jueves, 30 de junio de 2011

ADIOS A LA PRENSA LIBRE

     La decisión de los directivos del "Grupo El Comercio" de no renovar el contrato a Rosa María Palacios y de sacar del aire el programa "Prensa Libre" ha sorprendido a todos. Pero ésta no es más que un hecho dentro de una serie de acciones políticas que el mismo grupo ha estado tomando en los últimos tiempos. Entre estas acciones se encuentran el abierto apoyo a la candidatura de Keiko Fujimori, apoyo que condujo a la decisión de Mario Vargas Llosa de transferir su columna del diario El Comercio al diario La República. Con tales actitudes el mencionado grupo económico está ratificando su posición antidemocrática.

   Retirando de o colocando la política en la televisíón abierta durante la semana

    Palacios ha señalado que la salida del aire de Prensa Libre es una eliminación de la política de la televisión durante la semana. Considero que lo que se ha retirado no es la política, sino la libertad de expresión. La política ha permanecido, pero en su rostro intolerante y antidemocrático. Una decisión de ese tipo es inevitablemente una decisión política, decisión que deja una impronta política en la televisión. 

    El retiro de Prensa Libre significa políticamente muchas cosas. Entre ellas quiero destacar dos: 1) Por su ausencia, se reemplaza un periodismo crítico y pensante por el "entretenimiento" (tal como lo expresaron vergonzosamente los directivos del Grupo.económico. 2) Por la señal política que irradia a los demás periodistas de los medios de comunicación que se encuentran capturados por la férula de dicho Grupo, es decir, el mensaje que dice "no queremos periodismo independiente, sino cautivo". Esto es colocar la política  en el centro del debate y en el aire televisivo.

    El debate poítico es algo saludable y es lo mejor que ciudadanos concientes deben desarrollas en coyunturas como estas. Las acciones del Grupo "El Comercio" deben llevarnos a una reflexión sobre la necesidad de defender los espacios de periodismo libre en  la televión abierta, si es que no queremos que los grandes poderes económicos en nuestro país no hagan lo mismo que Hugo Chávez en Venezuela. Contra la dictadura de Chávez los venelolanos pueden organizarse políticamente y convocar la solidaridad internacional. Contra la dictadura del interés del dinero, los ciudadanos peruanos podemos actuar política y económicamente: no viendo el canal 4 ni en canal N, y no comprando los diarios del Grupo. 


    Los pecados de Rosa María

    ¿Cuáles serían los pecados de Palacios? El haber expresado una prensa libre, honesta y transparente. El comportamiento imparcial de la periodista durante la campaña presidencial ha sido su pecado mortal. El no haberse eximido de criticar a Fujimori. Pero eso es justamente lo que la ética profesional del periodismo exige.

    Periodismo y crítica del poder

    Como la misma Palacios ha señalado, una de las funciones más importante del periodismo es la crítica del poder. Los periodistas están para ser una voz cuestionadora, no sólo del poder político de turno, sino de los poderes económicos que imponen sus intereses políticos. Es realmente lamentable que el llamado "Decano de la Prensa Nacional" no esté dispuesto a que esa actitud crítica se ejerza.  

    ¿Quién gana? ¿quién pierde?

     Si hacemos un balance, con actitudes como estas quien pierde es el Grupo "El Comercio", quien hace patente una vez más su escaso compromiso con la democracia y su voluntad de chavinizar la televisión. Eso se llama "perder credibilidad".  Palacios, en cambio, gana, y mucho. Su trabajo valiente y serio gana prestigio y adhesión. Y no tengo la menor duda que pronto estará de nuevo en las pantallas, acogido por un grupo más serio.  
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domingo, 5 de junio de 2011

En torno al triunfo de Ollanta Humala en las elecciones presidenciales peruanas

Despues de una agotadora campaña y una exasperante espera, tenemos por tin un nuevo presidente en el Perú, el comandante Ollanta Humala. Esto abre un nuevo capítulo en nuestra vida política del país, marcado por la promesa de continuidad con el modelo de crecimiento que promete abrirse a una unclusión social que en diez años no ha estado presente, y en segundo lugar por un triúnfo de una coalición de fuerzas políticas de izquierdas.

