento. (cuando, en realidad, se trata además de una obra de metafísica y de política).
            Considero que Rabossi sufrió también de esa ilusión óptica fomentada por los neokantianos y por Kelsen, y creyó que la filosofía jurídica de Kant no tenía nada interesante que decirnos. Peor aún, asumió acríticamente la interpretación, muy extendida entre los penalistas,  según la cual la posición de Kant respecto de la justificación del castigo se ubica en el retribucionismo extremo, que es el rigorismo. Es por ello que se hace necesario poner sobre la mesa de discusión este asunto que ha sido fruto de malentendido en las escuelas de derecho. Es obvio que llevar adelante esta discusión y mostrar todas sus implicancias  demanda un espacio mayor del que dispongo en esta introducción, pero intentaré señalar los puntos neurálgicos de la cuestión.
            Como hemos visto, lo que distingue la posición retribucionista de la posición defendida por Kant es que la primera se centra en el castigo por sí mismo, mientras que la segunda se centra en la libertad racional de la persona, es decir, en su dignidad. Es decir, desde la perspectiva de Kant el fin del castigo penal es hacer valer la dignidad de la persona. Según Kant, una persona es digna porque a través de su razón es capaz de a) determinar por sí mismo sus pautas morales y jurídicas, de manera autónoma, y b) es capaz de mover su voluntad hacia el cumplimiento de esas normas morales. Como estas normas son racionales, no expresan intereses particulares, sino exigencias universales. Por eso el derecho y la moral que se derivan de la razón son universalistas y hacen vales la libertad de las personas.
            Esto que he presentado de manera sucinta y sin mayor explicación tiene sus consecuencias para la teoría del castigo. ¿En qué consiste la naturaleza del castigo para Kant? En hacer valer la libertad tanto en el que delinque como en los demás. Detengámonos un poco en este punto para ver qué es lo que aquí está sucediendo. Kant entiende que existen dos tipos de libertad: a) la libertad salvaje y b) la libertad de la voluntad. La libertad salvaje es amorfa y abstracta, es decir, es la libertad de hacer lo que me venga en gana y de actuar conforme a mi capricho. Este tipo de libertad es falsa, porque en realidad representa la atadura que vivo respecto a mis pasiones y deseos. En cambio, la libertad de la voluntad es concreta y determinada. Se trata de la libertad de mi razón de darme leyes a mí mismo, tomando distancia de mis deseos y pasiones.
            Es justo  aquí donde sucede algo importante: si la libertad de la voluntad supone y exige mi capacidad de tomar distancia de los deseos y las pasiones, entonces se hace necesario que la coacción se muestre como la otra cara de la misma moneda de la libertad. En el caso de la moral, es la misma conciencia moral de la persona la que impone la coacción. Para el caso del derecho es el Estado, a través de las fuerzas del orden, las que aplican dicha coacción.  Es aquí donde surge la necesidad del castigo penal. La pena se justifica, pues, porque es la manera que tiene el Estado para hacer valer la libertad de los ciudadanos. Si esto es así, la posición de los retribucionistas es falsa, porque considera que la pena vale por sí misma; también se encuentran en el error los utilitaristas y los consecuencialistas, porque consideran que el castigo vale por sus consecuencias sociales. Pero también Rabossi estaría en el error, porque no ofrece una justificación consistente de la moralidad del castigo.