Una campaña que los peruanos no merecíamos

La campaña electoran, tanto para primera vuelata como para el caso de la segunda vuelta ha tenido un formato que los electores peruanos no merecíamos. Marcada por la difamación, el golpe bajo de parte de todas las partes involucradas, la grosera parcialidad de muchos medios de comunicación caracterizó a lo que periodistas internacionales prestigiosos como Glenda  Umaña de la prestigiosa cadena CNN  caracterizó como una de las más agresivas en la región. 

Una campaña de esa naturaleza no la merecemos los peruanos por que ello termina por profundizar las heridas y los fraccionamientos en la población y en la clese política. Ciertamente, los intereses que estaban en juego eran muy grandes y poderosos, pero el nivel de agresión dice mucho de lo que el términos políticos ha madurado nuestra democracia.

 La inclusión social

Ciertamente, en Perú ha faltado mantener un crecimiento económico in inclusión social y con participación política de los ciudadanos. Las políticas han estado siendo dirigidas por los sectores empresariales, quienes aprovechando la coyuntura internacional y la complegidad del partido de gobierno han detenido el proceso de democratización política en aras de un crecimiento macroeconómico.

Es evidente que la ciudadanía exige inclusión social y democracia política. La pregunta legítima es si la coalición de izquierdas en el Perú se encuentra a la altura de las circunstancias. La escaza reflexión sobre sus presupuestos políticos hace que el escepticismo respecto de ello sea más que razonable. La izquierda en el Perú tiene que ser muy conciente que sin una reflexión profunda respecto de sus ideas corren el riesgo que después de Humala tengamos veinte años mas de gobiernos de derechas que no han satisfecho las exigencias de los ciudadanos, sino de los empresarios.

La responsabilidad de los medios de comunicación

En las circunstancias actuales la responsabilidad de los medios de comunicación es crucial para que el Perú salga adelante, y que la polarización social que ahora existe se amengúe. Sin embargo desde el principio medios televisivos como el Canal N y América Televisión, en su transmisión conjunta se han encargado de poner en entre dicho la capacidad del virtual presidente electo, debido a que de demoró en declarar ante los medios que ha ganado las elecciones. Si bien la demora ha causado cierta extrañeza, no es tan grave, y no puede tomarse como un indicio de que va a realizar una mala gestión. Lo que la democracia espera es que los medios serios de comunicación asuman una actitud responsable y no se conviertan en herramientas de polarización social.

Si bien, tal vez, los resultados no son los que ellos deseaban, pero es claro que la ciudadanía a tomado esa decición y no otra, y eso es algo que es necesario respertar.

jueves, 28 de abril de 2011

Liberalismo de izquierda

En el ámbito de las ideas políticas se ha pensado durante décadas que el liberalismo es una corriente exclusiva de la derecha. De esta manera, los intelectuales y los políticos han pensado que la defensa de las libertades y los derechos individuales es una reivindicación política de la derecha

Al mismo tiempo, se ha sostenido que la izquierda se encuentra asociada con la primacía del Estado sobre la sociedad, del colectivo frente al individuo y con el ataque a las libertades individuales. Sin embargo, la investigación reciente de las ideas políticas ha dado arrojado algo sorprendente: el liberalismo no es propiedad exclusiva de la derecha.



No exclusiva de la derecha política



Desde antes de la caída del Muro de Berlín se señaló que la izquierda puede incorporar como uno de sus reivindicaciones centrales el respeto de las libertades individuales. Uno de los exponentes más claros de esta línea de pensamiento es John Rawls, quien en 1971 escribió su Teoría de la justicia, donde coloca como principio fundamental el de igualdad de libertades, acompañado de un segundo principio de compensación social, el “principio de diferencia” (Rawls, Teoría de la justicia, México, 1995).

Ambos constituyen, según Rawls, “principios de la justicia” para una sociedad democrática. El primero es de carácter liberal, mientras que el segundo recoge reivindicaciones fundamentales de la izquierda, a saber, la igualdad básica en la sociedad, especificando un conjunto de bienes primarios del que ningún ciudadano debe carecer y que deben ser aseguradas por las políticas públicas.



Liberalismo y libertarismo



Robert Nozick cuestionó la teoría de Rawls, señalando que no se podría reivindicar la libertad y la igualdad, pues la vindicación de la igualdad atentaría contra la libertad. Es por ello que Nozick asume como único principio el de la libertad, abandonando por completo el de igualdad básica y los bienes primarios. A esta posición Nozick denomina libertarismo. El libertarismo se asocia a las ideas políticas y económicas de Von Hayeck y Mises. Es lo que se conoce como el liberalismo de derecha.

Este liberalismo de derecha levanta las banderas de la libertad económica de los agentes en el mercado, que es una reivindicación auténticamente liberal, especificada ya por Adam Smith. Dicha libertad exige que los funcionarios del Estado no se inmiscuyan en la sociedad para indicar quiénes tienen derecho de intercambio económico y quiénes no. Se trata de demarcar la línea que separa la esfera de la sociedad –y del mercado- frente a la esfera del Estado (Smith, Investigaciones de la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones, Barcelona, 1983).



El liberalismo y el arte de la separación



Pero el liberalismo necesita más para realizarse. No basta con garantizar la libertad de los concurrentes en el mercado para ponerse de acuerdo libremente acerca de los precios de los productos y de los sueldos. Es necesario asegurar que los intereses del gran capital no determine la política del Estado.

Michael Walzer ha señalado que el liberalismo es un “arte de la separación de esferas” que permita que el poder político no se inmiscuya en el mercado ni en las Iglesias, ni que el dinero determine al Estado, la Iglesia y la Universidad. El liberalismo resulta ser el proyecto de garantizar la autonomía de cada esfera y evitar los abusos de poder que John Locke denominaba tiranía (Walzer, Guerra, política y moral, Barcelona, 2001).



El neoliberalismo económico



El liberalismo económico defendido por Von Hayeck no hace real justicia al liberalismo, pues defiende sólo las libertades económicas y no el resto de libertades de los ciudadanos.

Esto ha traído el equívoco que hace pensar que el liberal sólo se compromete con la desregulación económica de parte del Estado, el fomento de las inversiones y el crecimiento de los sujetos emprendedores.



El liberalismo de izquierda



La izquierda liberal, en cambio, se compromete con la autonomía de las diferentes instituciones de la sociedad, con las diferentes libertades que brotan de dichas autonomías y con la política social y cultural de parte del Estado.

Esta izquierda liberal no es algo nuevo, nacido de la caída del bloque soviético, sino que tiene larga data. En los años 30 del siglo pasado el norteamericano John Dewey abogaba por ese liberalismo, y en los años 50 una facción importante de la izquierda italiana asume como principio central el de la libertad de los ciudadanos (Rorty, Forjar nuestro país, Barcelona, 1999).

Esto permite a la izquierda tener un pensamiento renovado, que le permita un compromiso con el crecimiento económico, las libertades de los ciudadanos, los derechos humanos y con la democracia.

Con ello, la izquierda liberal puede distinguirse de la izquierda estatista, revolucionaria y enemiga de la democracia. La izquierda liberal ha demostrado que se puede ser de izquierda, y ser demócrata, defensor de los derechos humanos y del crecimiento económico.

lunes, 11 de abril de 2011

¿En contra del crecimiento o en contra de las condiciones del modelo económico?

Las declaraciones de Alejandro Toledo, al reconocer no haber pasado a la segunda vuelta, tuvieron algo interesante que debiéramos escuchar con atención. Lamento que los demás candidatos no tuviesen una reflexión sobre lo que significa el que Ollanta Humala tenga el 30% de los votos a nivel nacional.

Reclamo de la ciudadanía frente al modelo económico

Toledo señaló con claridad que la votación del domingo 10 de abril expresa un rechazo de parte de un importante sector de la población, en contra del modelo económico.

Ciertamente, mucha gente, en este país se siente indignada por escuchar que el Perú crece económicamente mientras eso no tiene una presencia en su vida. El reclamo es, en términos concretos, la necesidad de que el Estado redistribuya los beneficios del crecimiento.


Los retos de la redistribución

Si ese es uno de los mensajes que hay que tener en claro, la pregunta que hay que hacerse es ¿cuáles son los criterios más adecuados para realizar esta exigencia de redistribución? Posiblemente no exista un único modelo redistributivo adecuado, pero lo cierto es que no todos lo modelos lo son.

Humala y Fujimori expresan dos criterios redistributivos que comparten ciertas dosis de populismo, aunque el peso del componente populista es distinto en ambos y los demás componentes del modelo redistributivo presente por ambos candidatos pueden ser distintos y abiertamente antagónicos.



El populismo

El populismo es el criterio redistributivo que la derecha política ha utilizado reiteradamente para mantener calmada a la gente. Es lo propio de los partidos denominados “Partido Popular”. Éste criterio consiste en distribuir un porcentaje de la riqueza acumulada entre los sectores considerados “clientes políticos” del gobierno, como sucedió durante la dictadura de Alberto Fujimori.

El populismo es el peor de los criterios que se pueden escoger para realizar la redistribución del crecimiento, porque termina socavando las instituciones políticas del país.



Crecimiento económico y política

Tanto el problema de la redistribución como el del populismo traen consigo la cuestión de la relación entre el crecimiento económico y la política en el país. El crecimiento económico puede hace que la economía termine por devorar a la política. Ello sucede cuando se impone un modelo de crecimiento y un criterio de distribución del crecimiento. Ello significa cero política.

El problema de la redistribución del crecimiento exige un debate político. Pero los intereses de las grandes corporaciones familiares peruanas se resisten a dicho debate. Prefieren un populismo tipo Fujimori que un debate abierto sobre el tema.


 
El peligro de la dictadura

Una manera fácil pero nefasta de encarar el problema de la redistribución es a través de la quiebra del sistema democrático. Con ello se elimina el “estorbo” que significa el debate político y el gobierno puede proceder como mejor le parece y le conviene, aplicando un criterio populista de redistribución.

En el Perú ya sabemos lo que el fujimorismo significa al respecto. La derecha política y los grandes empresarios no tiene problemas con el modelo fujimorista, pues cuentan una capacidad inmensa de reacomodarse en ese contexto. Humala, en cambio, puede que no sea una garantía frente a la tentación dictatorial, aunque el no haber sido gobierno antes le otorga el beneficio de la duda.

Lo que sí es cierto es que en el caso de que Humala recurra a la dictadura, la derecha política y las grandes corporaciones nacionales puede tener dificultades para ubicarse e dicha situación.



La derecha, la dictadura y la democracia

Lo que sí es indudable es que la extrema derecha nacional no tiene intereses en la democracia, lo único que le interesa es que la dictadura que se imponga los deje bien colocados.

La derecha democrática es aquella que es consciente que hay un problema en el criterio de redistribución del crecimiento. Lo mismo sucede con la izquierda democrática. Pero ambos grupos son pequeños y tiene poco peso. Esto quiere decir que el centro político está casi despoblado y ello lo debemos al paulatino desmantelamiento del debate político en los últimos años.

jueves, 24 de marzo de 2011

¿Se encuentran los militares capacitados para gobernar un país democráticamente?

El ascenso de Ollanta Humala en las encuestas debería poner sobre el tapete nacional la cuestión sobre si los militares se encuentran preparados para gobernar un país que tiene régimen político democrático.

Ciertamente, dicha pregunta no ha sido planteada abiertamente debido, entre otras cosas, a que la presencia de Humala en la política ya tiene un tiempo que parece ser suficiente para barnizar su persona de espíritu democrático y, por otra parte, porque la clase política y los medios de comunicación han decidido hacerse de la vista gorda. Si bien no existe ningún impedimento legal, la escasa formación democrática de Humala debe llevarnos a la reflexión.


Los militares en el poder


La historia de la República ha mostrado cómo la presencia de los militares en el poder ha sido una piedra en el zapato para el fortalecimiento de las instituciones democráticas en el Perú. La democracia de baja intensidad que vivimos hoy es el resultado de un proceso histórico en el cual el régimen democrático ha sido permanentemente quebrantado por la presencia del autodenominado “poder tutelar de la nación”.

Mientras los militares se sigan pensando como los tutores de la nación, la relación entre instituciones democráticas y fuerzas armadas se encontrará distorsionada, cosa que produce un daño terrible al país. Las fuerzas armadas deben encontrarse subordinadas al control y al poder civil en vez de presentarse como los tutores del poder civil, tutores con el supuesto derecho de irrumpir en la vida política del país a través de mecanismos diversos con el fin de interrumpir el orden democrático.


Democracia, mano dura y manu militari

Muchas veces en este país, han sido los civiles quienes han tocado la puesta de los cuarteles para poner orden en la sociedad. Muchas veces ha sido la derecha quien ha tenido esa actitud, a fin de mantener su posición de dominio.

Repetidas veces la derecha ha sostenido y ha convencido a la población de lo siguiente: que la democracia no funciona para resolver nuestros problemas y necesitamos una mano autoritaria o militar para hacerlo. Los procedimientos democráticos, dice el argumento, son demasiado largos y costosos, y terminan dilatando y posponiendo la solución que una mano dura puede resolver inmediatamente. Pero siempre quedará la interrogante: ¿a qué costo?


Los militares y la izquierda

La alianza entre la izquierda y Humala parece ser sorprendente, pero en realidad no lo es. En cierto que las fuerzas armadas han visto a la izquierda como una amenaza para el país, sin embargo en el Perú desde el CAEM y la experiencia velasquista cierto sector de las Fuerzas Armadas, del que proviene el Etnocacerismo y el Partido Nacionalista, han congeniado con la izquierda.

Si bien, algunos de los que apoyan a Humala son demócratas, no necesariamente todos lo son. Parte de la izquierda tradicional y antiliberal comparten con los militares etnocaceristas su escaso compromiso con la democracia. Es por ello que han establecido esa alianza.


Una alianza que se entiende pero que no se justifica

Por la historia vinculada a Velasco se comprende la cercanía entre un sector de la izquierda y el Nacionalismo de Humala. Se comprende, también, porque si la izquierda quiere llegar al poder no tiene mejor opción que Humala ¿?. Pero no se justifica. El pensamiento de izquierda en el Perú tiene la obligación moral de madurar y de renovarse democráticamente. El Perú se merece una izquierda liberal y democrática, reformista y no revolucionaria, deweyniana y no foucaultiana.

domingo, 13 de marzo de 2011

¿Necesitamos un candidato que no sea político para las presidenciales?

Pedro Pablo Kuczynski ha declarado abiertamente que él no es un político, sino un economista. Dicha declaración suele rendir frutos políticos si es realmente creíble y en un contexto en el que la política se encuentra desprestigiada. Personalmente, tengo mis sospechas que estemos hablando de una persona que no sea un político y/o no esté apoyada por partidos políticos de rancia laya.

El popular PPK podría decir, yo soy un economista, no un político, pero quienes van a gobernar conmigo, de ser elegido sí lo son y son pertenecen a una clase política que se encuentra “sobregirada”. Pero el problema no es si estamos hablando de un político o no. Lo que se encuentra en el fondo de la cuestión es el problema de la devaluación de la política.

La necesidad de la política

Siempre rinde réditos políticos en periodos electorales despotricar contra los “políticos tradicionales” y presentarse como alguien que o no es un político o no es un “político tradicional”, así como hacer promesas electorales; porque, a fin de cuenta, lo que importa es sumar votos.

Sin embargo, esa actitud, resulta ser poco responsable. Si bien es cierto que en el Perú la clase política se encuentra desprestigiada, ello no significa que la política sea algo intrínsecamente malo. Lo que necesitamos es que los políticos asuman su responsabilidad. El que los políticos se corrompan, convirtiéndose en simples lobistas, o en tránsfugas, o que realicen malversación de fondos va claramente contra su responsabilidad. Pero también no hacen lo que el país requiere cuando desprestigian a la política, diciendo que ellos no son políticos y que ser político es algo malo por antonomasia.

Nuestros políticos harían mejor en tratar de reivindicar la política, corrigiendo sus malas prácticas y combatiéndolas dentro del sistema; es decir, mostrando que también es posible ser político honesto. Muchos ciudadanos no ingresan a la política porque la ven corrompida y sucia, pero si la gente honesta no se compra el pleito la política va a seguir siendo igual. Con esa actitud los ciudadanos se convierten en cómplices, sin saberlo, de la degradación de nuestra política nacional.

La necesidad de partidos políticos

La política necesita del fortalecimiento de los partidos. Ellos son un espacio de discusión y clarificación de ideas, además de un lugar de formación en cultura política. Además el debate político entre los partidos permite fortalecer la cultura política de los ciudadanos y de los mismos miembros de los partidos.

El debate político entre los partidos y en la sociedad es importante, además, porque eso hace que los grupos políticos radicales se eduquen en el diálogo y el respeto de los demás. Sin la discusión política se corre el riesgo de fortalecer a los sectores radicales, cosa que mina a la misma política. En nuestro país, las agrupaciones han tenido una práctica perversa: la descalificación de las ideas políticas de sus adversarios. Una cosa es debatir las ideas, otra es descalificarlas de entrada. Lo segundo hace un daño terrible al país.

Los partidos en el “fin de las ideologías”

El discurso del “fin de las ideologías” ha estado abonando en la crisis de los partidos y de la política. Dicho discurso, en realidad es una ideología, así como declararse como un no político es una forma de hacer política.

Este discurso ha dañado la política porque ha difundido la falsa creencia que en política ya no hay nada que debatir y que el camino está claro. Frente a eso los políticos se han convertido en unos perseguidores de votos y de cuotas de poder, y no en instituciones serias donde se debate ideas.

La reciente ciencia política

Los científicos políticos actuales también han colaborado con la crisis de la política en nuestro medio. Mucho de sus análisis han abandonado el estudio de las corrientes de ideas y se han dedicado a tratar la política con las herramientas metodológicas de la mercadotecnia. De esta manera, para ellos, hacer política es como vender autos o competir entre diferentes marcas de shampoos.

¿Es responsable que un candidato se declare no político?

La respuesta es contundente. Es absolutamente irresponsable. Los candidatos y los partidos que los soportan tienen que revalorar la política para el fortalecimiento de las instituciones políticas y permitir la renovación al interior de los partidos incorporando a jóvenes. También son irresponsables los periodistas que saludan y alaban a los políticos que se declaran no políticos o no políticos tradicionales. Lo responsable, más bien,  es elevar el nivel de la política para revalorarla, en cambio de desprestigiarla de entrada.

A mi parecer, los políticos que se declaran “no políticos” pero se encuentran rodeados de una rancia y hambrienta clase política se desprestigian a sí mismos.

jueves, 10 de marzo de 2011

Derecha e izquierda en el Perú

La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas
Lucho Hernández


Satanización de la izquierda

Durante los últimos meses, a raíz de la contienda electoral municipal, pudimos observar en acción toda una maquinaria que tenía como finalidad satanizar y criminalizar a la izquierda. Los medios de comunicación tenían como consigna decirle al espectador "si Ud. vota por la candidata de la izquierda (es decir, la actual alcaldesa, Susana Villarán, estará cometiendo un crimen" Ciertamente, si uno hace apología del terrorismo estaría perpetrando algo que va contra las leyes, pero en un país con un sistema de partidos sano, votar por la izquierda no radical no es algo condenable. 

Rechazo  de la democracia

Pero estos sucesos son la muestra de una actitud que la derecha ha estado mostrando desde décadas en en Perú.  Dicha actitud nos muestra que hay una derecha en este país que rechaza la democracia. Ciertamente, no se puede evitar que algunos grupos sean esemigos de la democracia, pero el problema es que se trata de un sector dominante en la derecha peruana.

Ciertamente, contamos también con una derecha democrática, pero ésta no es tan fuerte como la antidemocrática. La derecha antidemocrática se encuentra coludida con los poderes fácticos para hacer que en este país tengamos una "democracia de baja intensidad" o lo que Alexis de Tocqueville denominó "despotismo blando".

Esta derecha autoritaria quiere libertades económicas, pero no libertades políticas. Es decir, pugna porque el mecado no tenga ningún tipo de regulación por parte del Estado, especialmente en mercado de trabajo, y rechaza el derecho de la población a ser partícipe del diseño del proyecto político para el país. Esta derecha tiene su propio proyecto y no está dispuesto a negociarlo con nadie. Por ello pone "mano dura" o "mano de acero" para que no se cambien los planes.

La alianza con los poderes fácticos

Esta derecha autoritaria está aliada con los poderes fácticos. Representa los intereses de las grandes empresas que son propiedad de las familias más poderosas del país. Los medios de comunicación irradian contantemente el discurso que la favorece, el del Perú como un país de emprendedores. Y para que nadie se atreva a cuestionarla, cuenta con el apoyo del sector corrupto de las Fuerzas Armadas, es decir, aquél sector que sobrevivió al encarcela miento de Montecinos, es decir, el sector que le impuso a Fujimori el año 90 la implementación del "Plan Verde", proyecto que Fujimori aceptó complaciente y pensando en los benefifios que eso le iba a significar.

Y el sector dominante de la Iglesia Católica, de tendencia ultraconservadora y autoritaria, resulta ser el cuarto poder fáctico que sirve de apoyo a la derecha autoritaria. Se trata de aquél sector de la Iglesia Católica que persiguió a Gustavo Gutiérrez y a la teología de la liberación, teología que significó una renovación muy importante en el pensamiento teológico, social y político no solo en el Perú, sino en el mundo. Se trata de aquél sector radical de la derecha católica que desea fervientemente que no existan universidades como la Pontificia Universidad Católica del Perú o la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Aquella que se opone al reparto de preservativos para evitar la expansión del sida, oposición que se defiende diciendo que eso resultaría un relajo de las buenas costumbres. Aquél mismo sector que adoctrina a los jóvenes en sus universidades y abriga la creencia que en el Perú hay ciudadanos de primera y segunda categoría, y por lo tanto las mujeres y los gays carecen de plenos derechos.

¿Esperando a los bárbaros?

Si la derecha democratica está tan disminuída, es tan vez porque nosotros, los ciudadanos dejamos que eso ocurra. Seamos de derecha o izquierda democrática, nos importa sobre manera que haya una derecha moderada, dialogante y democrática, como nos importa que suceda lo mismo con la izquierda. 

El poeta griego Contantino Cavafis tiene un poema titulado "Esperándo a los bárbaros", en el que se relata que la pobración se encuentra de brazos cruzados esperando a los bárbaros, quienes solucionaran todos los problemas. La tristeza se apodera de ellos cuando se enteran que los bárbaros no existen.